Sóller

En el valle de Sóller los bandoleros formaban parte del paisaje. Así, por ejemplo, cuando se sucedió la invasión de los piratas norteafricanos en 1561 (dando lugar a Les Valentes Dones), unos bandoleros atacaron a los corsarios con sus perros. Su hazaña les valió que fueran perdonados por el rey Felipe II.

Sóller fue a finales del siglo XVI uno de los lugares con mayor incidencia de bandoleros. Las cuadrillas servían a las familias Torrelles y Puigdorfiles, antecedentes de los Canamunt y los Canavall. En Sóller, el jefe de los Torrelles era Mn. Antoni Puigderós, quien se había casado con una mujer aristocrática del linaje Axeló. El jefe de los Puigdorfila era Mn. Joan de Santacília, señor de Alfàbia.

Los enfrentamientos armados se iniciaron en 1572 cuando los bandoleros al servicio de los Puigdorfila atacaron algunos miembros de los Torrella y se apoderaron de un perro que era propiedad de Mn. Puigderós. Desde aquellos momentos la villa se convirtió en un campo de batalla, como en la calle de Sa Lluna, así como sus possessions más importantes y los caminos que la comunicaban con la capital.

Cerca de la Iglesia, formando parte de una fortificación, existía una torre de defensa. En ella se situaba la cárcel de la villa y a ella fue conducido el sobrino de Mn. Puigderós, el caballero Mn. Francesc Axeló. Una madrugada, con la excusa de que tenía que orinar, fue conducido a la parte superior de la torre. Desde allí se lanzó al vacío y le recibieron una serie de sacerdotes que lo llevaron inmediatamente al interior de la iglesia donde no pudieran capturarle.

Pese a todo, Mn. Francesc Axeló fue capturado de nuevo y ejecutado. Estas cuadrillas de bandoleros fueron las últimas que usaron como armas —terribles- los llamados cans d’ajuda. Esta raza de perros había sido creada para capturar personas y grandes animales. Fueron usados como armas terribles por los bandoleros hasta que a finales del siglo XVI se ordenó su control y extinción.