Francina Armengol tenía siete años en 1978, hoy preside Balears sin haber ganado nunca unas elecciones. José Ramón Bauzá tenía ocho años en 1978, y ya ha presidido Balears, con la mayor victoria y la mayor derrota de la historia del Govern, hasta el punto de que puede garantizarse que jamás volverá a liderar la comunidad. Sin discriminar por edades, ninguno de ellos sirve como referente para englobar los cuarenta años que aquí se afrontan.

Armengol y Bauzá son los nietos antes que los hijos políticos de las dos ramas de la dinastía creada por los coetáneos Félix Pons y Gabriel Cañellas. Antes que a los herederos de la segunda generación, el papel filial corresponde a los hermanastros Jaume Matas y Francesc Antich. Nacidos ambos en la segunda mitad de los años cincuenta, abarcan en plenitud las cuatro décadas examinadas. Se enfrentaron en tres elecciones, dos de ellas ganadas por el socialista en tanto que asumió el Govern. La única victoria electoral del ministro de Aznar corresponde a las autonómicas de 2003. Dado que ha confesado fraude, prevaricación y malversación a raíz de dicha campaña mastodóntica, cuesta atribuirle un triunfo sin cautelas. Según el principio de que quien paga, manda, sería más lógico afirmar que todos los mallorquines ganaron los comicios de aquella primavera.

Antich milita hoy en el Senado, la cámara de cretona apropiada para un veterano con cuarenta años de dedicación a la política. Matas se aloja en una prisión, y por desgracia no se trata de una peripecia individual desgajada del funcionamiento habitual de su partido. El primer ministro de Aznar encarcelado obliga a introducir la corrupción en cualquier quiniela que repase los cuarenta años constitucionales en la isla. En sus momentos copetudos, Mallorca sospecha que no ha contado con un gobernante a su altura. Sin descartar que el incumplimiento sea inverso, con lo que la isla no daría la talla de quienes se han encaramado a su cima.

En la política balear, de 2008 a 2018 solo se hablará de corrupción, la triste cosecha de las dos décadas anteriores

Los siglos y décadas son creaciones tan irrelevantes como irresistibles. De 1978 a 1988, ni siquiera se habla de corrupción. La ilusión inicial cimenta las instituciones autonómicas, el paternalismo de Cañellas le concede un poder paralelo en intensidad y contenido ideológico a Jordi Pujol. (El Túnel de Sóller se concede en 1989, a un amigo del presidente del Govern). Como decía un director de prensa, tras ser abroncado por el inquilino del Consolat en una cena colectiva de la era fundacional, “Don Gabriel nos regaña pero nos quiere”.

De 1988 a 2008, la economía de casino no distingue si las apuestas se efectúan con dinero público o privado. Cañellas acabó en el banquillo, pero practicaba una austeridad escurialense. Matas empieza a trampear para ganar elecciones, y acaba liado en tinglados económicos. Para su humillación, es el primer presidente de Balears que no fue votado ni por los diputados del PP, el primer líder popular que pierde unas elecciones. Por duplicado. Junto a Antich, son los genuinos productos de estos años axiales. Encarnan la desvergüenza y el miedo, materiales dudosos para la construcción de un “pequeño país”, por adoptar el diminutivo del humilde president socialista.

De 2008 a 2018 solo se hablará de corrupción, la triste cosecha de las dos décadas anteriores. La recapitulación por décadas obliga a resaltar que este año empieza una nueva etapa. El político o partido que sepa interpretarla, al mismo tiempo ganará las numerosas elecciones previstas para 2019. La vigencia de los hábitos impropios queda demostrada por la creación en el Parlament de una Oficina Anticorrupción, ni siquiera Antifraude como en Cataluña. La vigencia de los hábitos impropios también queda demostrada por la crudeza utilizada por los impulsores de la Oficina Anticorrupción para dinamitarla, por si acaso.

Es injusto juzgar 2018 con los baremos de 1978. El president Cañellas pintó con sus propias manos la sede primitiva de Alianza Popular, pero también es cierto que durante su docena de años de ejercicio no necesitaba ser franquista para beneficiarse de los tics dominantes en la época anterior, que engrasaron el ejercicio de su autoridad. Hoy se manda a mucha mayor velocidad, sobre un territorio empobrecido. Quién querría un trabajo así.