Un periódico es un lugar tranquilo. Algunos días. Un ejemplo de jornada de calma podría ser un 25 de julio. Es plena canícula. La gente busca la playa. Además, es festivo en España. La ciudadanía de este país dedica los días que no trabaja a cocinar paellas y a dormir la siesta. Falta menos de una semana para el inicio de agosto. Casi nadie piensa en asesinatos o tráfico de drogas a 40 grados a la sombra. Si la policía controla a un narco puede y suele esperar al día siguiente para detenerlo. La fiesta de San Jaime se aprovecha para tomar el sol o, con algo de suerte, hacer el amor en cuanto baja la temperatura.

El 25 de julio de 1988 iba a ser unos de esos días de relajación casi absoluta. La mayor parte de las noticias que DIARIO de MALLORCA iba a publicar al día siguiente llevaban días en conserva. Un redactor jefe sabe, incluso con pocos años de experiencia, que en estas fechas difícilmente caerá del cielo lo que no se haya almacenado en la tierra.

En los periódicos hay días tranquilos. Son pocos. En ocasiones, por si fuera poco, se van al traste en cuanto suena un teléfono

Este escribidor era ese día el máximo responsable de la redacción. El plan era claro. Entregar las páginas, escribir la portada y, por una vez, llegar pronto a casa.
¿Cuándo comenzó a fastidiarse todo? Debió ser pasadas las cuatro de la tarde. En ese momento llegó Paco Riutord. Paco era un periodista de sucesos de la vieja escuela. De raza. De esos que conocían al dedillo el submundo del barrio chino. Se acercaba a los familiares de un asesinado para darles el pésame y pedir una foto para rendir un último homenaje a la víctima.

“Ha habido un asesinato en Manacor”. Fue su saludo vespertino. Se trataba de un crimen chungo. Un asunto de relaciones homosexuales entre un jovencito, el supuesto asesino, y una persona mayor. Lorenzo Frau o Torrelló se fueron con Paco a buscar la foto que ilustrara la noticia… y la de la víctima, para “rendirle un homenaje”. Los planes comenzaban a torcerse.

El equipo regresó a las pocas horas con material suficiente para contentar a los lectores. Eran tiempos sin whatsapp, sin internet y sin fotografías digitales. Hubo que esperar al revelado en la antigua redacción de la calle Bonaire. La cosa volvía a encauzarse.

En Figuera había tocado las ocho de la tarde cuando Paco Riutord, hombre de pocas palabras, se acercó de nuevo a mi mesa. “Me ha llamado un policía para contarme algo importante“. La sede del periódico y Jefatura estaban a tiro de piedra. Paco y el confidente quedaron en un bar discreto. La noticia era que había sido interceptado un velero con veinte kilos de cocaína, una cantidad sobresaliente. ‘Arco Iris’ se llamaba la embarcación. Hubo que movilizar de nuevo al fotógrafo y dar por supuesto que los planes de cenar en casa a una hora decente se habían hecho añicos.

No faltaba mucho para que llegara la hora en la que Cenicienta y un servidor debían estar en casa cuando Paco se aproximó, horror, por tercera vez. Un policía le había contado algo sobre la detención de un individuo relacionado con el IRA y el tráfico de drogas. También explicó que desde hacía semanas había agentes de la DEA, la agencia antinarcóticos de EE UU en Mallorca. El arrestado era Dennis Howard Marks, con bar en Puerto Portals y conocido en los ambientes policiales como el Marco Polo de la droga por las grandes cantidades de hachís que movía por medio mundo. Al día siguiente, numerosos medios de comunicación internacionales se reunieron en Mallorca para cubrir la información y conocer la versión del acusado en una insólita rueda de prensa en la cárcel de Palma. Las dos últimas noticias fueron exclusivas de Paco Riutord y de Diario de Mallorca.

En los periódicos hay días tranquilos. Son pocos. En ocasiones, por si fuera poco, se van al traste en cuanto suena un teléfono. Como aquel 25 de julio de 1988.