Puerta de la Conquista

En este punto del relato, nos dirigiremos al centro de Palma, bien por la calle 31 de Desembre, bien por la calle General Riera, hasta llegar la calle de Sant Miquel, en su confluencia con las avenidas. Avanzamos algunos metros en dirección a la calledels Oms, hasta el punto en que se encontraba la antigua Porta Pintada o Porta de la Conquesta, cerca de la esquina de la calle Reina Esclaramunda.

Controlada la ciudad, se inició la represión: más de trescientas personas fueron ejecutadas y se impusieron durísimas multas a los vecinos y a los municipios de la isla. Así finalizaremos este itinerario, recordando cuál fue la suerte de Joanot Colom. Como los otros dirigentes de la Germanía, el líder fue objeto de una pena ejemplar: fue torturado y degollado, su cuerpo troceado y sus fragmentos colocados sobre pilares; su cabeza fue colocada en una jaula de hierro en la Porta Pintada; allí permaneció cerca de trescientos años, hasta que fue retirada en 1822. Un gesto simbólico con el que se iniciaba un debate sobre la entidad y la valoración de la Germanía que ha perdurado hasta nuestros días.

Las consecuencias de la Germanía

Esta rebelión, que se había iniciado con el objetivo de reformar la economía pública, acabó con un resultado desfavorable para Mallorca. Una de las consecuencias inmediatas fue, como hemos visto, la fuerte represión contra los agermanados, con la muerte, castigos y/o condenas con la pérdida de sus bienes.

Por el contrario, la ciudad de Alcúdia se benefició de la situación, dotándola con el título de “Fidelísima” y la exención de impuestos. Muchos de ellos recibieron una importante compensación por las pérdidas sufridas.

Las secuelas se manifestaron en tres niveles:

A nivel demográfico, con un descenso de población aproximadamente de un 30% del total (por el levantamiento en sí y por la peste).

A nivel económico, especialmente la imposición de nuevos tributos, que contribuyeron a aumentar el empobrecimiento de la isla. También se dictaron “composicions”, es decir, unas multas colectivas por villas, calculadas en proporción en el grado de participación de cada una en la revuelta y el patrimonio disponible. Nadie pudo librarse ya que por los fallecidos pagaron los herederos y por los fugados sus familias.

La lista de penas y número de personas afectadas fueron las siguientes: 128 procesados y ejecutados; 25 ejecutados sin proceso y 37 condenados a las galeras. A todos estos se les confiscaron los bienes.

Algunas de las “composicions” pagadas por las vilas fueron las siguientes (en libras): Sóller, 16.725; Llucmajor, 12.374; Pollença, 8.499; Inca, 6.450; Felanitx, 4.508; Manacor, 3.749, etc.

Ante la falta de caudales de las administraciones, se fueron creando más impuestos nuevos, que aumentaron las ya pesadas cargas fiscales.

Y, para finalizar, a nivel social hubo un claro aumento del bandolerismo, proveniente de las filas agermanadas en descomposición.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Se puede llegar a todos los lugares en coche.
Duración:
Excursión de un día.
Longitud:
58 kilómetros aproximadamente para todo el recorrido
De interés:
El interior del castillo de Santueri, de momento, no puede visitarse. El resto de puntos pueden visitarse interior y exteriormente.
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Introducción

El gótico fue el estilo que se utilizó para las primeras construcciones cristianas a partir de la conquista del rey Jaime I hasta bien entrado el siglo XVI (e incluso, en algunos casos, hasta el XVIII). Se iniciará primeramente con un estilo primitivo, de transición del románico al gótico, hasta consolidarse durante el Reino Privativo de Mallorca a partir de 1276, su época máxima de esplendor, su período clásico.

Afectará a construcciones religiosas, como las iglesias que veremos a continuación, y a la arquitectura civil, como en el caso del castillo de Santueri, en Felanitx. A través de esta visita, que afecta al gótico en el Sur de la isla de Mallorca, descubriremos como este estilo se fue extendiendo desde los núcleos más importantes al resto de villas, especialmente durante el reinado de Jaime II y las Ordinacions de 1300 para consolidar nuevos y antiguos núcleos de población. También podremos observar como la mayoría de edificaciones han sido completadas y/o modificadas en otras épocas, mostrándonos la evolución estilística sufrida a través del tiempo.

Iglesia parroquial de Sant Pere i Sant Pau, de Algaida

Para acceder al núcleo de Algaida se debe circular por la carretera Ma-15. En el centro del pueblo encontraremos la iglesia parroquial.

La parroquia de Algaida tiene su origen en el traslado de la capitalidad administrativa y religiosa que se efectuó hacia el año 1435 desde Castellitx a la antigua alquería de Algaida. El actual templo, de estilo gótico con aportaciones barrocas, se construyó durante los siglos XVI y XVII, sobre un templo anterior. En el siglo XVIII se hicieron importantes obras, como la construcción de la capilla del Roser, promovida por Francesc Togores, rector de Algaida (1742-1771).

La fachada principal muestra un paramento dividido por tres líneas de imposta; el portal mayor, gótico, presenta un arco apuntado, con dos arquivoltas que cierran el tímpano; éste contiene una imagen de la Virgen. Más arriba, se abre una ventana rectangular y un rosetón. El coronamiento de la fachada es un testero mixtilíneo, de estilo barroco, con una cruz como remate. A la derecha de la fachada se levanta el campanario; presenta sección cuadrangular y un alzado de cinco cuerpos, tres de los cuales se encuentran embebidos en la fachada, y remate; el quinto tramo muestra dos arquillos apuntados por lado. El portal lateral es adintelado, con restos de un arco apuntado; más arriba, en el muro lateral hay cinco gárgolas zoomórficas y cuatro arcos escarzanos que cierran los contrafuertes.

El interior presenta una sola nave, con tribuna en la zona de acceso y con cubierta de seis tramos de bóveda de crucería; en los laterales, hay seis capillas por lado, con ingreso de arco apuntado y cubierta de crucería. La tribuna muestra un arco rebajado y cubierta de bóveda de arista rebajada, con el escudo de Algaida (una torre) en la clave. El arco toral, que separa el presbiterio de la nave, es de medio punto, y presenta dos escudos, uno de los cuales es la torre del escudo de Algaida. El alzado de la nave muestra, en la parte inferior, un zócalo de baldosas, que datan de la reforma de 1788; en la parte alta, destacan seis ventanas apuntadas por cada lado, góticas; la tercera y la cuarta de la derecha tienen vitral, y el de esta última representa a San Pedro y San Pablo. Tres de las claves de bóveda muestran las fechas de 1680, 1681 y 1685. El presbiterio se sitúa en una cabecera construida posteriormente, quizás avanzado el siglo XVII; se levanta tres peldaños sobre la nave, con la fecha de 1799, y tiene dos tramos con cubierta de bóveda de cañón.

El retablo mayor es de estilo barroco y de grandes dimensiones, con un total de cinco calles y tres cuerpos, y con trece imágenes y cuatro pinturas en la predela. En el primer cuerpo hay cuatro imágenes, dos en cada lateral, y el expositor en el centro: a la izquierda, San Francisco y San Domingo y, a la derecha, San Joaquim y Ramon Llull. En el segundo cuerpo, están las imágenes, de izquierda a derecha, de San Honorato, de San Pedro, de la Virgen de la Lactancia, de San Pablo, y de Santa Lucía. La imagen de la Virgen de la Lactancia es una talla gótica, de mármol, y es la patrona de los canteros de marés. En el tercer cuerpo, hay tres imágenes: San Benito Negre, San Miguel venciendo al demonio, y San Cristóbal. Finalmente, en el ático aparece un Cristo.

Las capillas del lateral izquierdo (Evangelio) son las siguientes:

* La primera, bajo la tribuna, era dedicada hasta hace pocos años a santa Catalina Tomàs. Actualmente contiene el retablo gótico de Sant Pere y Sant Pau, procedente de la iglesia de Castellitx. En el suelo está el sepulcro del jesuita P. Bartomeu Pou (1727-1802), nacido en Algaida y biógrafo de la santa mallorquina. En la pared hay una pintura de san Alonso Rodríguez, con indulgencias del obispo Miquel Salvà (1853).
* La segunda capilla es la del Corazón de Jesús, con dos tramos de bóveda de crucería neogótica y, en uno tercero, una cabecera poligonal con cinco segmentos, con nervaduras que arrancan de ménsulas en forma de cabezas de ángel.
* La tercera es la de Sant Josep, con un retablo manierista, con representaciones de la Pasión en los laterales, que recuerdan que antiguamente era el retablo de la Sangre y, en el ático, una pintura de la Virgen de Mercè, con Jaime I y San Pedro Nolasco. En la pared lateral hay una representación de Santa Margalida, mientras que la clave de bóveda presenta relieves de santos.
* La cuarta capilla de la izquierda es la capilla del Roser, bendecida en 1755, pero no finalizada hasta el l788. Es una capilla de grandes dimensiones, de planta hexagonal, con cubierta de cúpula, sin linternón y con seis aperturas. Presenta cuatro altares laterales, además del central. En las paredes laterales de la zona de ingreso vemos restos de retablos manieristas, como el que representa la Circuncisión. Las capillas de la izquierda son las de San Antonio de Padua y del Pilar, y las de la derecha son las de San Miguel y de San Pedro Regalado. El retablo mayor de la capilla, diseñado por Fra Albert Borguny, está presidido por una imagen de la Virgen del Rosario, obra atribuida a Gaspar Oms; en un cuerpo más alto, hay una pintura de San José y, en el ático, la Coronación de la Virgen por la Trinidad.
* La quinta capilla de la izquierda es la del Sant Crist de la Sang, con una pintura del Bautismo en la pared de la izquierda.
* La sexta capilla es la de l’Assumpta, con una imagen en la predela de la Dormición de la Virgen, del siglo XVIII.

