S’Illot

Llegar a este poblado es muy fácil porque se encuentra dentro del casco urbano de S’Illot. Para llegar a éste desde Sa Gruta seguiremos por la misma carretera unos 1,2 kilómetros y llegaremos a una rotonda. Debemos tomar la primera salida de ésta en dirección S’Illot y seguir sin abandonarla durante 1,5 kilómetros. Hayaremos este poblado casi a orillas del mar y rodeado de hoteles.

Nos llamará la atención el tamaño ciclópeo de las piedras de la muralla de más de 2 metros de altura y 4 ó 5 toneladas de peso. Uno de los hechos más llamativos de este poblado es que la muralla no subleva todo el poblado, sino casi la mitad. Esto ha dado pie a diferentes hipótesis para explicarlo, entre las cuales se citan que el poblado fue abandonado antes de terminarlo o que, directamente, fue diseñado de este modo, ahorrándose unos metros aprovechando las paredes exteriores de grandes habitaciones. Una vez en su interior nos dirigiremos hacia la gran torre central, sin duda el epicentro del poblado, pero del que tampoco sabemos gran cosa, a pesar de haber sido excavado en los años sesenta por una universidad alemana. Cuando miramos hacia el fondo de esta torre podemos ver los restos de una construcción anterior, seguramente pretalayótica, que fue aprovechada para levantar la torre talayótica. Adosadas a la torre podemos ver varias habitaciones en forma de riñón, que, éstas sí sabemos que eran donde vivían los talayóticos. Cada cabaña tenía varías habitaciones y un hogar, y cuando se hizo la excavación, se recogieron muchos restos cerámicos, morteros de piedra y otros enseres cotidianos. También nos debemos fijar en un pozo que se abre en el interior de la habitación que está situada más al norte, que es la boca de una amplia cueva que se extiende por debajo de la torre central y que tiene un pequeño lago de agua dulce. Seguramente fue el motivo de que los talayóticos eligieran este lugar para levantar el poblado. Finalmente, descendiendo de la torre central podemos observar dos santuarios con su característica planta cuadrada con un ábside.

Curiosamente, la dirección de sus fachadas se encuentra mirando una a la salida del sol en el solsticio de verano y otra a la puesta del sol en el solsticio de invierno. Y en cada una de las dos direcciones, a un par de kilómetros se encuentra un túmulo: Sa Gruta hacia el sur, y Punta de n’Amer hacia el norte. Tras su ocupación talayótica el poblado se abandonó y, pese a algún hallazgo bizantino, permaneció de este modo hasta el presente.