El foro: la plaza pública y centro de la ciudad

Para ir a este punto deberemos dar un rodeo en nuestro recorrido. Volveremos a la calle Zanglada y la recorreremos hasta topar con la calle de Sant Roc. En la esquina con la calle Estudi General encontremos el Estudi.

El foro en las ciudades romanas era su centro neurálgico. Allí se encontraban las principales instituciones cívicas de la urbs: el templo o templos, para rendir culto a los dioses y al emperador; la basílica, con las funciones de tribunal de justicia y comercial; el comitium, formado por el Senado, con funciones electorales y legislativas; el tesoro; el archivo; y las curias (funciones legislativas). A día de hoy parece muy probable que el foro de Palma debió de estar en la parte más alta de la ciudad, justo detrás de la actual Catedral. Esto lo sabemos sobre todo gracias al estudio de la trama urbana fosilizada en las actuales calles del centro de Palma, al hallazgo de los restos de una edificación monumental encontrada en el Estudi General Lul·lià, a las edificaciones ya expuestas al norte del ábside de la catedral, y a la calle con plintos para estatuas documentados en las dependencias anexas también al lado norte de la Catedral.

Las calles que rodean el edificio del Estudi General formaban parte de la trama urbana romana, estructurada rígidamente en cuadrícula. La calle de Sant Roc, de clara orientación norte-sur, sería heredera del cardo máximo romano, mientras que la calle Estudi General ocuparía el lugar del decumano mayor, orientado de este a oeste. La intersección de ambas calles determinaría igualmente la ubicación del foro. Paralelas a éstas, discurrían las calles secundarias que reforzaban esta trama urbana de tendencia ortogonal.

El Museo de Mallorca

Para finalizar el recorrido, iremos hasta el final de la calle Sant Roc, giraremos a la izquierda por la calle Capiscolat. Continuaremos y daremos a la calle de Sant Pere Nolasc. Seguiremos recto hasta encontrar la intersección de las calles Morey, Miramar, Puresa y Portella. Nos meteremos por esta última donde encontraremos el Museo de Mallorca en el número 5.

En el Museo de Mallorca —instalado en el inmueble conocido como Ca la Gran Cristiana- se puede ver una pequeña selección de gran parte de los mejores materiales de época antigua encontrados en Mallorca y sus aguas.

Una vez pasadas las salas de prehistoria y protohistoria, la ruta continua por unas vitrinas donde se puede apreciar parte del cargamento de la nave romano republicana encontrada en la Colònia de Sant Jordi, y que debió naufragar en un momento cercano al 100 a.C. A continuación está expuesta una muestra tipológica de las ánforas romanas más comunes del mar de Mallorca, y una serie de lingotes de plomo encontrados en aguas de Cabrera. En la misma sala se muestran materiales ya de época romana, pero encontrados en santuarios de tradición indígena talayótica. Entre estos destacan sobremanera las figuritas de bronce descubiertas en el santuario de Son Corró de Costitx.

La relación comercial entre Roma y la isla fue intensa, y empezó mucho antes de que la conquista romana. Las principales pruebas de ello son los hallazgos de ánforas, ajuares y otros objetos cerámicos, muchos de ellos marcados con la firma del ceramista, que es muy útil para conocer su datación y procedencia. En el Museo de Mallorca encontramos varios exponentes de estos objetos. La cerámica más común encontrada es la llamada terra sigillata. Ésta era de color rojizo brillante, en ocasiones se decoraba con figuras y elementos estampados, y se fabricaba en Arezzo (Italia). También encontramos más objetos cerámicos de otras zonas de Italia, Hispania, Sur de la Galia y Norte de África. Entre estos, había funcionales (culinarios, lucernas) y suntuarios o de adorno (vidrios, bronces, joyas, telas, etc.). También fruto de estos contactos se han encontrado una gran cantidad de monedas de oro, plata y bronce.

A parte de estas importaciones, debemos señalar que en la ciudad romana debían existir talleres artesanos dedicados a la fabricación de objetos necesarios para el devenir cotidiano, como herramientas, tejidos, muebles y, también, cerámica de fabricación local.

Seguidamente, ya se pasa, dentro del museo a una serie de salas propiamente de época romana, donde se recrea una taberna (es decir, una tienda), parte de una domus (casa señorial) con su atrio y su cocina, y un columbario (lugar donde se depositaban las cenizas de los difuntos). En la taberna y en la cocina de la domus se encuentran numerosos objetos cerámicos de la época, ya sean para cocinar, como servicio de mesa, o de despensa. En el columbario, a parte de algunas urnas que contenían las cenizas de los difuntos, también se pueden apreciar algunas de las lápidas sepulcrales de la necrópolis de Sa Carrotja (Santanyí), lugar donde apareció el conjunto epigráfico romano más importante de la isla.

Dejamos la época romana en el museo, para adentrarnos en la sala dedicada al tiempo de la Antigüedad tardía, que en el caso de Mallorca abarca del siglo V al X d.C. En ella se puede contemplar el escaldasalses de vetrina pesante hallado en Pollentia, una cerámica propiamente bizantina del siglo IX d.C. También se pueden ver diversos plomos funerarios con inscripción hebraica hallados en Les Fontanelles de Son Torrella en Santa Maria del Camí, que se pueden fechar entre el final de siglo IV e inicios del siglo V d.C., y presentan un texto gravado que repite el nombre Semuel Bar Haggay, es decir, ‘Samuel hijo de R. Haggay’. Además se exhiben unos apliques metálicos de Son Oms, una botellita de vidrio de Son Peretó y varias monedas entre las que destacan dos solidus de oro encontrados en la basílica de Son Fadrinet (Campos). Precisamente de esta basílica proceden los mosaicos que cubren gran parte de la superficie de la sala.