Las capillas de la derecha (Epístola) son las siguientes:

* La primera contiene un portal de arco rebajado que comunica con el campanario; cerca de ella está la pila bautismal, con la fecha de 1671.
* La segunda es la de Inmaculada Concepción, con un retablo barroco con la imagen del titular y Dios Padre en el cuerpo superior.
* La tercera es la de Sant Sebastià; presenta un retablo con una imagen central del santo titular, con una pintura de San Antonio a la izquierda y la de un santo obispo a la derecha; en el ático, una pintura de San Pedro; la clave de bóveda de la cubierta muestra un escudo de Algaida.
* El cuarto espacio corresponde al portal lateral.
* La quinta capilla es la de Sant Antoni Abat, que muestra un retablo con una representación de San Isidro en el ático; en los laterales hay cuatro medallones con representaciones de santos: a la derecha, San Fausto y San Llop, y a la izquierda, San Erasmo y un santo obispo; en la predela está el Niño Jesús de Praga.
* La sexta capilla es la de Sant Joan Baptista; presenta un retablo manierista, de principios del siglo XVII, y la imagen del santo datada en 1856; a los laterales hay cuatro pinturas que representan Santa Rita y San Vicente, a la derecha, y Ramon Llull y San Juan Evangelista, a la izquierda; en la pared de la izquierda hay una pintura de San Vicente de Paul; la clave de bóveda data de 1681, con un escudo partido con una estrella y con el linaje Amengual; arriba y a la izquierda hay una rueda de campanillas, llamada “es culissos”.

Los dos bancos situados cerca del presbiterio son de madera de nogal y constituyen una buena muestra de marquetería artística, destinados originariamente a las autoridades; en el respaldo muestran el escudo de Algaida y la fecha de 1786. En el coro hay un órgano de gran calidad, obra de Jordi Bosch. Respecto al tesoro de la iglesia, conserva una píxide de finales del s. XIV o principios del XV.

Oratorio de Sant Blai de Campos

La iglesia de Sant Blai se sitúa a unos tres kilómetros de la villa de Campos, en una desviación de la carretera de Campos a la Colònia de Sant Jordi, después de la cruz de término de Sant Blai. Para llegar de Algaida a Campos, se toma la carretera Ma-5010 hacia Llucmajor. Una vez pasado este municipio, salimos en dirección Campos por la Ma-19 atravesando el pueblo de Campos y, a la salida, a mano derecha, tomamos el desvío que se dirige a la Colònia de Sant Jordi y, a unos 2 kilómetros a mano izquierda, encontraremos el indicador que nos conduce al oratorio.

La actual iglesia de Sant Blai fue la primera sede de la parroquia de Campos. La bula de Inocencio IV, de 1248 menciona esta parroquia con el nombre de Sancti Juliani de Campos, que en aquella época acogía la población dispersa de los alrededores. La fundación de la villa de Campos en el año 1300, determinó la construcción de un nuevo templo parroquial en el solar que ocupa la actual iglesia de Sant Julià. El actual oratorio de Sant Blai debió quedar abandonado, como se deduce de un documento de finales del siglo XIV, en que habla de un trozo del suelo “en lo qual fos antiguament la Sgleia antiga”. Del siglo XIII nos han llegado las bóvedas de herradura de las estancias del lado del presbiterio; también datan de esta época los muros del presbiterio y el diseño de la nave del templo. Durante el siglo XVI el oratorio fue reconstruido según el estilo gótico. En la visita pastoral del obispo Vich i Manrique, el templo estaba en obras, aunque se ofrecía misa cada domingo; la primera referencia al nombre de Sant Blai es de esta fecha. Entre los años 1989 y 1991 fue reformado, y se recuperaron diferentes elementos arquitectónicos y ornamentales.

La fachada presenta un portal de medio punto adovelado, con una claraboya circular en la parte superior; el portal aparece descentrado según el eje de la fachada, debido a las irregularidades de las capillas, pero sigue el eje del presbiterio. El remate muestra tres aberturas de arco escarzano y una definición que marca la caída en dos vertientes. A la derecha de la fachada hay un portalón de arco rebajado, que comunica con un patio, a cuya izquierda se abre el portal lateral del templo, de arco de medio punto. A la derecha del patio aparece el portal del antiguo cementerio, cuyo espacio acoge actualmente un jardín de flora mediterránea. El muro lateral de la izquierda es liso, excepto en la parte superior, compuesto por una hilera de vanos cuadrangulares. En el exterior superior de la cabecera hay una espadaña de arco apuntado.

El interior muestra una nave con cubierta de bóveda de crucería dividida en cuatro tramos. Un arco ojival rebajado separa la nave del presbiterio. Éste tiene también bóveda de crucero, con la clave de bóveda que representa a San Blas. La sacristía se sitúa tras el presbiterio. Las capillas laterales son cuatro por lado; tienen entrada por arcos ojivales, y se sitúan entre los contrafuertes. Las cubiertas son de bóveda apuntada. En la capilla de la izquierda del portal principal hay un retablo rococó dedicado a la Ascensión y cerca del presbiterio está el retablo de los Apóstoles. A la derecha de éste se sitúa la capilla del Sant Crist de la Salut, espacio que durante el siglo XVII sirvió de sacristía. La imagen de Cristo proviene del gremio de carpinteros de Palma. La cuarta capilla de la derecha contiene una imagen barroca de San Domingo.

Església Vella de Santanyí: capilla del Roser de la iglesia parroquial de Sant Andreu

Volvemos a Campos y, justo antes de entrar en el pueblo, por la intercesión, nos dirigimos a Santanyí, donde en el centro encontraremos la iglesia parroquial, cuyo interior alberga l’Església Vella (iglesia vieja).

La primitiva iglesia de Santanyí, del siglo XIII, se situaría, según la tradición, en la plaza del Canal. Aparece documentada por primera vez en el año 1265, y estaba dedicada a Santa Maria de Santanyí. A principios del siglo XIV se construyó el segundo templo, que coincide con la actual iglesia vieja. El año 1390 fue el punto neurálgico de la fortificación de la villa; entonces se debió sustituir la cubierta a dos vertientes de madera por la actual de bóveda en el crucero. A lo largo del siglo XVI se le añadió el ábside y una capilla lateral y se construyó un refugio en el tejado. El templo parroquial moderno empezó a construirse en 1786, sobre el solar del antiguo cementerio, que coincidía con el lateral de la iglesia vieja; ésta se mantuvo adosada a la nueva construcción y se dedicó a capilla del Roser.

L’Església Vella es de estilo gótico. Presenta una fachada desornamentada, con portal de arco de medio punto, adovelado, con una pequeña imposta debajo de cada dovela inferior; el arco es doble, más interior el que acoge la puerta. Encima del portal se abre un arco de medio punto, abocinado. El remate de la fachada es una espadaña tripartita, situada encima de una línea de imposta; la definición a dos vertientes aparece coronada por una cruz de piedra. A la izquierda del cuerpo principal de la fachada hay un segundo cuerpo, correspondiente a la nave de la izquierda o del Evangelio. Muestra un portal de arco de medio punto y, encima de él un arco ojival; en la parte superior todavía se conservan dos ménsulas de un matacán defensivo. El lateral de la izquierda presenta un contrafuerte cerca de la fachada y dos más en el muro lateral, además de dos pequeñas aperturas redondas y el alzado exterior de la cupulita del Roser.

El interior de l’Església Vella muestra una nave principal con cubierta de crucería, dividida en cuatro tramos más el presbiterio. Éste, de planta cuadrangular, tiene cubierta poligonal, con nervaduras que convergen en una clave, con un relieve representando a la Virgen del Rosario; en los extremos, aparecen sendas trompas que permiten el paso de la planta cuadrada en la cubierta poligonal. Tras el altar, en la cabecera, hay tres postigos ojivales y el nicho que contiene el sagrario. A la derecha del presbiterio se abre un portal de arco de medio punto que comunica con una pequeña sacristía, con acceso directo a la izquierda del presbiterio de la iglesia grande.

La nave tiene un primer tramo con bóveda de crucería con una clave con las cuatro barras; el muro de la derecha, en la parte superior muestra un pequeño con la cruz de san Andrés. El segundo tramo muestra el escudo de la Universitat de la Ciutat i del Regne de Mallorca; a la izquierda un portal de medio punto comunica con la nave del Evangelio. El tercer tramo presenta una clave con el cordero del escudo de Santanyí; a la derecha se abre un arco redondo seguido de un espacio con bóveda de cañón, que comunica con la iglesia grande. La cuarta bóveda presenta una clave con un relieve de San Domingo, mientras que en la pared de la derecha hay un nicho con la imagen de la Virgen del Rosario. La nave del Evangelio, con entrada por el segundo tramo de la nave principal de la iglesia Vieja deja ver un espacio dedicado actualmente a sacristía. Presenta cinco cuerpos o tramos estrechos, algunos con cubierta original gótica de crucería. El segundo cuerpo tiene cubierta de cupulita de base circular. El quinto cuerpo es más estrecho que los otros, a manera de ábside; también presenta bóveda de crucería con la clave del escudo de la familia Danús.

El castillo de Santueri

Desde Santanyí tomamos la carretera Ma-14 dirección Felanitx. Pasamos por el pequeño pueblo de Cas Concos y después des Carritxó, poco antes de llegar a Felanitx, giramos a la derecha por el camino asfaltado del castillo de Santueri, que está perfectamente señalizado. Debemos recorrer los 5,4 km por esta vía para llegar a la base de la fortificación, después de pasar cerca de las casas de la possessió del Castell.

El castillo de Santueri ya existía durante la dominación islámica. Fue conquistado durante la segunda estancia de Jaime I en Mallorca, en 1231. En el Reparto correspondió al conde del Rosselló, Nunó Sanç. Cuando éste murió en 1241, pasó a manos de la corona. A lo largo del siglo XIV, se hicieron importantes obras de reforma. Durante la Germanía (1521-23), se mantuvo al lado del poder real, y resistió el asedio de los agermanados. Fue un punto de referencia en la defensa contra los corsarios, en los siglos XVI y XVII. Con el paso del tiempo, perdió importancia estratégica y en 1811 fue subastado y pasó a ser propiedad privada.

