Possessió Son Marroig, Deià

Volvemos a salir a la misma carretera en dirección a Deià. A unos 2 kilómetros encontraremos, a la derecha, la indicación con el topónimo Son Marroig. Entraremos y dejaremos el coche en el parquin y procederemos a la visita.

La possessió Son Marroig, antes del siglo XVII, era conocida con el nombre de la Foradada dels Masroig. Desde esta fecha hasta el siglo XVIII se denominó Son Masroig de la Foradada. En 1624 era propiedad de Gabriel Masroig de la Foradada y, en 1685 se valoró en 11.000 libras. En 1863 pasó a la familia Cortei. Era considerada por el archiduque Luís Salvador como una de las casas mejor situadas de Mallorca, y Contaba con 68 hectáreas e incluía la Foradada. Con la muerte del Archiduque (1915) la titularidad de la finca pasó a Antoni Vives, quien falleció en 1918; entonces la propiedad recayó en su hija, Lluïsa Vives Ripoll, esposa del pintor Antoni Ribas Prats. Actualmente la posesión es de Isabel Ribas Vives, hija del pintor y de Lluïsa Vives.

Uno de los elementos arquitectónicos más características de Son Marroig es la torre de defensa. Probablemente data del siglo XVI. Protegía las casas de las frecuentes incursiones de corsarios, que aprovechaban el abrigo de la Foradada para desembarcar. Es tradición que el último cautivo que hicieron los moros en Mallorca fue una mujer de Son Marroig, capturada a finales del siglo XVIII. Es de planta cuadrada, con talud o pie de muralla en la base. El único portal es de arco de medio punto, de pequeñas dimensiones, situado en el lateral norte mirando al portal principal de las casas. La torre cuenta con elementos defensivos, como los matacanes que protegen la puerta de acceso y las ventanas. La cubierta es de tejas, a cuatro crujías. En época del Archiduque fue ornamentada con dos ventanas renacentistas, del siglo XVI, procedentes de un edificio derruido; una ventana se sitúa en el paramento nordeste y la otra en el este; ambas son de dintel, pero la primera presenta las jambas decoradas con temática vegetal, mientras que la segunda las tiene con pilastras con decoración antropomorfa, y con la inscripción Carbonell inscrita en el dintel.

La fachada principal, erigida actualmente frente a una carrera cerrada por tres lados, se orienta al nordeste. Tiene un alzado de tres plantas. El portal es de arco de medio punto, coronado por un símbolo religioso, el anagrama de Cristo (IHS). La planta baja, a los lados del portal, presenta dos ventanas rectangulares. En el primer piso hay tres ventanas rectangulares, mientras que en el segundo piso, en el espacio ocupado normalmente por el desván, se abren cuatro ventanas igualmente rectangulares.

A la derecha de la fachada principal, se alza el bloque noroeste, que contiene la almazara en la planta baja. En el primer piso hay una gran ventana de arco de medio punto, con balaustrada, rodeada por ventanas balconeras. Más al nordeste, sobresale un volumen con una galería neobarroca, con arcos de medio punto (tres frontales y un lateral para cada lado), y una terraza con balaustrada.

Desde la entrada, la primera crujía está ocupada por un vestíbulo con un pequeño portal a la derecha que permite el acceso a una pequeña estancia con una chimenea. El suelo se encuentra empedrado. En la pared de la izquierda se puede observar un mapa de los alrededores de la finca, de finales del siglo XIX. El vestíbulo comunica con la sala de la planta baja, que ocupa la segunda crujía. Esta estancia es de planta rectangular, dividida por un arco rebajado que se encuentra a la izquierda de la entrada, en sentido longitudinal. El techo es de vigas, con jácena transversal. El suelo empedrado, que proviene del vestíbulo, continúa a manera de pasillo hasta el jardín. En la parte sur de la pared de la izquierda, un portal de medio punto daba acceso al antiguo oratorio particular, actualmente desmantelado. La sala aparece guarnecida con bellas piezas de mobiliario y objetos artísticos, especialmente pinturas antiguas, entre las cuales remarcamos el lienzo que representa la Inmaculada entre el padre Castañeda y santa Catalina Tomás. Como curiosidad, remarcamos una vértebra y una costilla de un gran cetáceo, que nos recuerda el gran interés del Archiduque por los temas de la naturaleza. A la derecha, según entramos, hay una escalera que conduce a la planta noble; arranca junto a dos arcos ligeramente rebajados, sostenidos por una columna de tradición jónica situada sobre un plinto.

