Son Peretó

Son Peretó se encuentra en un entorno rural, a 6 km del centro de Manacor y del Museo de Historia de Manacor. Se encuentra situado en el margen izquierdo de la carretera MA-15 que sale de Manacor en dirección a Sant Llorenç des Cardassar. El yacimiento se encuentra señalizado con un indicador y junto a la carretera. Cuenta con un pequeño aparcamiento junto a la entrada. La visita es gratuita.

Este yacimiento descubierto por el padre Joan Aguiló Pinya (Palma 1860-Manacor 1924), quién adquirió los terrenos y en ellos realizó excavaciones en el año 1912. Utilizando las notas de monseñor Aguiló, en el año 1920 Josep Puig i Cadafalch dio a conocer los hallazgos en el anuario del Institut d’Estudis Catalans. La Universitat de les Illes Balears, la Universitat de Barcelona y el Museo de Mallorca llevaron a cabo nuevas excavaciones en los años sesenta y ochenta. En los últimos años, el Museo de Manacor ha realizado un importante esfuerzo de consolidación de las estructuras y restauración y ha reemprendido el estudio de este importante yacimiento del tiempo de la Antigüedad tardía con la esperanza de sacar a la luz reveladores detalles del culto paleocristiano y de la vida en Mallorca durante la tardoantigüedad. Desde 1982, por donación de la sobrina del padre Aguiló, los terrenos pertenecen al Ajuntament de Manacor.

Desde los inicios del cristianismo (s. I d.C.) hasta principios del siglo IV, los cristianos fueron perseguidos durante el Imperio romano y tuvieron que esconderse para poder practicar sus ritos. Esta clandestinidad se manifestó artísticamente a través de la pintura mural de las catacumbas y de los sarcófagos esculpidos con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. La situación cambió cuando en el año 313 d.C. el emperador Constantino el Grande promulgó el Edicto de Milán, que permitía la libertad religiosa. A finales de la misma centuria, el cristianismo se convertía en la religión oficial del imperio por decisión del emperador Teodosio. A partir de ese momento se construyeron las grandes basílicas a las que los cristianos pudieron acudir para reunirse libremente, como es el caso de Son Peretó en Mallorca.

Esta basílica presenta una estructura de planta rectangular, con tres naves separadas por una hilera de columnas que soportarían las respectivas arcadas, además de cuatro pilares en los extremos. La nave central era más ancha que los laterales y se encontraba rematada por un ábside. En dicho ábside, al que se debía de acceder por dos escalones, se recuperó en las antiguas excavaciones un primitivo altar de piedra, que presumiblemente debía de haber alojado un relicario. Las naves laterales acababan en dos recintos que flanqueaban el ábside y parece ser que fueron incorporados con posterioridad a la primitiva construcción.

Precediendo el templo se encuentra un vestíbulo de planta cuadrada, donde se localizó el nártex o baptisterio central. Como hecho excepcional, éste disponía de dos piscinas bautismales que todavía hoy no se sabe si se utilizaron simultáneamente (la grande para los adultos y la pequeña para los niños), o si la grande es más antigua (para el rito bautismal por inmersión) y la pequeña más moderna (para el rito bautismal por aspersión). Dicho espacio podría haberse encontrado cubierto por una pequeña cúpula. Adosadas en el lado meridional del baptisterio se localizaron un conjunto de habitaciones de planta cuadrangular que, a modo de mausoleo, albergaban diversas tumbas en su interior. En cambio, adosadas al lado occidental del edificio bautismal, se encontraron siete habitaciones, utilizadas como vivienda y lugar de trabajo. Cabe señalar que el yacimiento arqueológico de Son Peretó es mucho mayor de lo que hoy en día se puede apreciar, puesto que la parte excavada es muy pequeña en relación a lo que queda sin excavar.

El pavimento del templo se encontraba cubierto por un conjunto de mosaicos con motivos vegetales y geométricos, con representaciones de aves, cenefas, fajas y círculos enlazados. La única representación figurativa se hallaba en la nave central: se trata probablemente de una escena paradisíaca aunque únicamente se conservan restos de palmeras. Entre los otros mosaicos sobresale la lápida sepulcral de una mujer llamada Baleria, que incorpora motivos de simbología cristiana como son las aves y las cráteras. Ésta y otras interesantes aunque fragmentarias lápidas se conservan, como veremos más adelante, en el Museo Arqueológico de Manacor.