Antes del portal de entrada, se encuentra la antemuralla o barbacana, con un portal de arco de medio punto adintelado. Destacamos la magnífica torre del homenaje, de sección circular, con canecillos, aspilleras y una cúpula que se encuentra derribada. De esta torre, que ocupa el vértice angular, salen los dos muros principales. El que mira a poniente tiene un coronamiento almenado. El otro muro, orientado hacia el sur-este, constituye la fachada principal. Han desaparecido las almenas, pero, en cambio, conserva canecillos lobulados y aspilleras. En la parte superior del portal, hay un segundo arco, que deja un pequeño espacio vacío, de sentido defensivo. Más a la derecha de la puerta, podemos ver dos torres de planta cuadrada, posiblemente de base musulmana.
En el interior del recinto, constituido por la ancha superficie de la gran mole rocosa natural, encontramos primeramente las estancias, en ruina, abrigadas a la sombra y protección de las murallas de entrada. A la derecha, localizamos la parte interior de las torres cuadradas, con un aljibe cerca de la primera. Más arriba, hay restos de diversas construcciones, entre las cuales destaca la bóveda medio hundida de otro aljibe. Una vez alcanzada la parte superior, el panorama es impresionante. En la parte más extrema, opuesta a la entrada, hay otro lienzo de muralla, que protegía el ángulo norte del castillo, que mira hacia Sant Salvador. Este ángulo fortificado se encuentra muy deteriorado, pero todavía muestra las aspilleras y el sistema de construcción llamado de espina de pez (con forma romboidal, técnica que proviene de la arquitectura romana, llamada “opus spicatum”). También encontraremos dos torres de planta cuadrada aisladas.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Se puede llegar a todos los lugares en coche.
Duración:
Excursión de un día.
Longitud:
45 kilómetros aproximadamente para todo el recorrido.
De interés:
La fortificación de Capdepera, la torre de Canyamel y la Torre dels Enagistes son espacios musealizados, que pueden visitarse interior y exteriormente previo pago de entrada.
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Introducción

Uno de los grandes triunfos del gótico será la arquitectura civil, relacionado con el desarrollo urbano de las ciudades y con el cambio de sensibilidad, la cual se torna más refinada. Los castillos románicos empezarán a ser substituidos por los palacios, transición que se culminará en el Renacimiento.

En esta ruta, podremos observar varios ejemplos de arquitectura gótica civil mallorquina. Los programas reales del siglo XIV comportaron la construcción de edificaciones por Palma y la Part Forana que integraban dos conceptos: el carácter defensivo-militar medieval y el origen de la arquitectura palatina, más urbana. Las primeras construcciones se realizarán sobre antiguas fortalezas musulmanas y, poco después, también de nueva planta. Encontraremos castillos de montaña (roquers) y palacios urbanos y rurales, como el de Manacor. Todos ellos caracterizados por la austeridad, huyendo de la ostentación. También estos programas contemplarán torres defensivas, como la de Canyamel, y recintos murarios urbanos, como el de Capdepera.

No podemos olvidar la arquitectura religiosa con el ejemplo de Bellpuig. Supone la introducción del primer gótico en Mallorca (de transición del románico), durante el reinado de Jaime I, quien mandó construir pequeñas iglesias de repoblación, en cuyo entorno se iban asentando nuevos habitantes, conformando nuevos núcleos de población.

Torre dels Enagistes, Manacor

Iniciaremos la ruta por este edificio que alberga el Museu d’Història de Manacor. Se encuentra en la salida de Manacor en dirección a Cales de Mallorca, en el Km 1,5 aproximadamente del centro del municipio. Se puede acceder a él desde Felanitx, desde la carretera de Porto Cristo y desde las rotondas de Manacor que enlazan con la carretera de Palma-Artà (Ma-15).

La Torre dels Enagistes constituía el centro de la caballería de la Torre, que ocupaba los terrenos de la antigua alquería islámica Ancrad, que fue donada por Nunó Sanç a Pelai Uniç.

La construcción constituye uno de los mejores ejemplares de la arquitectura gótica civil situada en el área rural de Mallorca. Tiene una base del siglo XIV, que fue ampliada hacia finales del siglo XV. Fue proyectada como casal señorial de la familia Nuniç, importantes caballeros del término de Manacor. A finales de siglo XV pasó, por línea femenina de los Nuniç, a manos de los Santjoan, que firmaban Nuniç de Santjoan. En 1595 pasó a los Nuniç de Berard. En 1651, Hug Nuniç de Berard cedió el edificio a la Compañía de Jesús y por este motivo adoptó el nombre actual, ya que enagista equivale a jesuita, en referencia a Íñigo, o San Ignacio de Loyola. En 1767 el Estado se apropió de los bienes de los jesuitas y posteriormente la torre pasó a manos privadas. Desde el siglo XIX hasta 1919 fue propiedad de la familia Ribera. Después tuvo diversos propietarios hasta que el año 1982 fue adquirida por el Ayuntamiento de Manacor. En 1925 fue declarada monumento historicoartístico nacional.

La fachada presenta un alzado de dos plantas, con un cuerpo central correspondiente a lo que era propiamente la torre. Presenta una interesante combinación de aperturas: portal de acceso de medio punto adovelado, cuatro aspilleras, dos ventanas geminadas y dos aperturas abocinadas; en el lateral izquierdo, destaca una ventana conopial. El remate ha sido restaurado y aparece conscientemente inacabado. A la izquierda del edificio había un huerto, del cual todavía quedan restos de la noria, con engranajes mecánicos; una acequia conducía el agua a un estanque que se encuentra adosado al lateral del edificio.

En el interior, el vestíbulo es de planta cuadrada y tiene cubierta de vigas sobre canecillos. A la izquierda, se abría un portal que daba acceso a la capilla. Actualmente se encuentra cegado, con dintel y frontón triangular y el escudo de los Nuniç de Santjoan. A su derecha vemos otro portal, más pequeño, y de arco de medio punto. La primera sala del ala izquierda es de grandes dimensiones, de planta rectangular y cubierta con canecillos. Accedemos a la segunda sala, que es más reducida, por un portal de dintel; tiene cubierta de bóveda de arista. A la derecha podemos ver la tercera sala, de grandes dimensiones y con cubierta de bóveda rebajada.

A la derecha del portal de acceso hay un arco diafragma redondo, que comunica con una ancha estancia rectangular, con cubierta de vigas sobre canecillos; en la parte derecha de esta sala, el muro muestra dos ventanas abocinadas. A la izquierda de esta estancia se abre un portal adintelado que comunica con una sala de planta en forma de “L”, con un arco escarzano a la derecha. A la izquierda hay un portal de dintel que comunica con el patio, que distribuye las antiguas estancias agrícolas, algunas de ellas con bóveda de cañón.

Se accede al primer piso por una escalera que parte del patio y llega a la naya o rellano que se extiende hacia la derecha. Directamente desde la escalera, por un portal de medio punto, entramos en la planta noble; a la izquierda, a partir de un arco de medio punto, está la sala principal; ambos espacios tienen cubierta de vigas sostenidas por canecillos o ménsulas y grafitis grabados o pintados en los paramentos (escudos y un hombre con una cometa, entre otros); hay también aspilleras bajas y ventanas con poyos o “festejadors”. En el mismo primer piso, a la derecha según se entra, hay también una sala producto de la ampliación del s. XV, con un portal de arco conopial en desnivel; también hay grafitis, como un barco, un candelabro y un caballo; la cubierta es de madera, restaurada, sin canecillos.

Torre del Palau Reial, Manacor

Nos dirigiremos hacia el núcleo urbano de Manacor por la Ma-14 desde la carretera de Cales de Mallorca. Giramos a la derecha por la avenida del Torrent. En la rotonda tomamos la segunda salida por la calle del folklorista Antoni Galmés. Seguimos por la plaza del Cos y llegaremos a la plaza del Rector Rubí, donde en el patio interior de la casa nº 7 se encuentra la torre, cerca de la iglesia parroquial de los Dolores.

El palacio fue mandado construir a principios del siglo XIV por Jaime II, que puso las obras bajo las órdenes de Pere Cornell. En 1300 el rey compró por seis libras las casas de Pere Carnisser y de su mujer Gueraua para iniciar las obras. Parece que en 1323 ya se había acabado la construcción, aunque se documentan nuevas obras a lo largo del mismo siglo. En la segunda mitad del siglo XV el palacio fue cedido a Joan Ballester; en 1707 pasó de la familia Ballester a los Orlandis. En 1789 J. de Berard lo reseña como «una casa, antiguo palacio de los reyes de Mallorca, que le ha quedado el nombre de palau, corrompido de palacio (sic), y lo poseen los señores Orlandis de Palma» (Berard, 138). En el siglo XIX pasó a diversos propietarios y se derribaron parcialmente las antiguas construcciones reales. Así consta en los libros de Hipotecas del Registro de la Propiedad que el 1811 Don Pere Orlandis establecía -vendía en porciones a particulares- la Illeta del Palau. Ya en el siglo XX, una parte importante del antiguo palacio era de la sociedad denominada Lliga Agrària Manacorense. Actualmente, la torre se encuentra situada dentro del recinto de un edificio, con el que hasta hace pocos años era destinado a la fabricación de perlas, y ha sido reformada recientemente.

No conocemos la estructura del palacio, ya que actualmente sólo se conserva una torre. Según GEM (X, 106), el palacio «seguía un esquema parecido al de otros palacios rurales que el rey hizo construir en Mallorca. Tenía dependencias organizadas en torno a un patio interior y en la torre se disponía la cámara real». La torre presenta planta cuadrada, alzado dividido en tres cuerpos y remate de almenas; el portal de acceso es de arco de medio punto y tiene en la parte superior dos ventanas también de medio punto, una por cada piso. En la parte alta hay una serie de saeteras o aspilleras, cuatro en los laterales largos y tres en los cortos.

Torre de ses Puntes, Manacor

Volvemos a la avenida del Torrent y tomamos el sentido hacia nuestra derecha, en cuyo final se sitúa la plaza del Historiador G. Fuster (s/n) donde se encuentra esta torre.

La torre de ses Puntes es una casa fortificada medieval, datada en el siglo XIV. Actualmente está englobada dentro del área urbana de la ciudad, pero antiguamente quedaba fuera del núcleo urbano, como una casa de possessió.

