¡Qué bien, hoy vienen los payasos!

¿Qué día es hoy? ¿Martes? ¡Qué bien, hoy vienen los payasos! Es la ilusión de los niños hospitalizados en Son Espases al recordar que los profesionales de Sonrisa Médica irán a visitarlos a lo largo del día. Diversión asegurada. Y precisamente esa es la misión de la asociación: hacer más amena la estancia de los menores ingresados. "Solo queremos hacer feliz a los niños", subraya Gemma Palà, conocida como 'Supervisora Botiquina'. Actriz de profesión, es una de las integrantes de la entidad.

'Supervisora Botiquina' actriz de profesión y una de las integrantes de la entidad. G. B.

 

Joan Figuerola, director médico de Son Espases. G.B.

Hace veinticinco años nació Sonrisa Médica en Mallorca. Veinticinco años repartiendo sonrisas, risas, carcajadas, e incluso, como señala Palà, lágrimas emotivas en los hospitales de la isla. Un proyecto pionero en España, y el segundo en Europa, que fue acogido con recelo. "¿Payasos en un hospital?", repetían con desconcierto los facultativos. También las entidades privadas cuando les pedían financiación. Más de dos décadas después, los centros sanitarios no se conciben sin este servicio. "Son imprescindibles", manifiesta Joan Figuerola, director médico de Son Espases, quien, hace 25 años, apostó por el proyecto. "Lo necesitábamos", manifiesta.

Desde el pasillo se escucha llorar a un pequeño. Los cinco sentidos de Palà y Salvador Oliva -conocido como 'Siòn Camilla de Resepciòn'- se activan. ¿En qué habitación está el niño? ¿21? Se acercan con cautela. Tocan la puerta y entran. Parece que le están haciendo una ecografía. La médica desliza con suavidad el aparato por su barriga desnuda. Tiene poco más de dos años. Los payasos se ponen manos a la obra: mientras Oliva comienza a tocar el ukelele, Palà se pone a bailar. Tiran de todo su arsenal para calmar al pequeño: pompas de agua, pañuelos mágicos,... El niño se queda embelesado mirándolos. Llega la calma… Ellos respiran hondo. También lo hacen sus padres y la facultativa.

Oliva, toca el ukelele mientras Palà se pone a bailar. G.B.

Y es que entretener a los menores cuando están siendo atendidos por los médicos es una de las actuaciones más comunes de los artistas, ya sea cuando les quitan una escayola, les hacen una prueba, e incluso, de camino al quirófano. "Hemos cambiado fechas de operaciones porque los niños han pedido que querían ir acompañados de los payasos", cuenta Miguel Borrás, fundador de Sonrisa Médica.

 

Tras finalizar el examen médico, los payasos se despiden y salen de la habitación al ritmo del ukelele. Caminamos escasos cien metros. Se escucha el llanto de otro pequeño. Palà sale corriendo en su búsqueda. Se trata de un bebé de seis meses que llora desconsoladamente en los brazos de su madre. 'Supervisora Botiquina' no se lo piensa y comienza a cantar una nana con esa voz dulce que le caracteriza. 'Siòn Camilla de Resepciòn', que se había quedado atrás, se acerca. Intenta seguir el ritmo de su compañera pero al final para. La pequeña no deja de llorar. Palà, mientras, resiste y sigue con su música. Finalmente la bebé se calma. Su madre, asombrada, le susurra: "Muchas gracias". Ella asiente.

 

 

Continuamos caminando hasta la sala de descanso de los profesionales. Tras cruzar la puerta, los payasos se quitan la nariz postiza. El ambiente cambia. Su tono de voz ahora es más serio. Ya no son payasos, son Gemma Palà y Salvador Oliva. Dos grandes artistas que compaginan el mundo del espectáculo con "hacer feliz a los pequeños". Se dedican en cuerpo y alma a transformar las emociones que envuelven las cuatro paredes del hospital en sentimientos positivos. Consiguen, por increíble que parezca, que el dolor y el sufrimiento se esfumen durante unos minutos para darle paso a la magia y a la fantasía. Al amor y a la diversión. Palà lo describe como un momento "sanador".

¿Cómo has hecho eso?

¿Cómo has conseguido calmar al bebé?, le preguntamos. "Con intención y entrega", responde la artista, que añade: "Te pones al servicio de ese ser humano. Intentas conectar con él y mostrarle que estás ahí, que le escuchas y le acompañas". En este caso lo ha hecho a través de la música, un gran recurso para ellos. "Solo hace falta convicción", señala la profesional, quien confiesa que no siempre lo consiguen. Y es que ellos juegan con la improvisación. "A veces funciona y otras debemos cambiar de estrategia", subraya Oliva. Por ello, en palabras de Palà, siempre tienen que tener el radar activado. “Debemos ser muy cuidadosos con nuestros actos”, indica la profesional.

Palà y Oliva entretienen en la sala de espera a los niños enfermos. G. B.