Como indican diversos investigadores, la estructura arquitectónica de la basílica parece influida por los cánones sirio-palestinos y norteafricanos de la segunda mitad del siglo V, una tendencia de las basílicas paleocristianas isleñas y signo de los contactos culturales que establecieron con el continente africano. Los mosaicos se incorporaron con posterioridad, en torno al siglo VI, según se desprende de las afinidades itálicas y norteafricanas y también de los repertorios iconográficos de las sinagogas orientales. Este último aspecto señala también la importancia del componente judío en el arte cristiano temprano.

En cuanto a la importancia de Son Peretó en el contexto de la isla, coinciden diversos aspectos: por una parte, aunque diversas investigaciones arqueológicas habían permitido documentar la existencia de diversas estructuras tardoantiguas en Mallorca -como las basílicas actualmente desaparecidas de Cas Frares (Santa Maria) o sa Carrotja (Portocristo), a las que hay que sumar la recientemente aparecida basílica de Son Fradinet (Campos), y la existencia de determinados niveles arqueológicos en los núcleos urbanos de Palma y Pollentia-, el yacimiento de Son Peretó constituye un enclave fundamental para reconstruir la implantación del cristianismo y la situación de Mallorca durante la Antigüedad Tardía, por la información aportada tanto en las excavaciones antiguas como las que recientemente se han iniciado.

La aparición de diversas habitaciones en los alrededores de la basílica, así como de un silo para guardar cereales y un depósito probablemente destinado a vino o aceite, es indicativa de la existencia y proximidad de una comunidad cristiana rural, en línea con la decadencia urbana bajo imperial y el poblamiento del campo, en torno a los latifundios. Al mismo tiempo, la presencia de un edificio religioso en los alrededores de este poblamiento rural indicaría la existencia en la isla de un poder eclesiástico establecido y claramente cristianizador de la población rural del levante mallorquín.

Un eventual tercer rasgo de importancia reside en la adscripción, por parte de algunos investigadores, de una tumba del yacimiento a una figura muy importante del cristianismo de los primeros tiempos, el obispo Osio de Córdoba, figura capital de la historia de la Iglesia entre muchas otras cosas por su participación en el Edicto de Milán. De todas formas hoy en día dicha atribución ya es completamente desechada. En cambio, sí que sería atribuible a un cargo eclesiástico de Roma, la lápida del presbítero Bassus.

En relación a los enterramientos, ubicados tanto en el interior del templo como en los alrededores de la basílica, se datan entre los siglos V a VII d. C. En relación a éstos, hay que recordar que las tumbas cristianas no acostumbran a presentar ajuar, a diferencia de las tumbas paganas, que se localizan en otros yacimientos de la isla, de época anterior, en la que podríamos encontrar un ajuar abundante y diverso según la categoría del difunto, en el que frecuentemente se localizan platos cerámicos, objetos de vidrio, así como rituales de claro carácter religioso como una lucerna con la que iluminar el destino del difunto o una moneda para pagar al barquero que transporta al fallecido hacia la otra vida. Otra interesante diferencia entre una tumba pagana o cristiana reside en la decoración que presenta. Las tumbas romanas incluyen motivos paganos como animales, motivos vegetales y escenas mitológicas, que a menudo incluyen alusiones a raptos o actos de violencia. Por el contrario, las tumbas cristianas presentan escenas de la Biblia, de los Evangelios, retratos del difunto y a menudo líneas onduladas, denominadas strigilae.

Además de Son Peretó en Mallorca, podemos observar otras basílicas paleocristianas en las Baleares como la de Son Bou en Alaior, Menorca, datada en el siglo VI d.C. Presenta una planta rectangular, 25 x 12 metros, dividida en 3 naves separadas por pilares y arcos. Dispone de una nártex a los pies del edificio, con tres entradas (una para acceder a cada nave), una cabecera tripartita: presbiterio central, prótesis y diaconicón —estas dos estancias eran una especie de sacristías-.