Otros núcleos de población

Además de las dos ciudades de nueva fundación citadas en este fascículo y en el anterior, las fuentes escritas nos hablan de dos ciudades más en Mallorca que disfrutaron del derecho latino, llamadas Guium y Tuccis, e, incluso, de otra llamada Bocchorum. La diferencia con Pollentia y Palma podría estribar en que procedían de núcleos de población de época talayótica.

La ubicación de Bocchorum, aunque no se sabe con certeza, podría ser cerca del Puerto de Pollença, por el valle de Bóquer y el Pedret de Bóquer. Se han hallado restos arqueológicos en la superficie como dos placas de bronce. De los otros dos núcleos citados, de momento no se han encontrado pruebas arqueológicas que demuestren sendos emplazamientos. Tan solo se conoce el nombre de un ilustre habitante de Guium.

Sin embargo, el hecho de que los autores clásicos no hablen de más núcleos poblacionales, no significa que no existieran. La causa de su desconocimiento podría ser o que no fueran tan importantes o que no estuvieran ligados a Roma, de ahí que no fueran citados en fuentes clásicas. Los numerosos restos encontrados en Ses Salines, Santa Maria del Camí, Santanyí y otros lugares, hacen pensar en la posibilidad de que en estos sitios hubiera centros de población de cierta entidad.

Datos y descargas

Dificultad:
Moderada

Duración:
2 horas aproximadamente.

Longitud:
4 Km a pie aproximadamente.

De interés:
Casas del barrio de la Portella. Foro romano, especialmente el Templo Capitolino y la hilera de tabernas. Teatro romano. Museo arqueológico.

La entrada básica combinada para visitar el yacimiento y el Museu Monogràfic de Pol·lèntia es de 2 €. Se puede llegar desde Palma en transporte público. Junto a la entrada al yacimiento existe un aparcamiento gratuito.

Descargas:

Introducción

Pol·lèntia fue probablemente la capital de la isla de Mallorca en tiempos de los romanos. Actualmente, es un conjunto patrimonial de primer orden en el contexto insular. Su excepcional ubicación junto a la actual villa de Alcúdia, que surgió con la llegada de los musulmanes a la zona, la ha mantenido a salvo de progresivas transformaciones y reutilizaciones, y todavía se encuentra en gran parte enterrada. Las excavaciones realizadas en los últimos sesenta años por equipos de arqueólogos nacionales e internacionales han permitido documentar rigurosamente el proceso histórico de utilización y la evolución histórica de la ciudad, que se prolonga desde los años 70-80 a.C. hasta el siglo VII, y han puesto de manifiesto la existencia de dos fases constructivas bien diferenciadas, la primera de las cuales se sitúa en la época republicana y la segunda en torno al siglo III d.C. y hasta el siglo VI d.C.

El yacimiento fue descubierto en el siglo XVII, a raíz de diversos hallazgos de monedas y esculturas, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se hallaron unas lápidas funerarias que se relacionaron con la ciudad romana que mencionan las fuentes clásicas. Los primeros estudios históricos sobre la ciudad empezaron en el siglo XIX, y las primeras excavaciones, entre 1924 y 1928, fueron realizadas por G. Llabrés y R. Isasi, a los cuales sucedió J. Llabrés entre 1942 y 1948. Con posterioridad, L. Amorós, V. Ruiz Argilés y B. Ensenyat realizaron la excavación de diversas necrópolis, pero la titularidad privada de las fincas obligaba a los investigadores a recubrir de nuevo las trincheras una vez acabados los trabajos de excavación. La documentación que queda de esa época es, además, muy escasa. Mucho se tiene que agradecer a la Fundación Bryant como promotora de las primeras excavaciones sistemáticas y rigurosas en la ciudad, que se realizaron en el año 1952 en su teatro romano; posteriormente el equipo (L. Amorós, M. Almagro y A. Arribas) se trasladó a la finca conocida como La Portella, donde, a partir de 1957, recuperaron gran parte de un barrio residencial así como una muralla que cerró la ciudad durante el siglo III, momento en el que ésta había sufrido una constricción en su extensión. Muchos materiales de estas intervenciones se encuentran actualmente en el Museu Monogràfic de Pol·lèntia (Alcúdia) y constituyen un importante conjunto arqueológico tanto por su calidad técnica como por su valor cultural.

La arquitectura romana

La historia de Roma se divide en 3 períodos: Monarquía (s. VIII-IV a.C.), República (s. III-I a.C.) e Imperio (27 a.C. – 476 d.C). La época de mayor esplendor de Roma es la imperial, concretamente del siglo I a.C. al II d.C. A partir del siglo III se iniciará una época de crisis que culminará en la caída del Imperio Romano de Occidente en poder de los visigodos.

Las manifestaciones arquitectónicas romanas de la época imperial reflejan la grandeza del emperador, la magnificencia de su gobierno, convirtiéndose en el perfecto exponente del arte al servicio del poder. Esto se traducirá en la monumentalidad de su arquitectura, que plasma perfectamente la ideología imperial.