El nombre responde al remate de almenas, que le dan una imagen característica. Otros elementos destacables son el portal de acceso de medio punto, adovelado y levantado sobre cinco peldaños, dos ventanas geminadas en el primer piso y una ventana cuadrangular con alféizar en la planta baja, a la derecha del portal; algunos contrafuertes refuerzan la estructura. La sala principal, en el primer piso, tiene planta rectangular. El edificio fue restaurado el año 1985 y actualmente sirve de sala de exposiciones, con un acceso constituido por una construcción de madera.

Possessió de Son Vives, Sant Llorenç des Cardassar

Giraremos a la derecha hacia la avenida de Salvador Juan. La recorreremos hasta el final y nos incorporaremos a la Ma-15 en dirección Artà. Dejaremos Sant Llorenç a la izquierda y nos encontraremos con una rotonda, por la que podemos continuar por la Ma-15 o por la carretera Sant Llorenç-Son Servera. Cogemos esta última y en el Km 2,750, accederemos al camino particular donde se encuentran las casas de possessió.

En la Edad Media la casa era denominada Torre de Pardines. Elisenda Pardines, a finales del siglo XIV se casó con Llorenç Vives, cuya familia le dio nombre. En 1578 la finca matriz estaba ya dividida entre la possessió de Salvador Burgues, valorada en 3.000 libras, y la de Bartomeu Bauçà, valorada en 2.400 libras. En 1598, la possessió mayor de Son Vives pertenecía a Antoni Blanquer y tenía casas y torre; estaba dedicada a la viña y al cultivo de cereales. En 1701 pertenecía a Antònia Blanquer, viuda de Gabriel Sabater Anglada; entonces, además de las casas, había bodega, prensa para hacer queso, molino de sangre y torno de hilar seda. En 1854 pertenecía a Bartomeu Mas Jaume y percibía una renta anual de 1.267 reales. Posteriormente se dividió entre Son Vives de Dalt, con las casas antiguas, y Son Vives de Baix. Actualmente la primera pertenece a las Hermanas Bonet Rosselló y ha sido objeto de una esmerada reforma que recupera los elementos patrimoniales.

Las casas presentan tres bloques constructivos diferenciados: la torre, la vivienda propiamente dicha, y la antigua iglesia, convertida después en bodega. La torre, situada a la derecha de la fachada de la casa, es de planta cuadrangular y de grandes dimensiones. El alzado es de tres plantas, con cubierta a dos vertientes. La planta baja, en el interior, muestra dos tramos de bóveda de arista, separados por un arco rebajado. Con respecto a la casa propiamente dicha, la fachada tiene un alzado de dos plantas, con un portal de entrada de arco de medio punto adovelado que comunica con un vestíbulo, con un arco rebajado delante; a la izquierda, hay un soportal sostenido por un alto pilar octogonal; a la derecha del vestíbulo, un arco rebajado da acceso al patio, que tiene una cisterna de base octogonal. El vestíbulo conduce directamente a la sala de los amos, de planta rectangular, ancha, con ventanas abocinadas y un arco de medio punto que comunica con la cocina, con chimenea y barreño de colada (cossi de bugada). En el fondo de la sala está la entrada a una gran estancia, muy interesante; es de planta rectangular, de 18 m por 7 m, y con cubierta sostenida por tres antiguos arcos diafragmas. Una hipótesis verosímil, paralela a la tradición de Mare de Déu Trobada de Sant Llorenç, defiende que esta estancia era la primitiva iglesia parroquial de Santa Maria de Bellver, según la tipología de las iglesias de repoblación del siglo XIII; sin embargo, una reciente reforma ha permitido estudiar el espacio y definirlo como una bodega o celler del siglo XV, dedicado posteriormente a otros usos, como a acoger un molino de sangre del siglo XIX. En todo caso, es defendible la hipótesis que la primitiva iglesia, remodelada, pasara a ser posteriormente una bodega. A la derecha de la torre, una mina discurre soterradamente hasta la cisterna del patio y forma una estancia llamada s’estil·lador, por donde se filtra el agua.

Bellpuig, Artà

Volveremos a la Ma-15 y a la altura del Km 67, encontraremos una bifurcación a mano derecha donde observaremos una pequeña subestación de Gesa. Avanzamos por este camino, rodeando dicha estación y, al final de éste, encontraremos un cruce de caminos. Tomaremos hacia la derecha y seguiremos por el mismo unos 400 metros. Vislumbraremos a la derecha dos barreras y accederemos por la de madera. Finalmente, a pocos metros nos encontraremos en el complejo de Bellpuig.

Bellpuig designa el antiguo monasterio que la orden religiosa que los premostratenses poseyeron en Artà desde 1230 a 1425. Su origen se remonta a la donación de 8 alquerías islámicas situadas al distrito de Yartan, hecha por el rey Jaime I en el año 1230 en la abadía premonstratense de Santa Maria de Bellpuig (condado de Urgell, Lleida). Para poblar estas tierras y explotarlas, los monjes construyeron un convento y distribuyeron los terrenos entre los nuevos habitantes. De estos establecimientos surgió, a lo largo de los siglos XIII y XIV, la villa de l’Almudaina de Artà. Los priores de Bellpuig eran los señores feudales de esta región, detentores del dominio directo y los nuevos pobladores, titulares del dominio útil, pagaban al priorato las cargas impositivas correspondientes.

El monasterio se extinguió en 1425, cuando la abadía madre de Bellpuig d’Urgell permutó las posesiones de Artà y sus derechos señoriales por los bienes que el caballero Joan Vivot tenía en la villa de Os de Balaguer. De la familia Vivot pasó a los Dameto y, en 1637, se creó el marquesado de Bellpuig a favor de Albertí Dameto.

En el siglo XIX, el monasterio fue habilitado como casas de la possessió de Bellpuig. La iglesia fue destinada a vivienda y el resto de edificios como dependencias agrícolas. Estos últimos años, gracias a la donación de la familia Truyols y a los trabajos de restauración del Consell de Mallorca, se ha recuperado la iglesia y en un futuro, todo el conjunto.

Bellpuig según Marcel Durliat:

“Si se quiere buscar el origen de estas naves únicas ciegas, cubiertas con un envigado, se tendrá en cuenta el hecho de que su uso fue casi general en las órdenes monásticas de Mallorca, después de la reconquista y hasta finales del siglo XIII.
Fundado el año 1300 por los premostratenses de Bellpuig de les Avellanes, el monasterio de Bellpuig en Artà ofrece un excelente ejemplo, a pesar de las lamentables promiscuidades y las peligrosas servidumbres provocadas por su transformación en casa de explotación rural. La única novedad reside en la añadidura, en una nave de dos secciones, de un ábside de igual longitud y de la misma estructura, aunque más bajo. ¿Sin embargo, es eso una novedad? ¿No conviene, al contrario, pensar que esta disposición restituye la imagen del antiguo coro de los franciscanos de Palma, destruido en el siglo XIV para dar lugar al gran ábside de las religiosas de Santa Margalida? De todos modos, este plan habría facilitado la separación del coro de los religiosos y la nave de los seglares, que existía en las iglesias de los mendicantes.
Los contrafuertes, que en Artà apoyan los arcos diafragmas, parecen haber sido añadidos después, cada uno de los dos se entrecabalga con el portal. En los siglos XVII y XVIII unas bóvedas de aristas sustituyeron el envigado aparente. La ventana del ábside, hoy obstruida, presenta restos de retoques y el òculus de la fachada occidental no es primitivo. No había ventanas en los muros laterales”. (Marcel Durliat, 1964: 60)

El convento era de dimensiones relativamente pequeñas, porque la comunidad monástica no debió pasar nunca de 15 monjes. Los edificios se distribuían en torno a un patio cuadrado, a manera de claustro, en el lado meridional del cual se construyó la iglesia.

El templo presenta una estructura de planta rectangular; orienta el ábside y el presbiterio hacia levante, mientras los pies miran a poniente, con un muro con dos aperturas en la base, una claraboya en la parte superior y un remate en forma de espadaña de arco apuntado. La fachada con el portal principal es el lado sur, con tres contrafuertes desornamentados; el de la izquierda presenta el detalle de tres grabados de cruces. El portal, abierto al exterior para el acceso de los feligreses, es de tradición románica, de arco de medio punto adovelado y enmarcado por una moldura con decoración de punta de diamante en la parte inferior. La cabecera presenta una ventana alargada y atrompetada. El lateral norte, integrado dentro de lo que era espacio de la comunidad religiosa, presenta un portal para uso de los monjes; también se conserva un brocal adosado al muro.

El interior de la iglesia es de una sola nave, de planta rectangular, dividida en cuatro tramos con tres arcos diafragma y cubierta de bóveda apuntada con lunetas. La cubierta primitiva era de madera a dos vertientes, pero posteriormente se debió cambiar por la actual de piedra. Hay que destacar que la parte del ábside es exteriormente más baja que la de la nave propiamente dicha. Las lunetas de la parte superior del alzado son posteriores. Los capiteles de los arcos muestran molduras de punta de diamante. Hay restos de una pila y de objetos de cocina, provenientes de la época más reciente de uso agrícola.

Según Durliat o Biel Pons (a través de informaciones orales), las antiguas estancias monásticas se encuentran actualmente muy desfiguradas y destruidas. Destacamos una antigua escalera, un portal conopial, los relieves de unas caras tras un portal adintelado, etc. Una estancia del ala norte podría ser el antiguo refectorio o comedor, con bases de posibles arcos diafragmas, con las celdas posiblemente situadas en la planta superior.
En el norte del conjunto de edificaciones, se sitúa el antiguo huerto ajardinado, que presenta un recinto cerrado de paredes antiguas. El acceso se realiza por un portal adintelado con madera interior. El conjunto del jardín, actualmente en ruinas, muestra los restos de un hemiciclo y una pérgola de 25 parejas de pilares octogonales, con un poyo interior, que conduce a una exedra de arco de medio punto y cubierta absidal de un cuarto de esfera. En el lado de poniente del conjunto, hay una mesa de piedra que podría ser el altar antiguo de Bellpuig, con una piedra de una pieza picada y pies con pilarcillos octogonales. En la base está la mina de la fuente, posiblemente un qanat islámico.

