Recinto murario

El paseo por el recinto murario se empieza por el principio de la calle de Sant Miquel, a la altura de la iglesia de Santa Margalida, esquina calle dels Oms. Recorreremos la calle de Sant Miquel en dirección al mar (Cort, Catedral, palacio de la Almudaina), parándonos en los puntos que iremos indicando a través del discurso. Llegaremos y pasaremos por la plaza Mayor, la calle Colón, plazas de Cort y Santa Eulàlia.

Una vez finalizada la conquista de Mallorca, el primer walí de Mallorca, Isam al-Jawlani, se dedicó a la reconstrucción de la ciudad romana edificando posadas, baños y mezquitas, probablemente para favorecer la inmigración de musulmanes desde la Península, que al establecerse en las islas, influyeron intensamente en el cambio de la sociedad mallorquina para hacerla cada vez más parecida al Al-Andalus musulmán. Esta obra supuso la substitución del primitivo recinto romano por una ciudad de planta completamente distinta, según modelos musulmanes. Parece que éstos se basan en un desarrollo radial de las calles, que parten de un centro-origen, distando mucho de la planificación reticular (hipodámica) de las ciudades romanas. En Palma se presume un plano reticular al cual se añadiría la ampliación musulmana. Posteriormente están documentadas dos ampliaciones más: una llevada a cabo por Mubasir Nasir al-Dawla, que los pisanos destruyeron en 1115, y la segunda y última, llevada a cabo durante la época de Banu Ganiya, identificada con el núcleo urbano que encontraron los cristianos en 1229.

Resulta conveniente iniciar el itinerario junto a la Iglesia de Santa Margarita, actual parroquia castrense. A pocos metros de la entrada a la iglesia y sobre la misma acera se colocó en su día una lápida que recuerda la ubicación de la puerta por la que Jaime I entró en la ciudad el 31 de diciembre de 1229, tras tres meses de asedio poniendo fin a la dominación musulmana de la isla de Mayürqa.

La muralla de la ciudad fue construida a partir de un proyecto de finales del siglo XI y presentaba unas características constructivas muy unitarias. Ello permite observar las características de las puertas de la ciudad tanto en fotografías del momento de la demolición de las murallas, como contemplando la puerta parcialmente conservada en la Plaza de la Reina y que forma parte de este itinerario. Las torres se situaban a una distancia aproximada de 35 metros una de otra. Una de éstas ha sido localizada en la manzana limitada por las calles de Sant Pere, Pólvora y la plaza de la Porta de Santa Catalina. Se trata de una torre de planta rectangular de 4,1 metros de lado, bastida con tapial con esquinas de piedra de marés, conservando restos de almenas.

La puerta de Santa Margalida, Bâb al-Kahl en árabe, se situaba en el punto topográfico más alto de la ciudad. Su emplazamiento fue elegido expresamente para hacerlo coincidir con el de la entrada de la acequia del agua de la “Font de la Vila” en la ciudad. No se conserva tal puerta pero se supone, por testimonios como los dibujos de Isasi de 1907, que la puerta estaba formada por un bloque de planta rectangular diferenciado del muro de cerca, con túnel de acceso directo que en su parte medial presentaría un arco subsidiario para albergar el rastrillo.

Continuando el itinerario por la calle de Sant Miquel puede observarse como la línea de trampillas de recogida de aguas pluviales marcan aún hoy el camino que seguía la acequia principal, que por gravedad llevaba el agua hasta el Palacio de la Almudaina.

La iglesia de Sant Miquel de la misma calle se ubica en el mismo solar que una de las mezquitas de la ciudad, precisamente aquella en la que se ofició la primera misa después de la ocupación de la ciudad por el ejército feudal dirigido por Jaime I de Aragón, ya que aún no se habían construido templos cristianos.

Como ocurre en muchas otras mezquitas de la ciudad, en sus inmediaciones se encontraban un cementerio y unos baños. Desconocemos el emplazamiento exacto de la necrópolis pero algunas de sus piedras sepulcrales con inscripciones árabes fueron utilizadas como material de construcción de la puerta de Santa Margalida, muy dañada en el momento de la conquista. Estos restos constituyen la mayor parte de la colección de epigrafía árabe del Museo de Mallorca.

Tampoco puede precisarse el emplazamiento exacto de los baños, si bien, según la documentación escrita, se encontraban junto a la iglesia, en unas casas de propiedad de la familia Bennàssar, que ocupó también, tras la conquista, las tierras de Alfàbia.

Continuaremos por la calle de Sant Miquel, conocida por la calle de la acequia en época islámica. En aquel momento era una vía flanqueada por tiendas y talleres que unía el centro de la ciudad con las carreteras de Valldemossa y Bunyola. En los diferentes mercados de ciudad se vendían carne, hortalizas, plata, carbón, cerámica (utilitaria y de lujo, con la técnica de verde y manganeso, y reflejo metálico, que luego utilizaron los cristianos), zapatos de esparto, etc.

Al avanzar hacia la Plaza Mayor encontramos a la izquierda algunas calles estrechas: Moliners, Can Gater, can Tamoner… cuyo trazado sigue una curva muy pronunciada. Este trazado nos indica cómo estas calles, cuya anchura no ha variado desde la Edad Media, se trazaron siguiendo las curvas de nivel que permitirían ubicar los distintos ramales de la acequia de la ciudad. La Plaza Mayor y la calle Colón obedecen a reformas urbanas del siglo XIX que alteraron totalmente el aspecto original de la zona.

Las plazas de Cort y Santa Eulàlia son muestra de un amplio espacio libre público que separaba la zona urbana edificada de los muros de la antigua ciudad romana de Palma.

Esta muralla continuó en uso hasta el momento de la conquista de 1229 y en época islámica cerraba la alcazaba o Almudaina de la ciudad. Este término, almudaina, que significa ciudadela, definía la ciudad administrativa, de residencia de funcionarios y cargos relacionados con el Estado islámico. Restos de esta muralla son visibles aún en la calle Almudaina y en el jardín del Palacio Episcopal.

El espacio público al que anteriormente hacíamos mención se utilizaba como huerto y estaba parcialmente ocupado por una gran necrópolis que se extendía desde el solar de los actuales edificios traseros del Ayuntamiento de Palma hasta mitad de la calle Argentería.

El solar de la iglesia de Santa Eulàlia no corresponde al de ninguna mezquita, si bien había una en la zona, en la antigua calle de la Ferreria dels Llums, y, por lo tanto, mucho más próxima a la plaza de Cort.