La perfección y desarrollo de la arquitectura romana es la principal aportación de su civilización, de la que beberá la historia del arte posterior. Los romanos, a diferencia de los griegos, prestaron mucha atención al espacio interior (al igual que al exterior), el cual debía ser apto para el deambular del hombre. Esto se debe a una mentalidad racional y práctica cuyo funcionalismo se verá reflejado en toda manifestación arquitectónica y urbanística. Los arquitectos eran más ingenieros, ya que prevalecía el funcionalismo por encima de toda concepción estética (a diferencia de los arquitectos griegos que eran casi escultores). Sus elementos arquitectónicos como el arco, bóveda, cúpula, materiales y estructuras serán la base del arte occidental posterior. El poder imperial tendrá su símbolo en la arquitectura monumental que reflejará su grandeza, que romperá totalmente con la escala humana griega anterior.

El arte romano debe constituir un arte uniforme, que se impondrá en todas las provincias que conforman el Imperium, por funciones propagandísticas al servicio del Estado. Éste será el caso de Hispania y sus ciudades romanas como Pol·lèntia o Palma, donde se reflejarán sus concepciones urbanísticas, arquitectónicas y plásticas.

Itinerario

Alcúdia está situada en el noreste de Mallorca a 54 kilómetros de la ciudad de Palma. Se llega a través de la carretera de Palma a Alcúdia por la Ma-13.

Accederemos a la ciudad romana por el barrio de La Portella, que se encuentra frente a la iglesia parroquial de Sant Jaume de Alcúdia. El recorrido, señalizado y adecuado para la visita, continúa hacia el foro romano y posteriormente se acerca hasta el teatro romano.

Su paulatina excavación y estudio arqueológico, desarrollados hoy en día por especialistas de diversas universidades españolas, probablemente revelarán cómo se fundó la ciudad tras la conquista de la isla por parte de Q. Cecilius Metellus enel año 123 a.C, y aportará interesantes detalles de la vida cotidiana en una urbe fundada y organizada siguiendo los dictados de Roma.

La entrada en el mundo romano y la aplicación de la política urbanizadora del imperialismo de Roma supuso para Mallorca la plena incorporación en la forma de vida urbana, al crearse dos colonias, Palma y Pol·lèntia, la primera en la zona occidental y la segunda en la zona oriental. Pol·lèntia fue con toda probabilidad más importante en extensión y población y presumiblemente la capital de la isla.

Las excavaciones han puesto de manifiesto que en el lugar donde se levantó Pol·lèntia existió anteriormente un núcleo de población indígena, sobre el cual se edificó la nueva ciudad. El topónimo Pol·lèntia, que significa ‘poder’, es un nombre típico de fundación republicana y aparece mencionado en las fuentes clásicas cuando hacen referencia al proceso de incorporación de las Illes Balears al Imperio romano: Plinio, Estrabón, Pomponio Mela. La cita de Estrabón dice: «[…] de las Gimnesias, la mayor tiene dos ciudades, Palma y Pol·lèntia, de las cuales una, Pol·lèntia, está al este y Palma, al oeste […]. Metelo el Baleárico fue a las islas y allí fundó las dos dichas ciudades […] allí llevó como colonos a tres mil romanos de Iberia.» (Estrabón, III, 5, 1).

El asentamiento empezó siendo un núcleo de pequeñas dimensiones. En la época de Augusto se le dio un fuerte impulso urbanístico, se superaron las doce hectáreas de extensión y se reformaron diversos edificios. Alrededor del siglo III d.C. se ha observado una crisis que hizo entrar en decadencia a la ciudad y que fue acompañada de incendios y de destrucciones de edificios. Este proceso que afectó Pol·lèntia se vio agravado por la llegada de los vándalos en los años 425 y 455. En el año 534, Mallorca fue anexionada al Imperio bizantino y se han hallado también restos de ese período en el foro de Pol·lèntia.

Pol·lèntia es el prototipo de ciudad romana de provincias, de trazado reticular con calles paralelas y perpendiculares —algunas de las cuales han sido localizadas con los trabajos de excavación—. El centro urbano de Pol·lèntia se encontraba a la orilla del mar, en el istmo que une el Pla de Mallorca con una pequeña península que separa las bahías de Alcúdia y de Pollença. Un lugar destacado, en el centro de la ciudad, lo ocupaba el foro, que se ubica sobre una colina de una altura de hasta 14 metros sobre el nivel del mar.

En dicha plaza al aire libre se encontraba el templo capitolino, dedicado al culto imperial, y dos manzanas de establecimientos (denominados tabernae). De esta ciudad también conocemos su teatro, diversas necrópolis en el extrarradio (Can Fanals, La Solana, Can Copido, Can Corró, Can Troca) y diversas áreas residenciales (Sa Portella, la casa de Polymnia, Can Viver, Can Costa y Can Basser). En ésta última los investigadores determinaron la presencia de instalaciones de tipo industrial. Así mismo se han detectado una posible alfarería en la finca de Santa Anna, un hipocausto correspondiente seguramente a una estancia de unas termas y parte de dos recintos amurallados.