“El vell convent”
Replomen lentament
els murs i es van desfent
amb gest de patiment
i d’amargura…

(Ginard Bauçà, Rafel: Obra poètica, 1995, 67-69)

Torre de Canyamel

Volvemos a la Ma-15 y, poco después, nos desviaremos a la derecha por la carretera hacia Canyamel, la Ma-4042. Pasaremos por una rotonda. Cogeremos la segunda salida y a unos 900 metros vislumbraremos a la izquierda la torre de Canyamel.

Es una construcción fortificada que fecha del siglo XIII, posiblemente levantada en el solar de una antigua torre islámica; entonces se denominaba torre de Montsó, nombre que provenía de Pere de Montsó, propietario de la finca después de la conquista del rey Jaime I. El casal fortificado fue utilizado también como torre de vigilancia y de defensa. Constituía el centro de una extensa possessió y, con el paso del tiempo, se le añadieron otras dependencias. El nombre actual de la torre, Canyamel, proviene de la concesión que hizo al rey Joan II el año 1468 para la plantación y explotación de la caña de azúcar. En 1500 la torre y la finca de Canyamel pasaron a manos de la familia Villalonga. A finales del siglo XIX, los Villalonga-Escalada vendieron la posesión a Pere Font dels Olors; la hija y heredera de éste, Joana Font dels Olors y Olesa casó con Pere Morell el año 1908, cuyos herederos todavía la poseen. A mediados del siglo XX la torre fue restaurada, bajo la dirección del arquitecto Josep Ferragut.

Estructuralmente, la torre tiene planta cuadrada, de 16 ‘5 m de lado y con base de 265 m2 de superficie. El alzado llega a 16 metros de altura y se divide en tres plantas. La imagen exterior muestra ventanas de medio punto, aspilleras, y matacanes, y también un remate almenado, de grandes dimensiones y con definición redondeada. En las esquinas, para dar más consistencia al edificio, hay sillares de piedra arenisca. El portal de entrada se sitúa en el lateral sur, y es de arco de medio punto adovelado; a la izquierda hay un portal de arco de medio punto cegado. Completan la fachada principal una ventana de arco de medio punto, grande, y dos de más pequeñas de arco rebajado, además de canecillos, matacanes y un reloj de sol. Con respecto a los matacanes, cabe destacar la gran abundancia de éstos: tres por cada superficie de muro, además de la existencia de los singulares matacanes angulares. El lateral Este muestra tres ventanas de arco de medio punto. El lateral norte tiene una gran ventana, con un gran matacán, y, además, dos ventanillas también de arco de medio punto. El lateral de poniente muestra cuatro ventanas, una en la planta baja y las otras en el primer piso; hay también un reloj de sol y diversas aspilleras.

En el interior, la primera planta presenta un gran espacio separado por dos muros paralelos a la fachada principal; en cada paramento se abren dos grandes arcos diafragmas, con tres naves transversales y dos longitudinales, que configuran seis tramos con las respectivas bóvedas de arista como cubierta. La segunda planta repite la estructura de la primera. La tercera planta presenta una terraza rodeada de almenas, con un caminito de ronda que recorre todo el perímetro; en la parte central acoge la torre superior, de menor superficie; aparece también coronada de almenas de forma piramidal.

Castillo de Capdepera

Volveremos a la rotonda pasada y tomaremos la primera salida, que nos llevará directamente a Capdepera, donde observaremos la fortaleza en lo alto de una colina, perfectamente visible e indicado cómo llegar.

El llamado castillo de Capdepera es realmente el recinto fortificado que cerraba el área del centro primitivo urbano, situado sobre una alquería islámica. La construcción de las murallas se acabó en 1386.

El recinto tiene planta trapezoidal, casi triangular, y ocupa la parte alta de una colina. La muralla, que se encuentra coronada con almenas modernas, presentan un corredor de ronda y matacanes defensivos; cuatro torres de planta cuadrada se sitúan entre las murallas: la de la Boira, la de les Dames, la dels Costerans y la d’en Banya. Las puertas son dos, la del Portalet, actual acceso al recinto, y la del rey Jaume.

La torre de Miquel Nunis, en el interior, es de planta cuadrada; probablemente tiene base islámica; era más alta, pero fue derribada parcialmente para construir un molino de viento, denominado d’en Cofeta. Las otras construcciones del interior son la casa del Gobernador, en uso hasta 1856, las casas de los guardas y la vicaría, con fecha de 1760. El oratorio de Nuestra Señora de la Esperanza se encuentra dentro del recinto del castillo. La actual edificación data del siglo XVI, y se construyó sobre una pequeña capilla de principios del siglo XIV, que estaría situada en el primer tramo de la actual iglesia. La fachada presenta un paramento cuadrangular, con un portal ojival y una pequeña claraboya; el remate de la fachada es una espadaña triangular con dos arcos apuntados. El interior tiene planta de cruz latina, con nave dividida en tres tramos y con cubierta de bóveda de crucería; en la primera capilla de la derecha, se conserva un Cristo gótico. El presbiterio está presidido por una imagen de la Virgen de la Esperanza, moderna. El brazo de la izquierda del crucero tiene cubierta de bóveda estrellada.

La población: tiempo de peste

La acentuada inestabilidad social y económica que fue consecuencia de los episodios bélicos relacionados con la reincorporación del reino de Mallorca a la Corona de Aragón (1343-1349), fue seguida por el latigazo de la gran epidemia de peste negra de 1348, que afectó a casi toda Europa occidental. La disminución de la recaudación del morabatí —tributo que pagaban la mayoría de familias- puede resultar indicativo de los efectos de la peste: en 1350, la recaudación de Ciutat había menguado —respecto de 1343- en un 4,4% y la de la Part Forana en un 23,5%. Pero esa sólo fue la primera embestida pestífera. Durante toda la segunda mitad del siglo la población de Mallorca vio reducir sus efectivos como consecuencia de diferentes pestes y de otras enfermedades contagiosas, que la documentación suele denominar genéricamente como morbo; especialmente virulentas resultaron las epidemias de 1362 y de 1375. El miedo y la presencia de estas enfermedades pasaron a formar parte de la experiencia vital de la población mallorquina de la época. En la memoria colectiva, la gran peste de 1348 pasó a ser sólo “la primera mortalitat”, una de las tantas epidemias que diezmaron la población mallorquina en la Edad Media. Por otra parte, la mengua de la población también se vio favorecida por las frecuentes carestías alimenticias y, en general, por la crisis económica por la cual atravesaba el Reino de Mallorca. De hecho, las fuentes institucionales coinciden en señalar la reducción de los efectivos demográficos a fines del siglo XIV: en 1382, las autoridades mallorquinas afirmaban que el día “el dia d’avui [Mallorcha] no és així copiosa de poble com solia”, y en 1392 que “la ciutat e Regne sien al present molt buides de gent!”. Esta tendencia se agravó todavía más como consecuencia de la Revolta Forana de 1450, y de la represión que la siguió. La disminución del morabatín recaudado con posterioridad a ese movimiento social constituye una muestra palpable de la mengua de población motivada, directamente o indirectamente, por las contiendas bélicas, pero también resulta indicativa del aumento del número de familias pobres, que no tenían suficiente riqueza para contribuir al tributo. A pesar de lo anterior, en la segunda mitad del siglo XV la población mallorquina inició rápidamente su recuperación, que se interrumpió —aunque sólo temporalmente- como consecuencia de la peste de 1493-1494. Los efectos de la epidemia, aunque significativos, no impidieron la reanudación del crecimiento, que situó la demografía isleña en niveles próximos a los alcanzados en la primera mitad del siglo XIV. Pero esa dinámica ascendente volvió a interrumpirse de manera inesperada. En esta ocasión, a consecuencia de la Germanía.

Los grupos sociales

En la sociedad mallorquina de la Edad Media coexistieron diferentes grupos sociales, definidos tanto por el origen como por la religión. Una coexistencia marcada por la segregación social a qué sometía el grupo mayoritario -la población cristiana, de origen mayoritariamente catalán- a las dos minorías que también integraban la sociedad mallorquina, los esclavos y los judíos. Estos últimos disponían de una organización autónoma -laAljama- reconocida por el rey. En cambio, la situación de los esclavos -de origen no mallorquín, una vez extinguida la población musulmana autóctona, a finales del siglo XIII- era ciertamente diferente, ya que venía definida por su condición jurídica, concretada básicamente en la privación de libertad y la sumisión a las órdenes del propietario. Tanto los judíos como los esclavos fueron objeto de una severa legislación discriminatoria y de control, que los convertía como grupos aparte de la mayoría cristiana vieja o “denatura”.

Los cristianos viejos o “de natura”

La población de origen catalán constituía en la sociedad mallorquina nacida con la conquista del 1229 el grupo predominante, tanto culturalmente como socialmente y demográficamente. Esto explica que, durante la Edad Media, el apelativo catalán se convirtiese en Mallorca en un sinónimo de cristiano viejo —o de natura, usando la terminología mallorquina de la época- y que fuera empleado, conjuntamente con el genérico cristiano, para distinguir a los cristianos de natura de los esclavos, de los libertos (esclavos que habían conseguido la libertad), de los judíos, los conversos y por los descendientes de todos ellos. Así puede apreciarse en las ordenanzas y capítulos de los gremios, en las disposiciones y órdenes de ámbito general y en documentación de diversa índole. Por ejemplo, en 1384 se mandó que “alcuna filla de cativa e de català o de altre home franc (…) no gos portar draps de seda” y en 1420 se prohibió que el oficio de curtidor fuera ejercido por “negun catiu ne que sia estat catiu, o fill de catiu o cativa, si doncs no era fill de cativa e de català”. En este contexto, esta afirmación onomástica no conllevaba ninguna vindicación de catalanidad política. Simplemente, remitía a una condición social, asociada a un origen mayoritario y a la profesión del catolicismo romano, mediante la cual la mayoría cristiana de natura pretendía remarcar que su condición de grupo social dominante y mayoritario tenía sus raíces en la conquista de Mayûrqade Jaime I.

