Sa Pobla: centro

Desde Pollença nos dirigiremos por la carretera de Palma hasta la rotonda del final de la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13 y cogeremos la carretera que conduce directamente a Sa Pobla.

Los vecinos de la población, seguramente amedrentados por la suerte que había corrido Pollença, aceptaron la oferta de perdón del virrey realizada el 31 de octubre. Cuando éste se presentó con su ejército, fue recibido únicamente por dos hombres y un sacerdote con un crucifijo. El visitante actual puede imaginar la sensación que debían ofrecer esas calles y las llanuras de la Marjal prácticamente desiertas.

El virrey ofreció la misma oferta de perdón a la villa de Muro pero, al parecer, el emisario fue interceptado por los hombres de Joanot Colom antes de poder dar a conocer la propuesta.

El día 3 de noviembre, un ejército agermanat, de unos tres mil hombres, y capitaneado por Colom, partió de Muro con la intención de atacar a las fuerzas imperiales. El choque, que tuvo lugar en Son Fornari, evidenció tanto los errores tácticos de los agermanats como la situación de inferioridad en que se encontraban éstos —que no eran otra cosa que artesanos y campesinos armados– ante un ejército profesional y bien pertrechado. El resultado: una derrota estrepitosa en que los agermanats perdieron una tercera parte de sus efectivos —unos mil hombres–, tanto en el campo de batalla como en su huida desesperada hacia Muro, que se salvó del saqueo por la peste que se había desencadenado en la población.

Las matanzas de Pollença y Sa Pobla debieron convencer a los agermanats de las poblaciones próximas de la imposibilidad de hacer frente a un ejército profesional, por lo que los representantes de Inca y Binissalem se apresuraron a ofrecer su rendición. Al día siguiente, el ejército real partió hacia Inca —de donde eran naturales agermanats tan significativos como Blai Reixac y Pau Casesnoves– dejando, como rastro de su paso, ahorcados y restos de hombres troceados en los árboles que, en palabras del historiador José María Quadrado, “servían de horca para los presos”.