Barrio de La Portella

La primera parada es el barrio residencial de La Portella, en el extremo noroeste de la ciudad, donde se pueden distinguir parte de la muralla, dos calles y tres casas, una de las cuales se ha recuperado en toda su extensión. Es la Casa de los Dos Tesoros, un excepcional ejemplo de domus romana, de 450 metros cuadrados, construida en el siglo I d.C. siguiendo la estructura de la típica casa itálica. Recibe este nombre porque se hallaron en ella dos conjuntos de monedas escondidas probablemente en un momento de peligro y que están fechadas en los siglos III y IV d.C. La puerta de acceso u ostium se encuentra en un lateral, desde donde se accede al vestibulum. La distribución de las diversas habitaciones (cubicula) se hace en torno a un patio, o atrium, cubierto por un compluvium que recogía el agua en el impluvium y dejaba pasar la luz. Se han identificado el comedor de la casa (triclinium), la cocina, una despensa llena de ánforas, y la habitación principal, donde el señor de la casa trabajaba y recibía a los invitados (tablinium). Constaba también de una taberna (tienda), con entrada independiente. Dos calles perpendiculares —calle porticada (decumanus) y calle norte-sur (cardo)- la separan de dos casas de grandes dimensiones. En una de ellas, la Casa de la Cabeza de Bronce, abandonada a raíz de un incendio en el siglo IV y encontrada parcialmente mutilada en el siglo XX, se halló una pequeña cabeza de bronce que representaba una niña y que se conserva en el Museu Monogràfic de Pol·lèntia. Esta suntuosa casa, construida alrededor de un patio porticado de diez columnas, o peristilo, fue levantada durante la época republicana, remodelada con el apogeo urbanístico de la ciudad en la época imperial (siglo I a.C.-I d.C.) y habitada hasta los siglos V-VI d.C. Una excavación realizada bajo la calle porticada puso al descubierto un poblado talayótico anterior a la fundación de la ciudad romana, restos que se pueden observar en la parte contigua a la Casa de la Cabeza de Bronce.

La muralla que cerraba la ciudad en el siglo III d.C., momento de peligro para la ciudad, aprovecha las ruinas de la derruida casa noroeste. Está compuesta por dos paramentos de piedras de grandes dimensiones y un relleno de piedras más pequeñas y tierra. El paramento exterior presenta hasta nueve hiladas de piedras, dispuestas horizontalmente aunque de manera irregular. El tramo conservado tiene una longitud de cien metros y no presenta ninguna puerta ni torre. Su presencia en este barrio nos indica que la ciudad había sufrido una constricción en su extensión ya que en el exterior de la muralla quedaron muchas casas deshabitadas.

Muy cerca de estas casas se excavó la Casa de Polymnia, una rica casa con pinturas murales entre las cuales se reconoció a Polymnia, una de las musas de la poesía. Hoy en día la casa está pendiente de restauración y no se puede visitar.

Una vez excavada el área de La Portella, se sondearon diversas fincas para evaluar el perímetro y las características de la ciudad, y se hallaron abundantes restos arqueológicos que confirmaban su estatus de ciudad y un perímetro estimado de 12 hectáreas.

Foro

A continuación, se puede acceder al área del foro, la plaza pública que marcaba el centro político, social, religioso y económico de Pol·lèntia. El templo capitolino, dedicado a los dioses Júpiter, Juno y Minerva, constituía el edificio mayor de la plaza, pero se han hallado también dos pequeños templetes dedicados a divinidades que no han sido reconocidas, una calle porticada, un edículo probablemente fundacional y una pequeña manzana de tabernas(tiendas). Se localizó también un edificio que podría corresponder, por su planta, a una curia o bolsa. Asimismo, se han hallado gran cantidad de inscripciones honoríficas y esculturas, algunas de las cuales están expuestas en el Museu Monogràfic de Pol·lèntia, y una necrópolis de época tardía con más de un centenar de tumbas de inhumación. Pese a que a finales del siglo III d.C. el foro fue saqueado y destruido, en época bizantina volvió a ser ocupado, ya que se ha encontrado en él un recinto fortificado.

A principios de los años 80 se decidió continuar con las excavaciones en la finca llamada Santa Anna d’en Reynés, donde se intuía la localización del foro de la ciudad, centro de la vida política, social y religiosa de los romanos, y donde continúan actualmente los trabajos.

El conocimiento del foro de Pol·lèntia ha mejorado notablemente durante las últimas campañas con el estudio geométrico de los edificios y el trazado de la ciudad, puesto que la regularidad existente, característica de la planificación de toda ciudad romana, ha permitido establecer diversas hipótesis vinculadas con la extensión y configuración de la plaza.

Los foros romanos eran los centros neurálgicos de las ciudades romanas. Originalmente estaban destinados a finalidades comerciales con sus mercados (tabernae). Más tarde se consolidaron como el foco de la vida política ciudadana y también religiosa, con edificios como la basílica, el templo o templos, el comitium, el tesoro, la curia y el archivo.

Teatro

En tercer lugar, se puede visitar el teatro, construido a finales del siglo I d.C. en las afueras de la ciudad romana.

La política de romanización de los pueblos conquistados comportó la inclusión de edificios de carácter lúdico en las nuevas ciudades, edificándose teatros, anfiteatros y circos. El teatro romano es una derivación del edificio griego, especialmente de los grandes teatros helenísticos, pero comportó importantes diferencias como el levantamiento del edificio sobre galerías abovedadas -aunque en el caso de Pol·lèntia sigue la premisa griega. En un principio, estas edificaciones eran de madera y se montaban y desmontaban en los lugares donde se iba a celebrar la representación. Sin embargo, a partir del s. I a.C. comenzaron a construirse con sillares y hormigón.