Los esclavos y los cautivos

Si algo caracterizó la sociedad mallorquina medieval en relación a otras sociedades cristianas de la actual Europa occidental, fue sin duda la importancia que revistió la esclavitud: se ha estimado que la población esclava pudo constituir entre el 10 y el 30% de la población total de Mallorca durante el siglo XIV. Es por lo anterior que la historiografía europea ha llegado a calificar Mallorca como “el centro de la elaboración de la esclavitud moderna” —en palabras de Henri Bresc- o que se ha afirmado —así lo hizo Charles Verlinden- que la situación del reino de Mallorca en la segunda mitad del siglo XIV evoca “aquella que se produce a menudo en las colonias de plantación de América algunos siglos más tarde”. De todas maneras, y en relación a lo anterior, debe tenerse en cuenta que la esclavitud era un hecho habitual en el mundo mediterráneo, tanto en la Cristiandad como en el Islam. La importancia de la esclavitud en el Reino de Mallorca probablemente debe relacionarse con la facilidad existente para el aprovisionamiento de esclavos, que se derivaba de la posición estratégica de la isla en las rutas dedicadas a ese comercio humano. El término con que eran designados normalmente los esclavos —“catius”, es decir, cautivos- resulta indicativo de como se convirtieron en esclavos la gran mayoría: mediante la captura. Pero la esclavitud podía tener además otro origen: el nacimiento. O, más concretamente, tener padres esclavos o ser un “bord” (bastardo) hijo de un padre libre y de una madre esclava. Profesar una religión diferente al cristianismo era uno de los factores que permitían y, en ciertos contextos, hasta propiciaban la esclavitud. En principio los cristianos no podían esclavizar ni ser esclavos de otros cristianos, pero esto no fue óbice para que un gran número de griegos y de sardos, todos ellos cristianos, fueran esclavizados, ni tampoco lo fue para que los esclavos convertidos al cristianismo continuasen privados de libertad. Por lo que respecta al origen de los esclavos, este fluctuó considerablemente:en el siglo XIV predominaron los griegos, los sardos y los musulmanes; en el siglo XV, según el historiador Onofre Vaquer, pueden diferenciarse con claridad dos períodos; a saber: la primera mitad de la centuria, caracterizada por el predominio de esclavos procedentes deEuropa oriental y Asia; y la segunda, que lo fue a su vez por el de los musulmanes norteafricanos negros y turcos.

En la Part Forana, los esclavos solían trabajar en las explotaciones agrícolas de sus propietarios, que normalmente eran terratenientes adinerados, poseedores de alquerías y rahales; en la ciudad, solían trabajar en la artesanía, como trajineros y, especialmente las mujeres, en el servicio doméstico de la aristocracia y de personas acomodadas. La situación de los esclavos conocía una amplia diversidad de situaciones, que comprendían desde lasemilibertad hasta el padecimiento de todo tipo de malos tratos. Buena parte de los esclavos —a excepción de aquellos que ya eran cristianos- se convirtieron al cristianismo, o eso es lo que se desprende del hecho de que adoptasen una onomástica procedente del santoral cristiano.

El propietario podía liberar el esclavo en su testamento o concederle la libertad cuando lo hubiera servido durante un cierto tiempo. Pero las liberaciones voluntarias no eran una cosa habitual. Normalmente, para poder liberarse, el esclavo tenía que establecer con su propietario —que debía prestar su consentimiento previo- un contrato de talla o de setmana. Estos contratos conocían varias modalidades, pero todos coincidían en lo esencial: fijaban un precio para su liberación y lo situaban en una condición de semilibertad, lo que le permitía alquilar bienes inmuebles, trabajar por cuenta ajena y negociar, normalmente haciendo préstamos, con las ganancias que hubiera obtenido mediante el ejercicio de estas actividades. No es de extrañar, por tanto, que las ansias de libertad propiciasen la autoexplotación de la mano de obra esclava.

Los esclavos en proceso de liberación (denominados “setmaners” en la documentación) solían trabajar como jornaleros en las explotaciones agrícolas, talleres y otras actividades que requerían mano de obra suplementaria. Pero las diferencias entre los salarios masculinos y femeninos jugaban en contra de las esclavas “setmaneres” y hacían más difícil que pudieran conseguir regularmente la cantidad fijada como pago. Seguramente esto explica que muchas se viesen forzadas a recurrir a la prostitución; de hecho, setmanera y prostituta llegaron a convertirse en términos sinónimos. Esta práctica, que fue prohibida repetidamente, debía de ser una de las pocas posibilidades de qué disponían las esclavas para reunir el importe que debían pagar como precio de su libertad.

Si el esclavo llegaba a pagar el importe fijado en el contrato, obtenía su liberación y pasaba a ser “franc i alforra” (liberto). Una vez libre, tenía dos opciones: regresar a su lugar de origen u optar por establecerse definitivamente en la isla, dedicándose a las actividades características de los estratos más bajos de la población. Jurídicamente, nada diferenciaba al antiguo esclavo o esclava del resto de personas libres. Pero la igualdad jurídica no suponía en realidad el fin de la segregación: haber sido esclavo o ser hijo de esclavos constituía una especie de estigma social, como lo muestra que los antiguos esclavos y sus descendientes fueran privados de ejercer determinados oficios o que, normalmente, los libertos se casaran con libertas.

Los judíos y los conversos

La población judía mallorquina, que vivía organizada en una comunidad regulada según la ley judaica -aljama-, vivía concentrada en el call (judería) de Inca y, en su gran mayoría, en el de Ciutat, aunque se documenta su presencia en numerosas villas. Los judíos, a causa de sus creencias religiosas, fueron víctimas de una segregación que se incrementó paulatinamente y que llegó a obligarlos, por ejemplo, a ir vestidos con una indumentaria o símbolos distintivos. También fueron privados, mediante la ley o por la práctica consuetudinaria, de una parte significativa de los derechos de qué disfrutaba la mayoría cristiana, como el acceso a los cargos administrativos. Además, fueron objeto de frecuentes persecuciones y de continuas prácticas intimidatorias, sobre todo durante la Semana Santa. Al odio y animadversión de qué eran objeto por su religión, se añadía el motivado por una de sus actividades más características, junto con el comercio y los trabajos de la artesanía: el préstamo dinerario. Ciertamente, los judíos se aprovechaban -como lo hacían también muchos cristianos- de las dificultades económicas que asfixiaban los prestatarios, pero no es menos cierto que no eran la causa de esa situación. Las amenazas y las agresiones de tipo esporádico se convirtieron en un alboroto generalizado cuando, en julio de 1391, se propagó en Mallorca la oleada de antisemitismo que, aquel año, se había extendido, como una mancha de aceite, en gran parte de la Europa católica y que solía materializarse en persecuciones y asaltos en las juderías. En agosto de 1391, un gran número de hombres de la Part Forana, a los cuales se unió un buen número de residentes en Ciutat, destruyó el Call deInca y asaltó el deCiutat y, al parecer, también hicieron lo mismo con las viviendas de los judíos del resto de villas de Mallorca. Es cierto que este levantamiento tuvo también una indudable vertiente reivindicativa -sus portavoces solicitaron, entre otras iniciativas, la supresión de los impuestos indirectos y profundas reformas institucionales-, pero no es menos cierto que este episodio no se puede desligar del intenso antisemitismo de la mayoría cristiana “de natura”.

Los asaltos y saqueos causaron el pánico de los judíos mallorquines: muchos huyeron, sobretodo al norte deÁfrica y los hubo también que continuaron residiendo en la isla, convirtiéndose al cristianismo. Aún así, una fracción importante de los judíos mantuvo su residencia en Mallorca. La conversión no libraba a los antiguos judíos de la segregación ya que, tal como afirma el historiador Pau Cateura, el converso continuaba siendo un ciudadano bajo sospecha. Bajo la sospecha de querer huir a África y abrazar de nuevo el judaísmo, o de practicarlo en privado y de relacionarse con los judíos que continuaban habitando en el Call. En 1435, ante el peligro de volver a sufrir un ataque parecido al de 1391, la totalidad dejudíos mallorquines se convirtieron al cristianismo. Una conversión que, muy a menudo, sólo fue nominal lo que motivó, a partir del 1488, las persecuciones de la nueva Inquisición castellana.

El incremento de la fiscalidad y la deuda pública

En los últimos decenios de la dinastía privativa de Mallorca, y sobre todo a partir de la reincorporación del Reino de Mallorca a la Corona de Aragón, se asistió a un aumento continuado de la presión fiscal. Ese aumento de la fiscalidad, común a los diferentes territorios de la Corona de Aragón, estaba causado básicamente por dos causas. En primer lugar, por la financiación de la política expansionista de la Corona de Aragón en el Mediterráneo. En segundo lugar, por la voluntad de la monarquía de mantener el volumen de sus rentas, muy menguadas como consecuencia de la crisis agraria y de diferentes epidemias, entre las cuales destaca la Peste Negra de 1348. Esta fiscalidad conoció dos modalidades básicas: la indirecta, que gravaba determinadas actividades y el tráfico de productos, sobre todo de los de primera necesidad, y de las mercancías; y la directa, implantada sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIV, que consistía en repartir la cuota fiscal asignada a cada población (la talla) entre sus vecinos, en función de la riqueza decada uno de ellos.

La Universidad del Reino de Mallorca, ante la insuficiencia de los mecanismos recaudatorios ordinarios, tuvo que recurrir a la emisión de deuda pública para poder paliar su falta de liquidez. La adquisición de la gran mayoría de esta deuda por acreedores del Principado de Cataluña provocó un problema añadido, la constante sangría de moneda hacia otras entidades políticas. El endeudamiento por este concepto pronto adquirió proporciones alarmantes. En 1372, el pago de los intereses consumía el 90% del total de los impuestos ordinarios. El diseño y aplicación de diferentes planes de reforma de la hacienda del Reino no pudieron impedir su quiebra. En 1405 se acordó el denominado Contrato Santo, mediante el cual todos los ingresos procedentes de los impuestos se dedicaron al pago y la amortización de la deuda. Este Contrato no consiguió solucionar la crítica situación de las finanzas, a causa del desequilibrio existente entre los ingresos y los gastos del Reino y, seguramente, porque la liquidación de la deuda no interesaba a buena parte de la clase dirigente isleña, puesto que iba incrementando paulatinamente su importancia como acreedora del Reino y que pasó a obtener buena parte de sus rentas por este medio.

