Un paseo por el Maó del siglo XVIII

Tras la visita a Sant Lluís, nos dirigimos a Maó. Esta ciudad se convirtió en la capital de hecho de Menorca durante la dominación británica (de derecho continuaba siéndolo Ciutadella) al instalarse en ella la residencia del gobernador y la sede de los tribunales reales. El activo comercio y la frenética actividad náutica (puerto militar, astilleros, etc.) del puerto de Maó propiciaron la expansión demográfica y urbanística de la ciudad durante el siglo XVIII.

Una descripción prolija del Maó dieciochesco nos ocuparía demasiado espacio. No obstante, algunas visitas son absolutamente imprescindibles. Puede comenzarse la visita en la plaza de la Constitución, donde se halla la parroquia de Santa María; si bien sus orígenes se remontan al siglo XIII, el edificio actual fue levantado entre 1748 y 1788. Es un edificio de nave única cubierta con bóvedas ojivales de crucería, lo que demuestra la pervivencia de las técnicas constructivas del gótico en una época en que triunfaba el neoclásico. Pero lo realmente interesante de Santa María no es el edificio –más bien mediocre– sino el magnífico órgano monumental inaugurado en 1810.

En la misma plaza de la Constitución pueden contemplarse otros dos edificios construidos a finales del siglo XVIII. El Principal de Guardia, como su nombre indica, era un cuerpo de guardia para la tropa; su antigua función militar está simbolizada por las esculturas que representan yelmos y corazas que coronan el edificio. Al otro lado de la plaza se haya el Ayuntamiento, del cual destaca el gran pórtico con tres arcos. Ambos edificios son obra del ingeniero militar español Francisco Fernández de Angulo y fueron construidos durante los años ochenta del siglo XVIII.

Un testimonio extraordinario del Maó dieciochesco es la iglesia de la Concepción, situada en el Cos de Gràcia. Este templo, hoy católico, fue construido en 1749 por la colonia griega que se estableció en Maó durante la dominación británica para la práctica del culto ortodoxo. La iglesia, dedicada inicialmente a San Nicolás, tiene planta de cruz griega definida a partir de cuatro pilares exentos que sostienen las bóvedas y la cúpula central.

También son testimonios de este período los conventos de Sant Francesc (hoy Museo de Menorca, con una interesantísima colección de cuadros, mapas y grabados del siglo XVIII) y el del Carme (donde puede visitarse la colección de la Fundació Hernández Sanz-Hernández Mora). La visita debe completarse por las calles Anuncivay, Infanta, Nova, Hannover, Arraval e Isabel II, donde pueden contemplarse las fachadas de las familias burguesas enriquecidas por el comercio y las actividades corsarias.