Concretamente, el teatro de Pol·lèntia es un espacio de planta semicircular, con una capacidad alrededor de las 2.000 personas y un diámetro de 35-40 metros. Se trata de un teatro al estilo griego y no romano pues se aprovecha la pendiente natural de un pequeño cerro en la que se van tallando las hileras de asientos. En su estructura se distinguen tres ámbitos funcionales: gradas, orquesta y escena. Las gradas (o cavea) semicirculares, con escaleras radiales para la circulación de espectadores, que se dividían en tres partes: la prima cavea era la más cercana a la escena, en el centro había la media cavea, y la parte superior del teatro se denominaba summa cavea. El desmantelamiento sufrido a lo largo de los siglos ha hecho que sólo se aprecien seis hileras de asientos, si bien a principios del siglo XIX se distinguían once. En segundo lugar, se aprecia la orquesta (orchestra), situada entre las gradas y la escena, de planta semicircular, que acogía a los altos magistrados y a los notables de la ciudad. Finalmente, se encuentra la escena (scaena), rectangular, totalmente excavada en la roca y un poco más elevada que la orquesta. Se conserva también el proscenio, espacio propiamente destinado a la función, con cinco agujeros para encajar pilares de madera. Quizás tras el proscenio se ubicó un gran muro de madera, la scaena frons (frente escénico) en lugar del doble orden de columnas superpuestas que abunda en otros teatros de época romana. Cabe comentar que los teatros romanos podían cubrirse con toldos para proteger a los espectadores de les vicisitudes meteorológicas.

Museu monogràfic de Pol·lèntia

Por último, se puede visitar el museo monográfico, ubicado en el Hospital de Sant Jaume, edificio del siglo XIV que desde 1987 aloja la sede del museo. Para llegar desde el Teatro, seguiremos el camino del teatro romano hasta llegar al núcleo urbano de Alcúdia. El museo está situado justo al lado de la iglesia parroquial, concretamente en la calle Sant Jaume, nº 30.

En él se exhiben de manera permanente objetos recuperados en las excavaciones arqueológicas, como, por ejemplo, piezas cerámicas de mesa y de uso doméstico, objetos de vidrio, joyas, herramientas agrícolas, instrumental quirúrgico, piezas de telar, juegos, y elementos ornamentales y domésticos de bronce y hueso. También hay diversas esculturas, entre las que se debe destacar un busto de Augusto velado, un Eros de Lisipo (I d.C.), la cabeza de niña en bronce (II d.C.), máscaras teatrales y objetos de culto doméstico y para la protección de la familia. Destaca un thoracado, escultura de mármol blanco de un general o emperador vestido con manto militar y una coraza decorada con un motivo mitológico. Encontramos dos inscripciones de bronce (tabula patronatus), documento jurídico por el que la vecina ciudad de Bocchoris se somete a un patronato o clientela y que están fechadas de los años 10 a.C. y 6 d.C., la lauda funeraria del pancratista Cornelius Atticus y una maqueta de la Casa de los Dos Tesoros.

La ocupación romana

Entre los siglos III y II a.C., el Mediterráneo occidental se vio dominado por una de las mayores potencias militares y económicas de toda la historia: la República romana. Durante la II Guerra Púnica (218-201 a.C.), y sobre todo una vez finalizada ésta, las Illes Balears y las Pitiüses, en otros tiempos bajo el control púnico, empezaron a entrar de lleno en la órbita romana. Este proceso de acercamiento hacia el mundo romano tuvo un momento clave en el año 123 a.C., cuando Roma, con el argumento de querer eliminar la piratería que se refugiaba en dichas islas, acometió la conquista militar de las Balears. Pese a que las fuentes nos hablan de ciertos enfrentamientos, las huestes comandadas por Quinto Cecilio Metelo no tardaron demasiado en dominar todo el archipiélago. Además, todo apunta a que cierta parte de la población no ofreció resistencia. En Mallorca, por ejemplo, los habitantes de Bocchoris llegaron a un pacto de reconocimiento de superioridad romana, tal y como habían hecho los ciudadanos de Ebusus unos años antes.

Con la campaña militar del 123-122 a.C., Roma conquistaba las últimas islas del Mediterráneo occidental que todavía no estaban bajo su dominio. De este modo, aparte de conseguir eliminar la piratería refugiada en las Islas, también pasaba a controlar completamente las importantes rutas marítimas que cruzaban el Mediterráneo occidental. La situación de las Illes Balears y de las Pitiüses las ha determinado desde antiguo como un punto clave dentro de las rutas que atravesaban el Mediterráneo. Con el dominio romano, y en un mundo cada vez más abierto al comercio, la mayor parte de los centros poblacionales más importantes debían de estar por fuerza íntimamente ligados al mar, y más si tenemos en cuenta que en la antigüedad el transporte marítimo era, por mucho, el más copioso. En nuestra tierra, esta afirmación se corrobora observando la localización costera de todas las ciudades, todas ellas con buenos puertos naturales.