Esta situación se agravaba todavía más por una constante en la historia del Reino de Mallorca, las frecuentes carestías de cereales, que obligaban a la Universidad del Reino a llevar a término continuas compras de trigo en mercados exteriores para el abastecimiento de la isla. El drenaje de moneda que suponían estas compras sólo era paliado por los ingresos reportados por las dos principales fuentes de ingresos del Reino: en primer lugar, y no necesariamente por orden de magnitud, la actividad mercantil, que mantuvo su importancia, a pesar de la contracción del tráfico comercial en el Mediterráneo; en segundo lugar, laexportación detejidos mallorquinesen diferentes mercados mediterráneos, sobre todo italianos. La manufactura textil mallorquina se benefició de la abundancia de la producción de lana de la isla y del control de determinados mercados por la Corona de Aragón, como el sardo y el siciliano, y experimentó un gran desarrollo en la segunda mitad del siglo XIV, que continuó durante todo el siglo XV. Como consecuencia de ese desarrollo, la actividad manufacturera devino uno de los puntales de la economía isleña, tanto por el volumen de los ingresos que generaba, como por la población que estaba involucrada, directamente o no, en su producción.

La segunda mitad del siglo XIV y el siglo XV serían momentos difíciles para la agricultura mallorquina, puesto que la producción agraria, sobre todo la de cereales, descendió muy por debajo delos niveles alcanzados durante la primera mitad del siglo XIV. Esa disminución, que se enmarca en una tendencia recesiva similar a la que se experimentaba en el resto de economías feudales, no se debía únicamente a la mengua de población que se produjo en Mallorca durante esta época, como se deduce del hecho que las cosechas disminuyesen tanto en magnitudes absolutas como también en lo que concierne a la producción por cápita, que también se redujo significativamente durante la segunda mitad del siglo XIV. Por lo tanto,en esa tendencia recesiva intervenían a la vez diferentes factores, que iban desde la misma crisis demográfica hasta la reconversión de espacios de cultivo en pastos dedicados a la ganadería, ya que esta última actividad se veía estimulada por el incremento de la demanda de lana generado por la manufactura textil mallorquina y, en buena parte, del exterior de la isla, fundamentalmente de las repúblicas italianas.

El Reino de Mallorca, parte de la Corona de Aragón

Tras su reintegración a la Corona de Aragón (1343), el Reino de Mallorca conservó sus instituciones, hasta que fueran abolidas por el Decreto de Nueva Planta. En consecuencia, su única vinculación con el resto de territorios de la Corona fue compartir el mismo rey y la asistenciaa las Cortes Generales. Los reyes, como también era habitual en tiempo de la dinastía privativa de Mallorca, no residían en Mallorca, sino que delegaban sus atribuciones en un gobernador o en un lugarteniente, que gobernaba el Reino en su nombre. La Universidad de la Ciudad y Reino de Mallorca y su consejo -posteriormente denominado Gran i General Consell- se convirtieron en el máximo organismo del Reino, con unas atribuciones parecidas, pero de menor rango, a las que tuvieron las cortes en los otros territorios de la Corona. En el Consejo estaban representados los diferentes estamentos de la Ciudad (los caballeros, los ciudadanos, los mercaderes, los menestrales) y el conjunto de los habitantes delaPart Forana (forans o pagesos). El sistema de representación distaba mucho deser proporcional. Ninguno de los jurados era forà yel número de los consejeros de la Ciutat —aunque estaban divididos en estamentos- rebasaba ampliamente a los dela Part Forana, que sólo constituían, aproximadamente, una tercera parte del total. Las continuas quejas de los forans no pudieron impedir que se primasen los intereses de la Ciudad. La gente de las villas veía cómo la Part Forana era objeto, globalmente, de una fiscalidad que no estaba acorde con la riqueza de sus vecinos. Y los forans también se daban cuenta que una parte significativa de la aristocracia ciudadana, particularmente la que tenía un origen forà, conseguía eludir la fiscalidad mediante diversas artimañas. Por otra parte, la mayoría de inversiones y gastos se concentraban en la Ciudad. Los forans también se quejaban de las continuas malversaciones de los fondos públicos que protagonizaban los diferentes bandos o facciones que luchaban por el control de la Universidad del Reino de Mallorca. Se había sembrado la semilla del conflicto armado entre la Part Forana y las clases dirigentes de laCiutat, que brotó por primera vez en 1391, y que estalló de manera estrepitosa en la Revolta Forana de 1450.

La Revolta Forana

LaRevolta Forana enfrentó la mayoría de la población de las villas con las clases dirigentes de laCiutat y con una parte de los payeses acomodados (recatxats). Tal y como explica el historiador Guillem Morro, sus causas, a excepción del antisemitismo, fueron básicamente las mismas que habían causado la primera revuelta de 1391: poner freno al incremento de la fiscalidad, conseguir la redistribución de la carga fiscal entre la Ciudad y la Part Forana, y acabar con la corrupción administrativa del Reino de Mallorca, que se había agravado todavía más debido a la lucha de bandos que enfrentaba la oligarquía ciudadana.

La chispa que encendió definitivamente los ánimos de los forans fue la exigencia, en 1450, de un capbreu (declaración de posesiones) sobre los bienes de realengo. El capbreu comportaba, para los poseedores de los bienes, la obligación de presentar los instrumentos notariales que pudieran demostrar sus derechos sobre la tierra que poseían y que muchos no tenían o habían perdido. En Manacor y Petra los encargados de la confección del capbreu fueron apedreados ytuvieron que refugiarse en Ciutat. Poco tiempo después, forans armados, procedentes de diversas poblaciones, empezaron a reunirse y a prepararse para el combate.

Día 26 de julio se concentraron enInca hombres de diferentes villas. Al día siguiente se presentó ante las murallas de Ciutat un ejército de unos 5.000 pagesos (es decir, payeses, término con el cual eran conocidos también los forans), que sitiaron Ciutat, cortando el agua de la acequia de la font de la Vila, que abastecía la población. Los forans, que contaban con las simpatías de buena parte de los artesanos deCiutat, no se retiraron hasta el 1 de agosto, gracias a la mediación del obispo deUrgell. Antes de retirarse, entregaron al gobernador un memorial de 31 capítulos que contenía sus reivindicaciones. En estos capítulos se solicitaba la supresión o reforma de diferentes cargas fiscales, se denunciaba la corrupción de la administración del Reino y los excesos que cometían en la Part Forana diferentes cargos y oficios reales, como también el hecho que en la Universidad del Reino se ignoraban diferentes privilegios concedidos a la ruralía mallorquina. Pero, sobretodo, los capítulos cargaban contra la oligarquía ciudadana, a la cual acusaban de haber causado la ruina del Reino como consecuencia de las luchas de bandos y de haberse apropiado de más de 112.000 libras procedentes de los caudales públicos. Los forans exigían la restitución al erario público de las cantidades de qué se habían apropiado los que habían ejercido los cargos, demandando además que se cumpliera la legislación vigente en materia de pago de la deuda pública.

Pero las demandas iban más allá, puesto que los forans propusieron que laPart Forana se separara administrativamente deCiutat y que, en caso de que se perjudicase de forma notoria a los intereses del rey o de que se contraviniesen los capítulos, los payeses se pudieran reunir y actuar defendiendo, según su argumentación, los intereses de la monarquía, “per exaltació de la dita corona reial o morir tots temps en defensió d’aquella”.

Los sublevados, por tanto, siempre se presentaron como súbditos fieles del rey y como defensores de los intereses de la Corona. Una imagen, o una actitud, que las clases dirigentes deCiutat trataron de contrarrestar convirtiéndola en una subversión política. La oligarquía ciudadana afirmaba que los forans pretendían entregar el Reino de Mallorca a Renato de Anjou, rival del rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, puesto que el mencionado Renato era el sucesor de los derechos hereditarios de la hija de Jaime IV sobre el Reino de Mallorca.

El 20 de enero de 1451 el rey se pronunció sobre lo acontecido durante el levantamiento forà, de manera totalmente contraria a los intereses de los sublevados: en la práctica, los capítulos restaron derogados y se obligaba a la Part Forana a indemnizar a los ciudadanos por los daños causados durante el asedio. Estas decisiones del rey debieron decidir al gobernador, Berenguer d’Olms, a iniciar la represión. El rey le había concedido poder extraordinario para que dictaminase en su nombre sobre los hechos del alzamiento. El gobernador impuso durísimas condiciones a los payeses a cambio de su absolución: que renunciasen, a favor del monarca, al cobro del dinero del cual se consideraban deudores, y que las villas, en concepto de servidumbre perenne e irredimible, pagasen 2.000 libras cada año. Lo anterior, la condena a muerte de dos dirigentes foráneos, y que se tuviera en cuenta la acusación según la cual los forans querían entregar el Reino a Renato de Anjou, propició que se volviera a producir un nuevo levantamiento forà, esta vez dirigido por los elementos más radicales de la ruralía.

El 18 deabril, el ejército payés, esta vez encabezado por en Simó Tort Ballester, volvió a asediar Ciutat. No se retiró hasta día 24 de abril, tras haber conseguido que el gobernador les otorgase el perdón por todos los crímenes que les eran imputados y la condonación de todos los daños que los labradores hubieran causado en las haciendas y bienes de los ciudadanos y de los forans contrarios al levantamiento (recatxats). A partir de entonces, el gobernador puso en práctica otra estrategia: enfrentar a los forans contrarios al levantamiento con los partidarios de la revuelta. Trataba, en definitiva, de convertir el levantamiento en una guerra civil. Con este objetivo el 29 de abril el lugarteniente del gobernador, Jaume Cadell, se dirigió a diferentes villas, llegando a reunir un ejército de unos 1.500 payeses. Cuando los dos ejércitos se encontraron en las proximidades de Muro, los hombres de Cadell no hicieron caso de sus arengas y la gran mayoría se unieron a los sublevados.