Hace quince años que Palà trabaja en Sonrisa Médica. Oliva, por su parte, lleva cuatro años y medio. Ambos recibieron la oferta en un momento clave de su vida. Tras superar un exhaustivo casting, los profesionales fueron contratados para hacer lo que mejor saben: divertir a las personas. En este caso, con un fin social, y es hacer más amena la estancia de los menores en los centros hospitalarios. Salvador Oliva lo describe como “un trabajo maravillosamente doloroso”, y matiza que viven experiencias muy gratificantes como son ver los rostros de ilusión de los niños o recibir el agradecimiento de sus padres, pero también deben convivir con el dolor y la muerte.

Según cuenta Palà, a veces llegan a una habitación y les comunican que el pequeño ha fallecido, o, en otros casos, que se encuentra en paliativos. “Son momentos muy duros y delicados”, explica. Aunque hay historias con un final feliz. Según la artista, en ocasiones parece que los pacientes están muy mal pero después se recuperan y se van a casa. “Es la mejor noticia”, declaran los profesionales.

Ambos coinciden en que lo más gratificante de su trabajo es la “mirada de maravilla” de los niños. El artista recuerda unas palabras que su hija de cinco años le manifestó y que le han marcado. “Me dijo que era un héroe porque ayudaba a que los niños se curaran”, señala. No ha sido la única. Los facultativos de los hospitales de Mallorca -Son Espases, Son Llàtzer, hospital de Manacor e Inca- también se quitan el sombrero ante la labor de los profesionales de Sonrisa Médica. “Cómo un médico le puede decir a un payaso que hace un gran trabajo, ¡pero si ellos salvan vidas!”, destaca Oliva.

25 años de historia

 

La historia comenzó a escribirse en París. Miguel Borrás se encontraba en un hospital de la ciudad francesa donde su hija Laura estaba ingresada. De repente tocaron a la puerta y un hombre disfrazado de payaso dijo: "Bon dia, Laura. Com estàs?". Borrás, muy sorprendido, se giró hacia él mientras el artista alegó que era valenciano. Antes de entrar, los facultativos le dieron todos los datos personales de Laura, de ahí que supiera que eran mallorquines. "Al principio fui reacio a su presencia. Pero me duró cinco minutos", explica Borrás. Fue la cara de felicidad de su pequeña lo que le hizo cambiar de opinión.

"Laura a veces estaba de mal humor, no quería hablar con nadie, y nos decía: 'Solo cuando venga el payaso'". Unas palabras que marcaron al fundador de Sonrisa Médica. "Ahí me di cuenta que eso lo tenía que importar a Mallorca", comenta. Y así lo hizo. Durante diez meses estuvo tocando puertas para poner en marcha el proyecto, que requería del consentimiento de los facultativos, de la búsqueda de artistas, ya que los payasos son profesionales del espectáculo, y de financiación. Según Borrás, lo más complicado fue conseguir éste último: los fondos económicos.

La llave maestra fue un vídeo que Borrás, junto a su mujer, grabaron. Se trataba de un documental francés en el que hablaban de los payasos que trabajaban en el hospital de París. "Era la prueba que retrataba cómo reaccionan los pequeños con la visita de los artistas", indica Borrás. En palabras del doctor Figuerola, el problema en aquella época era que los facultativos solo se preocupaban por la enfermedad, dejando de lado al paciente.

El 4 de noviembre de 1994, Son Dureta fue el primer hospital de España en "tener payasos". "Al principio impactó mucho y no todos los médicos estaban de acuerdo", señala el doctor Figuerola. Por ello, Camil Casanovas -el enfermero Aspirino que aún continúa trabajando en Sonrisa Médica- junto a Marta Prats tuvieron que "ganarse a los facultativos". Según Borrás, durante los primeros meses él mismo acompañaba a los payasos para que no la liaran. ¿Cuál fue la respuesta de los niños? "Sorprendente", dice el doctor Figuerola. Sus rostros fueron la mejor muestra de que aquello debía seguir adelante.

Juan Carlos Berdeal, subdirector de enfermería en el Área de Pediatría del Hospital de Son Espases. G. B.

"Ya no se entiende el servicio de pediatría sin Sonrisa Médica", asegura el doctor Figuerola, quien señala que la labor de los payasos se coordina con el de los facultativos: unos trabajan la parte emocional mientas que los otros se ocupan de la enfermedad. También lo corrobora Juan Carlos Berdeal, subdirector de enfermería en el Área de Pediatría del Hospital de Son Espases. "Deberíamos tener payasos todos los días como tenemos médicos y enfermeros”, señala Berdeal, quien afirma que los artistas no solo ayudan a los pequeños sino también a los familiares.

Una petición muy ambiciosa aunque a día de hoy limitada por los recursos económicos. Actualmente la asociación se financia mayoritariamente a través de entidades privadas (43%). También obtienen fondos a través de recursos propios (25%), administración pública (22%) y socios (10%).

"En España cuesta mucho educar en lo social", lamentan desde Sonrisa Médica, en referencia al bajo porcentaje que reciben por parte de las instituciones públicas. Y es que, si bien la idea inicial de la entidad era que la labor de los payasos fuera un servicio externo más del hospital, como se hace con el servicio de limpieza, la realidad es que en estos momentos es una "utopía".

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