La ocupación romana también desencadenó un proceso que cambiaría de raíz las culturas talayótico-púnicas de nuestras islas. Este proceso conocido como romanización se tiene que entender como la introducción de una nueva cultura, la romana, que haría cambiar para siempre tanto la forma de ser como la de actuar de todos los habitantes de las Islas para introducirlos en un nuevo mundo común a todo el Mediterráneo. Los centros poblados fueron los principales focos desde donde esta nueva cultura, eminentemente urbana, consiguió arraigar en tantos y tantos lugares. Las ciudades tuvieron el papel de centros económicos de primer orden, fueron el lugar principal para la promoción política y social, actuaron como base para el control fiscal y, entre muchas otras cosas, sirvieron para difundir nuevas religiones, pensamientos, gustos, etc. Poco tiempo después de la conquista romana diversos centros poblados desempeñaron dos funciones principales: la de núcleos fortificados con guarnición que garantizaban el dominio romano de las Islas, permitiendo la vigilancia, la defensa y el control del litoral y de las rutas marítimas que cruzaban el Mediterráneo occidental, y la de elementos receptores desde donde se difundiría la romanización política, social, económica y cultural. Estos núcleos están en Mallorca: Palma, Pollentia y Bocchoris; en Menorca: Iamo, Mago y Sanisera, y en Eivissa: Ebusus. De todos ellos conocemos su emplazamiento: Palma se encuentra debajo de la ciudad actual que mantiene dicho nombre; Pollentia justo al lado de la villa de Alcúdia; Bocchoris, en el puerto de Pollença; Iamo y Mago, debajo de Ciutadella y Maó respectivamente; Sanisera, en el puerto de Sanitja, y Ebusus, debajo de la ciudad de Eivissa. Plinio también nos habla, refiriéndose a Mallorca, de dos centros más, Guium y Tucis, cuya ubicación por desgracia todavía no se ha podido identificar. De un modo más o menos rápido buena parte de estos centros habitados no tardaron en convertirse en auténticas ciudades romanas. En general, dicho proceso urbanizador tuvo el momento de máximo esplendor durante los siglos I y II d.C. Por aquel entonces, todas las ciudades disfrutaron de sus construcciones más monumentales y se rigieron por instituciones a imitación de las de Roma, tal y como lo hacían tantas otras ciudades del Imperio.

Las ciudades romanas

Las ciudades romanas estaban integradas por un núcleo urbano (urbs) y además por un cinturón agrícola (ager). Ambos formaban una única unidad política, administrativa, económica, cultural y religiosa. Por desgracia, desconocemos cuál fue el territorio ocupado por las diversas ciudades (urbs más ager), y sabemos muy poco, o prácticamente nada, acerca de su estructuración, explotación y evolución. De la urbs de la que más cosas conocemos es Pollentia, tanto por el hecho de que hace décadas que en ella se realizan excavaciones arqueológicas como, sobre todo, por la enorme suerte de que fuera abandonada en la época altomedieval.

Las zonas rurales

Nuestro conocimiento de lo que sucedió en las zonas rurales de las diversas islas todavía es muy precario. Por los materiales hallados en prospecciones podemos observar que la ocupación humana de las áreas rurales fue la mayor que jamás se había conocido. Una buena muestra del control que ejerció el Estado romano sobre el campo son los restos fosilizados de centuriaciones que encontramos en la parcelación de Mallorca. Los centros de explotación agraria característicos de la época romana para todo el Imperio fueron las villas. Curiosamente, sin embargo, en nuestra tierra todavía se conocen muy pocas y solamente en unas cuantas se han realizado excavaciones arqueológicas remarcables. En Mallorca tenemos los casos de Sa Mesquida, en Santa Ponça-Calvià; Can Maiol, en Felanitx, y Son Matet, entre Maria de la Salut y Llubí. En Menorca, resulta extraño que todavía no conozcamos ningún ejemplo de villa típicamente altoimperial. En Mallorca y Menorca un hecho que se debe destacar es el de las evidencias de la continuidad de ocupación en muchos yacimientos de época talayótica. En estos asentamientos, tal y como en las villas y en las ciudades, se incorporaron nuevas técnicas constructivas, como el uso del cemento romano para estructuras o pavimentos (opus caementicium y opus signinum), los tejados hechos con la combinación de tejas planas y curvas (tegulae e imbrices), etc. En Eivissa también se aprecia esta continuidad en el emplazamiento de las residencias rurales. Allí, sin embargo, este hecho nos tiene que extrañar menos ya que las explotaciones agropecuarias púnicas eran mucho más similares a las romanas de lo que debieron ser las talayóticas.

La sociedad

La sociedad estaba muy jerarquizada, con estadios que iban desde la esclavitud hasta los ciudadanos de plenos derechos. Se debe hacer notar, sin embargo, que una de las particularidades de la sociedad romana fue la relativa facilidad con la que se podía ascender socialmente. Parece ser que la población resultante después de la conquista mantuvo un cierto componente indígena, pese a que pronto se sumaron a ella 3.000 colonos venidos de Iberia. El Mediterráneo romano estaba muy abierto al movimiento de sus gentes, lo cual debió de favorecer aun más la llegada de extranjeros a nuestras islas.

La economía

Las fuentes literarias antiguas nos informan de algunos aspectos muy puntuales de la economía balear y pitiusa. Nos dicen que allí se hacía y se utilizaba el aceite de lentisco, que los vinos baleares eran tan buenos como los de Italia, y nos relatan las cualidades de sus higos, de su trigo y de sus cebollas albarranas. Nos dejan entrever que se criaban cerdos, que los mulos de Menorca destacaban por su altura y su fuerza, y que en Eivissa se producía una lana excelente. También nos hablan del ejercicio de la caza, concretamente de conejos y de aves, y de la recolección de caracoles. Pese a la poca información, se debe suponer que la economía de nuestras islas se basaba en la agricultura de secano (el cereal, la viña y el olivo) y en la ganadería. Seguramente también eran importantes los recursos marinos. Por ejemplo, a finales del siglo IV d.C., la Notitia dignitatum nos menciona a un Procurator bafii insularum Balearum, es decir, una autoridad encargada de controlar la producción de baphium, la púrpura que se extraía de diversos tipos de caracoles marinos.

