1978, el inicio de la educación moderna en Balears. Hace cuarenta años hubo dos aspectos a destacar en el ámbito de la educación.Por una parte, se instaba mediante decreto la necesidad de enseñar las “lenguas nativas españolas” en las escuelas y, por otra, comenzó la andadura de la UIB, que ha pasado de los 3.700 alumnos iniciales a los 20.000 de la actualidad. TORRELLÓ

En otoño de 1978, pocas semanas antes de que las Cortes españolas aprobaran la Constitución, muchas familias se disponían a comenzar un nuevo curso escolar acostumbrándose a pronunciar EGB, aquella expresión que resultaba muy novedosa por entonces y que ahora, cuatro décadas después, ha quedado relegada para investigadores y nostálgicos. La EGB -siglas de la Educación General Básica- fue la denominación que empezaba aquellos años a utilizarse para hacer referencia a la enseñanza primaria obligatoria, fruto de una ley educativa impulsada por el ministro José Luis Villar Palasí y aprobada en 1970.

Faltaba un año para el nacimiento de la actual presidenta del Govern, Francina Armengol, y pocos meses para el del ex presidente José Ramon Bauzá cuando se alumbró esta Ley General de Educación, que, a pesar de promulgarse en pleno franquismo y llevar la rúbrica del dictador, introducía intenciones que bien podrían colarse todavía hoy en cualquier norma educativa: democratización de la enseñanza, potenciar la autonomía de centros, necesidad de un consenso social, la huida del uniformismo y del centralismo, y la adaptación necesaria del sistema a cada región. Curioso que esa norma de apariencia aperturista surgiera el mismo año en el que en España se seguían dictando sentencias de muerte -como en el Proceso de Burgos-, pero hoy en día sigue siendo un texto que encuentra alabanzas entre expertos.

El curso 1978/1979 comenzaba en Balears con una novedad relacionada con la ley Villar Palasí y es que un decreto de 9 de mayo de 1975, que desarrollaba la norma general, había abierto una puerta para que de forma “experimental y voluntaria” se introdujera la enseñanza de las “lenguas nativas españolas”. Con ese sustento legal, desde la delegación balear del Ministerio de Educación y Ciencia se contrataron ese año los primeros profesores de lengua catalana para centros públicos de enseñanza media. El curso siguiente ya pudo aplicarse, aunque no de forma generalizada todavía, un Real Decreto de 7 de septiembre por el que José Manuel Otero, ministro de Educación del gobierno de Adolfo Suárez, reguló “la incorporación al sistema de enseñanza en las islas Baleares de las modalidades insulares de la lengua catalana y de la cultura a que han dado lugar”, basándose, según recoge el anuncio oficial, en el “rigor científico”.

El BOE del 18 de marzo de 1978 publicaba una ley que suponía un nacimiento destacado para Balears: el de la UIB. Bajo el título ‘Creación de una Universidad con sede en Palma de Mallorca’ comenzaba la andadura de una institución que en estos 40 años ha crecido de los 3.700 alumnos iniciales hasta los 20.000. La nueva universidad estaría integrada en esa primera etapa por facultades de Ciencia, Derecho y Filosofía y Letras, así como las escuelas universitarias de Estudios Empresariales y la de Profesorado de Educación General Básica, regida por una comisión gestora.

En esos años de finales de los 70 en los que, tras el franquismo, parecía surgir un espíritu de cambio se vivió en el mundo docente de la isla el movimiento de las semanas de renovación educativa que se comenzaron a organizar anualmente a partir del verano de 1977 para pensar y diseñar otro sistema de enseñanza alternativo al modelo imperante. En esos encuentros se planteaba la renovación del material docente, trabajo por proyectos o la mayor presencia de temas del entorno medioambiental y social del territorio local.

Años después, con la aprobación del Estatut de Autonomia en 1983, la comunidad autónoma asumió en primer lugar las competencias de educación en el campo de la enseñanza de la lengua y del fomento de la cultura propia. No fue hasta mucho después, en 1998, cuando asumiría directamente todas las competencias educativas no universitarias.