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“Tenemos el reto, como sociedad, si queremos llegar al objetivo 100% renovable, de electrificar nuestra demanda de energía final. Significa que lo que hoy hacemos con energía fósil tenemos que hacerlo con energía eléctrica y que esta electricidad se genere a partir de fuentes renovables”.

«Cuanto más rápido nos electrifiquemos, más rápido alcanzaremos ese 100% renovable al que aspiramos»

Redacción

Entrevista: Martí Ribas Medina

Director general de Endesa en Balears

Endesa apuesta fuerte por la transición energética, lo que significa dejar de ladola energía creada a partir de combustibles fósiles y, por ello, apuestan claramente por las energías renovables. Lo explica con más detalle Martí Ribas Medina, director general de Endesa en Balears.

P Una de las prioridades más compartidas del proceso de transición energética parece ser el objetivo 100% renovable. ¿Es posible?

R Tenemos que trabajar para que este objetivo sea posible y desde el equipo humano que conformamos Endesa así lo hacemos. Hoy la humanidad está inmersa en un proceso de innovación tecnológica que nos permite vislumbrar esa posibilidad; ahora bien, no es inmediata, el camino es largo, hay que trabajar mucho para ello y hay que hacerlo con mucha inteligencia y sentido común.

La revolución digital en la que estamos inmersos desde los últimos 30 años ha permitido, entre otras cosas, potenciar y acelerar la interconexión del conocimiento humano a nivel mundial. La capacidad innovadora de nuestra sociedad presente está viviendo tasas de innovación que crecen a velocidades exponenciales y que permiten desarrollar tecnologías cuyas curvas de experiencia se reducen a velocidades jamás imaginadas.

P También se ha disminuido el coste de producción de las renovables.

R La reducción de costes que han experimentado tecnologías de producción renovable de energía como la eólica y la fotovoltaica son espectaculares y en muchos lugares con recurso solar y eólico elevados los costes de producción ya compiten con las tecnologías fósiles. La carrera por bajar aún más los costes de estas tecnologías aún sigue y no ha terminado.

Igualmente ocurre con las tecnologías de almacenamiento químico de la electricidad, las baterías, elementos fundamentales para mitigar el gran hándicap que hoy tienen las energías renovables y que es su intermitencia. Esta carrera no ha hecho más que empezar. Empezó con las baterías para teléfonos móviles y ordenadores portátiles y ahora se está extendiendo a vehículos eléctricos. También se están desarrollando los primeros pilotos comerciales de gran almacenamiento eléctrico en redes eléctricas. Las baterías fueron durante muchos años de plomo-ácido, luego de Ni-Cd y ahora son de ion Litio y probablemente lleguen tecnologías mejores y más baratas.

P ¿Parece que estamos en un momento crucial del proceso? ¿Es realmente así?

R Visto en conjunto, la humanidad vive un momento de disrupción tecnológica en materia de energía y, por tanto, de transición energética. Hay que verlo como un puzle gigante que viene en varias cajas, empezamos a tener piezas que encajan, pero aún no las tenemos todas, algunas ya están fabricándose y en camino, otras todavía hay que diseñarlas.

«En toda esta transición hay que velar por la eficiencia energética. La energía, incluso la renovable, tiene impacto sobre el entorno; por ello, hay que consumir la justa»

P ¿Sin embargo, qué papel representa en todo esto la necesidad de combinar la competitividad y la seguridad de suministro?

R Efectivamente, la energía es un bien de primera necesidad. Es básica para la actividad humana y, por tanto, hay que andar esta transición velando siempre por el equilibrio entre tres pilares básicos. El primero es la seguridad del suministro energético. La sociedad no entiende ni admite ya el más mínimo desabastecimiento. Nuestra dependencia de la energía es total y absoluta. El segundo es la competitividad del precio. La energía no es un bien de lujo, es necesaria en el día a día de los ciudadanos y básica para competitividad de la economía de una sociedad, tiene, por tanto, que costar lo menos posible. Y por último, la sostenibilidad medioambiental. Como toda actividad humana, la producción de energía, incluso la renovable, tiene un impacto sobre el entorno y los ecosistemas, por tanto, debemos trabajar siempre para su minimización. Si colocamos estos tres elementos sobre un triángulo, tenemos que conseguir que sea lo más equilibrado posible, de hecho, que sea equilátero, para que no prime ningún vértice sobre el otro y todos avancen al unísono.

P ¿Cuál sería la hoja de ruta desde su perspectiva?

R Nuestra visión de cómo hacer esta transición consiste fundamentalmente invertir de forma masiva en renovables y almacenamiento a medida que éstas tecnologías sean competitivas y vayan desplazando otras tecnologías fósiles. A la vez, se deberá apoyar con estas últimas el proceso de migración para que nunca haya desabastecimiento: antes de apagar lo viejo, hay que encender lo nuevo.

Es importante señalar que las tecnologías de generación de energía a partir de fuentes renovables vierten su producción en forma de electricidad (no lo hacen en forma de gasolina, gas u otro vector energético) y hoy la electricidad sólo representa el 23% del consumo de energía final en España. En otros países como Reino Unido, incluso menos, sólo el 17,5%.

Por tanto, el otro gran reto que tenemos como sociedad si queremos llegar al objetivo 100% renovable es el de electrificar nuestra demanda de energía final. Esto significa que todo lo que hoy hacemos con energía fósil tenemos que conseguir hacerlo con energía eléctrica y que esta electricidad se genere a partir de fuentes renovables. Casi nada. Hay que revolucionar el transporte por tierra, mar y aire, la calefacción de los hogares, la producción de agua caliente, las cocinas e infinidad de procesos industriales que hoy consumen gas natural o derivados del petróleo para convertirlos en eléctricos.

P ¿Hay mucho camino por delante todavía?

R No hemos hecho nada más que empezar, por ejemplo, con el vehículo eléctrico o con la bomba de calor, y como humanidad nos queda muchísimo por hacer. Cuanto más rápido nos electrifiquemos, más rápido alcanzaremos ese 100% renovable al que aspiramos. Y ese es un objetivo social, al que las empresas podemos ayudar y contribuir siempre y cuando la sociedad lo entienda y se lo haga suyo. Obviamente aquí la innovación, la tecnología y la disrupción seguirán jugando un papel fundamental como aceleradores.

Y finalmente remarcar la necesidad de toda esta transición se haga velando por la eficiencia energética. La energía, incluso la renovable, tiene impacto sobre el entorno. Por tanto, debemos consumir la justa. La energía más barata, segura y sostenible es la que no se consume.  A todo ello, claro está, hay añadir que la COP 21 de París en 2015 nos marca un objetivo de 2050 descarbonizado.