Seguramente con la moral alta por este hecho, el 5 de mayo los forans se volvieron a presentar ante las puertas de Ciutat, iniciando un nuevo asedio, el más largo y efectivo. En esta ocasión cortaron el abastecimiento de agua y consiguieron bloquear el abastecimiento de víveres de la población. También habían establecido tratos con un grupo de artesanos de la ciudad, dirigidos por el pelaire Pere Mascaró, que el 12 de mayo debía abrirles las puertas de la muralla. Pero estos artesanos fueron traicionados y algunos de ellos fueron detenidos y ejecutados. Fracasado este intento, los sublevados construyeron una especie de ariete, con el cual querían derrocar una parte de la muralla.

Mientras esto sucedía, tanto los ciutadans como los forans remitían continuas embajadas a la Corte de la reina en Barcelona. Una iniciativa que, en principio, resultó favorable a los forans, puesto que la monarca decidió enviar a Mallorca dos comisionados para negociar la firma de un tratado de paz, juntamente con el gobernador y una comisión negociadora integrada por un miembro de cada municipio de la Part Forana. Atendiendo al éxito, cuando menos aparente, de los tratos con la reina, los forans empezaron a levantar el asedio día 3 de junio. Desgraciadamente para ellos, las negociaciones no tuvieron otro efecto que el gobernador, Berenguer d’Olms, fuese destituido por la reina.

Las negociaciones con la corte del rey en Nápoles no siguieron el mismo camino, puesto que el rey decidió apoyar a los ciudadanos, enviando a Mallorca un ejército de mercenarios, compuesto de 1.000 soldados profesionales y de 400 caballeros que día 30 de agosto destrozó la hueste payesa. La derrota de la revuelta era una realidad incontestable, a pesar de que la resistencia de un pequeño grupo de sublevados se prolongase hasta 1453, cuando fueron capturados. Durante la primavera y el verano del 1453 las autoridades llevaron a término una feroz represión que llenó de hombres colgados y ajusticiados los principales cruces de caminos.

A pesar de la derrota y la represión de la revuelta, el rey aún no había dictado sentencia sobre los hechos, que se demoró hasta 1454. La sentencia, en realidad un conjunto de resoluciones reales, restituían, sin ningún tipo de modificación, el estado de cosas anterior al levantamiento. Además, el rey condenó a la Part Forana al pago de una multa de 150.000 libras, a la satisfacción de los impuestos que había dejado de pagar durante la revuelta, que sumaban 100.000 libras, y a pagar a la mitad del coste del mismo ejército que había derrotado a los payeses, y de 24.000 libras más en concepto de daños.

Por consiguiente, el pago de las multas y las indemnizaciones se añadió a los efectos de la represión de la revuelta. La mengua de la recaudación del tributo del morabatín -usado como indicador demográfico- refleja la disminución y el empobrecimiento de la población durante la segunda mitad del siglo XV. Por otra parte, los altos niveles de endeudamiento ahogaban a las economías de los forans acomodados, en su mayoría poseedores de las explotaciones más importantes, las alquerías y rahales. Muchos tuvieron que hipotecarlas y, finalmente, los más de estos se vieron obligados a venderlas a aristócratas de Ciutat oa forans acomodados. Además, buena parte de estos últimos trasladaron su domicilio -el oficial, al menos- a Ciutat, con el fin de rehuir el pago de las indemnizaciones y de la fiscalidad municipal, dado que se contribuía en el lugar de residencia oficial y no en el término en el cual se poseían los bienes. Esas transferencias de dominio y de cambio de residencia acentuaron todavía más el peso de todas las cargas fiscales que recaían en las haciendas municipales de las villas foráneas y, consecuentemente, sobre las espaldas de sus vecinos.

La Germanía

En principio, La Germanía fue primordialmente un levantamiento antifiscal, que pretendía básicamente la consecución de reformas institucionales. Otra cosa es que derivase en una subversión del orden establecido. Aunque resulta evidente que estaba inspirada y relacionada con movimientos coetáneos -las Comunidades de Castilla, y, sobre todo, la Germanía valenciana- parece haber un relativo consenso entre la historiografía a la hora de considerar que la Germanía era básicamente un rebrote de la conflictividad social que ya había estallado en el asalto en Ciutat de 1391 y en la Revolta Forana de 1450. En torno a 1520, la deuda pública absorbía la práctica totalidad de los ingresos del Reino. El peso de la fiscalidadresultaba cada vez menos soportable para los vecinos más humildes de la Ciutat y para la gran mayoría de los residentes en la Part Forana, que soportaban una mayor presión fiscal por cápita. No es de extrañar, por tanto, que los payeses endeudados continuasen viéndose obligados a vender sus haciendas a la aristocracia ciudadana. El problema que suscitaba la forma de contribución parecía haberse resuelto mediante una sentencia de Fernando el Católico, en la cual ordenaba la confección de un catastro, que debía servir de base para que todo el mundo contribuyera a las arcas públicas en función de su riqueza y para que lo hiciese allí dónde poseyera los bienes. Pero años después, finalizado el año 1520, todavía no se habían iniciado los trabajos para la realización del catastro. Según el historiador Josep Juan Vidal, el aragonés Miguel de Gurrea, virrey desde 1512, se enfrentaba continuamente con sus subordinados, cosa que sucedía, por otra parte, cuando se consolidaban oligarquías que controlaban los gobiernos municipales gracias a las manipulaciones del sistema de insaculación. Y, además, las continuas carestías de víveres básicos —trigo, fundamentalmente- y la exagerada elevación de los precios exasperaban los ánimos de la gran mayoría de la población.

El estallido de la Germanía valenciana debió de decidir a los menestrales mallorquines a poner en marcha un movimiento similar. En diciembre de 1520 ya se conocía la celebración de reuniones secretas, en las cuales los artesanos expresaron sus intenciones de ponerse en contacto con los agermanados valencianos y proceder a la quitación (supresión) de la deuda pública. Día 6 de febrero, el gobernador ordenó la captura de siete de los conspiradores, que el día siguiente mismo, el día del jueves lardero, serían liberados por un levantamiento integrado por artesanos armados. Entre los liberados, se contaban Joanot Colom y Joanot Crespí, los dos principales líderes de los agermanados. Este último, elegido capitán y instador, intentó mantenerse dentro los límites de la legalidad, por lo que solicitó permiso a las autoridades por constituir comisiones, integradas por representantes de los oficios de la artesanía y por las mismas autoridades, que debían revisar los libros de la Consignación, donde constaban las deudas del Reino e iniciar la redención —la quitació o Santa Quitació- de las deudas.El 16 de marzo del 1521, se destituyó el gobernador por el hecho de ser aragonés, ya que según un privilegio del siglo XIV los de ese origen no podían ejercer el cargo. El mismo día, empezaron a llegar, unos tras otros, representantes de todas las villas, a excepción de Alcúdia, con la finalidad de manifestar su apoyo a la rebelión. El 16 de abril se creó la tretzena, una asamblea constituida por trece miembros, encabezada por Crespí, que empezó a ejecutar, entre grandes muestras de entusiasmo popular, la quitación (supresión) de la deuda y la confección del catastro. Muchos de los contrarios a la Germanía -denominados mascarats, que en su mayoría eran personas adineradas y miembros de la aristocracia–, empezaron a huir, unos embarcándose fuera de la isla y el resto en Alcúdia y Menorca. Mientras tanto, una carta del emperador Carlos, recibida el 30 de marzo, declaraba ilegal la Germanía,amenazando los agermanados con un castigo ejemplar si no readmitían a Miguel de Gurrea, refugiado en Eivissa, como gobernador y no le obedecían como tal. Como consecuencia de esta ilegalización, los ánimos de los agermanados se encendieron todavía más, y empezaron a multiplicarse los actos de violencia contra los mascarats. El 29 de julio, los agermanados asaltaron el castillo de Bellver y asesinaron a muchos de sus defensores. El día 23 de septiembre la tretzena desautorizó a Joan Crespí, líder de la facción moderada de los agermanados, que fue sustituida en el control de la Germanía por Joanot Colom, cabeza visible de la facción radical. Poco tiempo después Crespí fue encarcelado y posteriormente asesinado, al parecer por Francesc Colom, hermano deJoanot Colom. Este último, nombrado instador, emprendió una medida todavía más radical, la supresión de los impuestos indirectos. El control agermanado de la isla era casi total. Sólo restaban sin reducir el castillo de Santueri y la villa de Alcúdia, la única población importante amurallada de la ruralía de Mallorca, donde se habían refugiado un gran número de mascarats. No es de extrañar que el objetivo de los agermanados pasase a ser Alcúdia. Día 11 de noviembre, un ejército de entre cinco mil y seis mil hombres de la Ciudad yde la Part Forana hizo acto de presencia junto a las puertas de Alcúdia. Se iniciaba un asedio que, pese a las diferentes tentativas agermanadas, contrarrestadas por incursiones de los antiagermanados desde Alcúdia, duró hasta finales de septiembre de 1522. En esos días, y tras un intento desesperado de tomar la población, los agermanados decidieron levantar el asedio. Tanto los sitiadores como los sitiados sabían que en poco tiempo llegaría a la isla una armada del emperador por reduhir todo lo reino. Aproximadamente el 13 de octubre llegó a Ciutat la armada del emperador, que posteriormente se dirigió a Alcúdia. Un total de trece naves llegaron a esa población y, entre los refugiados yla armada, se reunió un ejército de cerca de 2.500 hombres, que el día 24 de octubre inició la ocupación de la isla. La primera villa en caer fue Pollença, saqueada por el ejército imperial y en donde más de doscientas personas, mayoritariamente mujeres y niños, murieron asfixiadas dentro de la iglesia. Las derrotas —verdaderas sangrías- de los agermanados en Son Fornari y Rafalgarcés no hicieron sino confirmar la superioridad del ejército imperial, que a últimos de año ya había ocupado toda la isla, a excepción de Ciutat, que resistió hasta el marzo del 1523. La Germanía había acabado; empezaba una represión de una dureza inaudita hasta la época.