Situación socioeconómica de Sóller en los siglos XIX y XX

El municipio de Sóller toma su nombre del topónimo de origen árabe Sûlyâr. Se encuentra en un profundo valle en la serra de Tramuntana, muy fértil y con abundancia de agua para el cultivo de huertas y árboles frutales, especialmente los cítricos (naranjos). A causa de su entorno montañoso, estuvo aislado durante mucho tiempo, siendo el mar su única vía de comunicación.

Entre 1820 y 1870 Sóller conoció un importante crecimiento económico gracias a su desarrollo agrícola y comercial, basado en el cultivo del olivo y de los árboles frutales, además de la industria del algodón. Sin embargo, a finales del siglo XIX se produjo un movimiento migratorio, especialmente por la crisis del comercio de naranjas en la década de los 60 y, más tarde, en 1891, la plaga de la filoxera agravó la situación agrícola, unido todo ello a la pérdida de las últimas colonias americanas en 1898, que afectaron a ese comercio. En 1899, 1566 personas habían emigrado a Francia, Suiza, Bélgica, América… de una población 9972 habitantes. Gracias a esto, los sollerics entraran en contacto con Europa, con sus nuevas mentalidades y corrientes, como el Art Nouveau, para el caso que nos ocupa, y, posteriormente, el Art Decó.

Al retorno de los emigrados se inicia una nueva etapa de prosperidad que va desde 1920 a 1940, caracterizada por el progreso técnico y comercial, reflejado en la implantación del primer ferrocarril en la isla, en 1912, con un túnel de 3 kilómetros.