Ya en el primer piso, entramos en la sala principal, hacia a la izquierda, por un pequeño portal gótico proveniente de una de las celdas de la Cartuja de Valldemossa. Esta sala, de planta rectangular de grandes dimensiones, tiene una destacable cubierta de artesanado de madera con casetones, con una entrada de luz que data de la época del pintor Ribas Prats. Esta gran estancia contiene la mayor parte del fondo del museo del Archiduque. Remarcamos los relieves góticos provenientes de la capilla de Galatzó; una vitrina con los libros del Archiduque (con una edición original del Die Balearen); una caja del gótico final (con una pintura de la Anunciación); otra caja, ésta neogótica, copia de la original que los reyes de Mallorca tenían en el palacio de la Almudaina; una Virgen de alabastro (siglo XVI). Destaca también una colección pictórica, con obras de Joan Bauçà (Tamborer de la Sala), Anglada Camarasa, Eliseu Meifrèn, Joaquim Mir i Antoni Ribas Prats. De Antoni Ribas Oliver, se puede contemplar una pintura paisajística de Miramar. Del pintor Erwin Hubert, subrayamos los retratos del Archiduque y de Antoni Vives. Además, hay diversos objetos ornamentales, cerámica, bordados (como una pieza de Sóller, de 1690), recuerdos personales del Archiduque, etc. También encontramos una colección de estatuillas y cerámicas griegas, collares de pasta vítrea púnica, y un busto del Archiduque.

A continuación de la sala principal, hacia el nordeste, con entrada por la misma sala grande, hay otra estancia, denominada “Sala de Ultramar”, que comunica con la galería noroeste, donde podemos contemplar los cinco arcos con columnas toscanas y la balaustrada de dicha galería, así como la vista que se distingue, especialmente hacia el pequeño templo y hacia la costa, con la Foradada. Contiene un retrato del Archiduque de joven, una foto del yate Nixe y diversos planos. Saliendo de la sala principal por el portal gótico, a la izquierda, un pasillo comunica con el primer piso de la torre de defensa, donde observamos la escalera de caracol que sube a los pisos superiores de la torre y una habitación que contiene una cama con dosel. Es una cama de origen portugués, comprada por el Archiduque en Llucmajor, y tiene el cabezal de madera jacaranda. Desde este pasillo, una escalera desciende a la sala de la planta baja. Desde aquí, un portal de arco de medio punto comunica con la parte posterior de las casas de Son Marroig, con el paramento orientado a sureste. Si miramos el portal, a la izquierda hay una ventana renacentista y un reloj de sol. A partir de una pequeña explanada empedrada, se extiende un pequeño jardín con bellos elementos ornamentales y con un pequeño lago. Al lado hay un aljibe, ornamentado con una balaustrada de mármol, actualmente desaparecida en su mayor parte.

El archiduque emprendió una gran reforma en Son Marroig y añadió todo el lateral noroeste. Sobre un gran zócalo ataludado, con ventanas cuadradas, la mayoría de las cuales comunican con la almazara, se alza la planta noble. Centraliza este espacio una bella galería de cinco arcos de medio punto, con columnas toscanas y balaustrada. A ambos lados hay sendas ventanas rectangulares partidas por una pilastra o mainel y, a los extremos, otras tantas ventanas tripartitas. El conjunto sigue el estilo regionalista mallorquín, con influencias italianizantes.

El famoso mirador de Son Marroig es un pequeño templo de mármol de Carrara, concretamente de Seravezza. También el mirador des Galliner es uno de los miradores más conocidos de Mallorca. Se sitúa a la derecha del camino que desde la carretera baja a las casas. Permite gozar de la vista más conocida de la Foradada. Se hizo junto al gallinero de las casas. Consta de dos torretas semicirculares abocadas al vacío, con bancos de piedra situados junto a la pared de protección. El elemento paisajístico más singular de Son Marroig es la península rocosa de la Foradada.