El volumen de transacciones comerciales y el movimiento de mercancías que se realizaron entre los últimos años de la República y los primeros siglos del Imperio fueron los más espectaculares que jamás había conocido el Mediterráneo y no se volverían a dar hasta bien entrada la Edad Media. La arqueología nos ofrece buena muestra de este hecho, gracias sobre todo a los hallazgos cerámicos, aunque también mediante las monedas, las piedras trabajadas, el vidrio o los metales. Así se ha podido observar cómo en un primer momento llegan abundantes mercancías de la península Itálica. Poco después aumentaron los productos procedentes del sur de la Galia y de Hispania y, a partir del siglo II d.C., llegaron sobre todo del norte de África. Mención especial merece el caso de Eivissa, desde época púnica gran productora y exportadora de diversos tipos cerámicos, entre los cuales destacan las ánforas, seguramente cargadas de vino, aceite o salazones, y las cerámicas destinadas a servicio de mesa. Durante la dominación romana las exportaciones ebusitanas padecieron diversas subidas y bajadas, pero parece que nunca se detuvieron totalmente. El principal mercado de los ibicencos eran las Balears, pese a que en diversos momentos sus productos también llegaron a otras zonas del Mediterráneo. Precisamente Eivissa fue la única de nuestras islas donde se acuñó moneda durante la antigüedad.

La religión

Los romanos eran muy respetuosos con las religiones de los otros pueblos. En ocasiones asimilaban las divinidades de los vencidos a las suyas propias, y en otras incluso las incorporaban a su panteón. Poco sabemos de la religión de los hombres talayóticos, pero todo hace pensar que, tal y como hicieron los púnicos, adaptaron sus pensamientos y rituales religiosos a los de los romanos. Diversos hallazgos arqueológicos nos muestran la aceptación del culto a la tríada capitolina, compuesta por Júpiter, Juno y Minerva, los tres principales dioses del panteón romano. Después de que la República romana se convirtiera en imperio, también tenemos constancia del culto que se rendía a los emperadores y a sus familiares divinizados. Aparte de estos grandes cultos públicos, las personas que formaban la variadísima sociedad romana politeísta también tenían creencias y dioses menores para casi todos los acontecimientos de la vida cotidiana, tal y como podían ser los númenes tutelares particulares de cada persona o los lares protectores de las casas. Respecto a los lugares de enterramiento, los romanos localizaban sus cementerios fuera de los núcleos habitados, normalmente en los márgenes de los caminos. Las necrópolis más importantes halladas en nuestras islas son las que rodean las ciudades. Cuando se produce la conquista de las Balears, el rito funerario más generalizado en Roma era el de la incineración. Éste tendrá una gran aceptación entre los pobladores de las diferentes islas pero, hacia el siglo II d.C., empezará un lento proceso de cambio que hará que se utilice cada vez más el ritual de la inhumación.

A partir del siglo II d.C.

Desde el siglo III d.C. en adelante, buena parte del Imperio conocerá un proceso de ruralización a consecuencia de la reestructuración del funcionamiento de la sociedad romana. Las ciudades que en otros tiempos habían sido el lugar desde donde se podía ascender en la jerarquía social, en este momento eran abandonadas por sus élites, las cuales preferían irse a vivir al campo en grandes villas residenciales. Detrás de estas élites fue también una parte importante del resto de pobladores de los grandes núcleos urbanos. Sin embargo, en Mallorca, Menorca y Eivissa, la mayoría de las ciudades no quedaron abandonadas; algunas no llegaron nunca a ser abandonadas, ya que continuaban desempeñando las importantes funciones inherentes a las ciudades puerto, funciones clave para las comunidades insulares.

Los Vándalos

En el año 455 los vándalos que habían formado un reino en el norte de África terminaron con la dominación romana de nuestras islas y las incorporaron al nuevo estado africano. La sumisión a las directrices de Roma se había mantenido cerca de seis siglos, pero ahora había llegado a su fin. Este acercamiento político al norte de África también significó un cierto alejamiento del marco hispánico, ya que tenemos que recordar que los visigodos, pueblo germánico que llegará a dominar prácticamente toda la Península, nunca accedieron ni a las Balears ni a las Pitiüses. Un tiempo antes de la conquista definitiva, concretamente en el año 425, los mismos vándalos, partiendo de la península Ibérica, ya habían saqueado nuestras costas. En aquella ocasión no se quedaron. Una vez establecidos en la que había sido la provincia romana de África proconsular, una de las regiones agrícolas más ricas de todo el Imperio, empezaron la ocupación de las diversas islas del Mediterráneo occidental para aprovechar sus recursos, controlar sus rutas comerciales y marítimas, y servirse de ellas como escudo protector contra posibles ataques de los romanos o de los godos que se instalaban por la cuenca mediterránea. A pesar de la fama de grandes destructores y crueles perseguidores del catolicismo, parece ser que los vándalos, cristianos de la versión arriana, poco afectaron al desarrollo económico, social y cultural de la mayoría de las gentes de nuestras islas. Cierto es que hubo algunas persecuciones contra quienes no se querían convertir al arrianismo, pero la arqueología incluso nos muestra un cierto resurgimiento económico en la mayor parte de su reino. Según las investigaciones arqueológicas, una excepción de este funcionamiento general podría ser el caso de Eivissa, pese a que todavía se necesitan más excavaciones arqueológicas para confirmarlo.

