Medio en broma, medio en serio, son muchos los que empiezan a propugnar la realización en serio de un estudio para poder averiguar porque una isla tan pequeña como Mallorca, 3.640 km², es capaz de dar tantos campeones mundiales en los distintos deportes y no en disciplinas autóctonas, sino en algunas que cuentan con millones de practicantes en los cinco continentes, como puede ser el caso del tenis donde hay 300 millones de habituales tenistas.

El caso más relevante es el de Rafael Nadal, un deportista que ha llevado el nombre de Manacor por todo el mundo. Cuando Carlos Moyá accedió al número uno del tenis, en el año de su triunfo en el torneo de París, nadie pensaba que un mallorquín podría repetir eso, al menos en un corto periodo de tiempo. Pero apareció el manacorí. Sus méritos están ahí y han dejado pequeña la hazaña de su ahora entrenador. Ganador de diecisiete torneos de Grand Slam, entre los que destacan 11 Roland Garros, sus gestas le han convertido en una leyenda y no solo por su valor deportivo sino también por su humildad y el respeto que muestra hacia los rivales, lo que le han aportado, además de los triunfos deportivos, un buen número de premios por su trayectoria, como el Príncipe de Asturias o el Laureus.

En el campo del motociclismo, Mallorca cuenta también con dos campeones mundiales de altura. Uno ya consagrado, Jorge Lorenzo, que atesora cinco títulos mundiales en las diferentes categorías y que tiene en Joan Mir, un sucesor que apunta muy alto tras la consecución de su primer mundial en Moto 3, lo que le ha permitido dar el paso a la siguiente categoría.

Como el atleta completo se podría definir a Mario Mola, que este mismo año acaba de hacerse con su tercer entorchado mundial en la dura prueba combinada del triathlon. Su juventud, 28 años hace que pensemos que todavía le resta un futuro por delante con otras grandes competiciones a ganar, con los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020 como primera cita importante a la vista. Otra modalidad olímpica con un mallorquín en lo más alto es el piragüismo, en el que Marcus Cooper Walz ya atesora una medalla de oro olímpica. La hazaña tuvo lugar en los Juegos celebrados en Río de Janeiro en los que acabó como el mejor en la prueba de K1 1000 metros. Cooper ha ganado además cinco medallas en el mundial de piragüismo entre los años 2014 y 2018 y tres preseas en los europeos de los dos últimos años. La última estrella emergente es la de Enric Mas, quien con apenas 23 años ya sabe lo que es subir al podio de una gran ronda como la Vuelta a España. Otros retos como el Tour de Francia o el Giro pueden estar a su alcance si continúa con su progresión.

Jorge Lorenzo

En los deportes de equipo no faltan nombres con ADN mallorquín. Rudy Fernandez, primero y ahora Alex Abrines, ya saben que es jugar en la mejor liga de baloncesto del mundo, la NBA. Atesoran además medallas en europeos y mundiales formando parte de la selección española.

El deporte femenino tampoco está exento de campeonas de primer nivel. Sin duda el nombre más significativo es de Alba Torrens. La baloncestista de Binissalem ya sabe lo que es ser campeona de Europa con tres clubes diferentes, bicampeona de Europa y subcampeona y tercera del mundo y olímpica con la selección. En fútbol femenino, este mismo año hemos visto como otras dos isleñas: Patri Guijarro y Cata Coll, se proclamaban campeonas mundiales sub 20 en Francia, siendo además la delantera elegida como la mejor jugadora de la competición.
Hay otros nombres que apuntan a un futuro esplendoroso como pueden ser los de Mavi García, la regatista María Perello, el nadador Joan Lluís Pons o el futbolista Marco Asensio. Todos tienen en común su calidad y el hecho de haber nacido en una tierra de campeones.

Mario Mola
Individuales y formando equipo. Los triunfos de los deportistas mallorquines se producen tanto a nivel individual, Nadal, Jorge Lorenzo, Maria Mola, como cuando forman parte de equipos como Alba Torrens, Rudy Fernández, Patricia Guijarro o Cata Coll.
Alba Torrens