Son Real. Cementeri dels Fenicis

Cada poblado talayótico tenía una gran cueva de enterramiento para sus notables, excepto el poblado de son Real, situado bajo las casas del mismo nombre, en Santa Margalida, recientemente adquiridas por el Gobierno Balear. Este poblado disponía de un cementerio único: el hoy denominado “Cementeri des Fenicis”. En lugar de esconderse en cuevas, quisieron mostrar a los visitantes y vecinos sus mausoleos que imitaban, en pequeño, los talayots cuadrados y redondos que habían sido la señal identificativa de su comunidad. Esta originalidad ha hecho pensar a algunos arqueólogos que se trataba de un cementerio de príncipes de toda la isla.

Para ir a este yacimiento hay que partir del torrente de Son Bauló, en el extremo oriental de Can Picafort y andar por la costa hacia el este, cerca de media hora. También se puede llegar desde las casas de Son Real. El paseo, por una playa virgen en el primer caso, y por un pinar, en el segundo, no cansará a nadie; no tiene tampoco ningún riesgo de pérdida. Casi 80 tumbas nos sorprenderán y originalmente todavía había más, hasta que el mar las destruyó, según se puede ver en las marcas que han dejado en las rocas cerca del mar.

Hay varios tipos: las más grandes son las más antiguas, las que imitan talayots cuadrados y redondos. Otras imitan santuarios o navetas y por esto se los suele denominar “micro-navetas”.

En las paredes de muchas tumbas hay pequeñas ventanas. No se sabe cuál era su función, pero podían ser entradas de luz o de ofrendas depositadas de tanto en tanto. Llama la atención que las orientaciones de las tumbas y las ventanas sean constantes, en un eje sureste-noroeste, o bien, en menor medida, a la perpendicular.

La necrópolis fue excavada en los años cincuenta del pasado siglo y, más recientemente, en los noventa, y los resultados dados a conocer en monografías muy esmeradas. Así conocemos que la necrópolis empezó sobre el siglo VI a.C. y estuvo en uso hasta la conquista romana. También sabemos que los enterrados, al comienzo, eran más hombres que mujeres, con tendencia a equilibrar la proporción a lo largo de los siglos y que la esperanza de vida media no superaba los 34 años. En una de las tumbas, conocida como la tumba del guerrero, se encontró el cadáver de un hombre con un can y como ajuar una espada, un pasador para él y vasijas, pero en la mayoría de tumbas había muchos enterrados, revueltos con un ajuar de joyas y armas, de bronce y hierro.

También se encontraron dos cráneos trepanados, o sea, perforados en vivo, uno de ellos con 4 orificios. A pesar de hacer estas perforaciones con un taladro de piedra, hay constancia de que, en ocasiones, sobrevivían a la operación.

Si vuestra visita a Son Real se hace en verano, podéis intentar acercaros al vecino islote des Porros, que es la continuación de la necrópolis. Aquí encontraréis tres cuartos circulares parcialmente excavados en la roca que también sirvieron para enterramientos colectivos (230 personas de ambos sexos) al final de la cultura baleárica. Anteriores a estas cámaras, también se encontraron restos de algunas sepulturas del segundo milenio a.C., lo que prueba que el lugar fue, desde la más temprana ocupación humana, un lugar funerario.

Volviendo a tierra firme, todavía podemos visitar dos cuevas artificiales que se encuentran en los alrededores.

En cambio, hoy ya no se puede ver el santuario de la Punta des Patró, tapado de arena, inmediato al Illot des Porros, y excavado recientemente para evitar su completa destrucción por el mar y el vandalismo. En cualquier caso, todo junto constituye una auténtica ciudad protohistórica de los muertos.