El dominio vándalo de nuestras islas solamente duró cerca de ocho décadas, ya que en el año 534 son nuevamente conquistadas, en esta ocasión por el Imperio bizantino, estado heredero del Imperio romano de Oriente. Un año antes, los bizantinos habían conquistado Cartago y exterminado la monarquía vándala. Parece que entonces las Balears y las Pitiüses pasaron a formar parte de la provincia Mauritania II, con capital en Septem (actual Ceuta). Todo indica que también continuaron manteniendo su importancia en las rutas comerciales, sobre todo como cabeza de puente entre las penínsulas Itálica e Ibérica, ambas parcialmente dominadas por Bizancio. A partir del siglo VII d.C., una vez que los bizantinos son expulsados de la Península Ibérica y, sobre todo, una vez que los musulmanes irrumpen en el Mediterráneo, la presencia bizantina y su dominio debieron de quedar bastante diluidos. Desde este momento se iniciará una etapa prácticamente de autarquía y de aislamiento, en la que las autoridades isleñas adquirirán un mayor protagonismo. A principios del siglo siguiente –recordemos que en el 707 se produce la primera expedición musulmana a las Islas–, éstas empezaron a entrar dentro de la órbita del mundo islámico, pero no serían conquistadas hasta el 902-903 d.C.

Esta etapa que va desde el siglo V hasta el X de nuestra era ha sido muchas veces denominada como de los «siglos oscuros», a causa de que muy poco sabemos sobre lo que sucedió en nuestras islas. Las referencias literarias de esta época son escasas y la información suele ser muy exigua. Una extraordinaria excepción es la documentación correspondiente al inicio del siglo V que nos ha llegado gracias a la carta encíclica del obispo Severo de Menorca y a la correspondencia del escritor cristiano Consencio, residente también en dicha isla. Durante estos siglos se introducirá con fuerza una nueva religión: la cristiana. Ésta empezará a implantarse a partir de los núcleos urbanos portuarios, donde pronto aparecerán las jerarquías eclesiásticas. En el campo, la cristianización fue ciertamente más tardía. Allí, los monjes, como los del monasterio de Cabrera, debieron de tener un papel evangelizador primordial. Las principales muestras de esta cristianización son las diversas basílicas descubiertas en las dos islas baleares. En Mallorca se conocen las de Cas Frares, en Santa Maria del Camí; Son Peretó, en Manacor; Sa Carrotja, en Portocristo, y Son Fadrinet, en Campos. En Menorca están perfectamente identificadas las de Son Bou, en Alaior; la Illa del Rei, y Es Fornàs de Torelló en Maó, y la de Es Cap des Port en Fornells. Estos edificios de culto funcionaron bajo el dominio bizantino, pero tal vez algunos se puedan remontar a tiempos del dominio vándalo. Las basílicas que debió de haber en las ciudades, pese a las referencias de algunos autores antiguos y contemporáneos, todavía permanecen sin descubrir. Hasta hoy en día tampoco se ha podido identificar ninguna de las sedes episcopales de nuestros primeros obispos. Los primeros textos escritos que hacen referencia a obispos de las Islas son del siglo V d.C. La noticia más temprana, del 418 d.C., nos muestra la existencia del obispo Severo de Menorca. Más adelante, refiriéndose a los acontecimientos del 484, Víctor de Vita nos da los nombres de los prelados episcopales de Mallorca, Elías; de Menorca, Macario, y de Eivissa, Olipio.

Aparte de la información que tenemos del primitivo cristianismo en las Islas, también tenemos noticia de una religión que, unos años antes, se había empezado a esparcir por el Mediterráneo de una forma muy similar a la cristiana. Nos referimos al judaísmo. La documentación de Severo-Concencio nos muestra que en el siglo V había una importante comunidad judía en Menorca, concretamente en Maó, donde el gobierno municipal estaba en manos de Teodoro, que al mismo tiempo era el dirigente de la comunidad judía. En la carta encíclica del obispo Severo se nos narra la llegada de las reliquias de San Esteban a Menorca, llevadas a la isla por Orosio desde Jerusalén. Este hecho aceleró el proceso de presión antijudía. Una discusión entre cristianos y judíos de Maó acabó con el incendio de la sinagoga y con una lucha campal a pedradas entre ambos bandos. Finalmente, la presencia de unos monjes y una serie de milagros, prodigios y señales desencadenaron la conversión al cristianismo de la mayor parte de esa comunidad judía. Por lo que respecta a Mallorca, otra vez Severo nos informa de que Teodoro, anteriormente mencionado, tenía posesiones en dicha isla. También nos dice que allí vivía su mujer y, de algún modo, parece que se podría entender que también residía allí su familia. Otras muestras de la presencia judía en la balear mayor se hallaron en Santa Maria del Camí. Se trata de diversos plomos funerarios con inscripción hebraica hallados en Les Fontanelles de Son Torrella. El texto gravado en los tres plomos repite el nombre Semuel Bar Haggay, es decir, ‘Samuel hijo de R. Haggay’. Parece que estas piezas se tienen que fechar entre el final de siglo IV y el principio de V d.C. A pesar de la oficialidad de la religión cristiana y de que cada vez había una mayor presencia de conversos al cristianismo, si nos fijamos en el mundo mediterráneo rural tanto del continente europeo como de África, se puede observar que tuvieron que pasar muchos siglos para acabar totalmente con el paganismo. Algunos autores han llegado a defender que éste no acabó hasta la llegada del Islam. Dado que el paganismo normalmente se mantuvo en las áreas rurales y en las clases más humildes, nada sabemos de los últimos años de su existencia en nuestras islas.