Datos y descargas

Dificultad:
Baja. El itinerario puede hacerse en coche, siguiendo la antigua carretera Palma-Inca o también se podría optar por ir en tren.
Duración:
Se puede hacer en un día entero o por etapas, para conocer más en profundidad los pueblos por los que pasearemos.
Longitud:
Aproximadamente unos 25 km.
De interés:
Tener en cuenta los horarios de los edificios religiosos para visitar los interiores de los templos.
Descargas:

Introducción

Este itinerario se realiza siguiendo una ruta tradicional de Mallorca desde épocas remotas: la antigua carretera que cruza la isla, desde Palma hasta Alcúdia. Nos centraremos en un recorrido más reducido, concretamente desde Marratxí hasta Inca, ya que el tema y el recorrido sería demasiado largo para desarrollarlo entero en estas páginas. Sólo en dos momentos concretos nos desviaremos de esta vía de comunicación: para conocer el primer retablo hecho en piedra (Alaró) y para admirar la arquitectura civil de Lloseta (Antiga casa dels Posaders d´Aiamans). Durante las visitas se pueden descubrir magníficos ejemplos de arquitectura religiosa y civil de época barroca, además de obras plásticas del mismo estilo.

Los recorridos se han descrito siguiendo la carretera antes mencionada, pero hay otras formas de visitar estos pueblos: una es en tren y la otra siguiendo los antiguos caminos y las carreteras secundarias que los unen unos con otros, la mayoría atravesando grandes extensiones de cultivos tradicionales, como el almendro o la viña.

Cabe tener en cuenta que los edificios descritos son sólo una parte del gran patrimonio que poseen estos pueblos mallorquines. Sin embargo, para acotar y poder hacer factible una ruta conjunta de un día, hemos elegido aquellos que se definen dentro del Barroco, un movimiento artístico que se desarrolló en Mallorca desde el siglo XVII hasta incluso principios del XIX.

La arquitectura barroca en Mallorca

El Barroco es un movimiento que surge en Italia en el siglo XVII y que durará hasta mitad del siglo XVIII. En el caso la arquitectura de Mallorca, este estilo, al igual que en la arquitectura renacentista, se plasma de una manera epidérmica, es decir, sólo a través de detalles y elementos como la decoración.

Las características de la arquitectura barroca mallorquina serán básicamente dos: la continuidad de las estructuras arquitectónicas de origen medieval (góticas) y la decoración arquitectónica de influencia italiana, realizada por escultores. Las fachadas de los templos del siglo XVII son herederas de las góticas, consistentes en unos muros lisos con decoración concentrada sólo en las portadas y, en algunas ocasiones, con los cuerpos exteriores divididos mediante molduras para acentuar la orientación horizontal.

Es en la decoración donde se puede observar el nuevo estilo, de ahí que nos fijemos en las tipologías de portadas. Encontramos básicamente dos tipos de portadas: la portada manierista (estilo originario de Italia de la segunda mitad del siglo XVI, que se podría considerar, más bien, la fase final del Renacimiento) y la portada-retablo absidal o pastera.

La portada manierista, realizada durante las primeras décadas del siglo XVII, consiste en la aplicación de la típica decoración escultórica manierista a base de máscaras, estípites, guirnaldas, cartelas, almohadillado, frontones curvos, triangulares o partidos, etc. Podemos encontrar algunos ejemplos en Palma como la casa Pavesi o Can Salas en la calle Sant Feliu, la iglesia del convento de la Concepció, la iglesia del convento de Santa Clara, en el edificio de Ayuntamiento en Cort, etc.

La portada-retablo absidal o pastera es el modelo implantado por Antoni Verger en el portal principal de la Catedral de Palma. Consiste en la división de la portada en dos cuerpos: el inferior, con basamento, pilastras, columnas clasicistas y salomónicas sobre él, y el superior constituido por un nicho en forma de venera. La diferencia con el Renacimiento estriba en que el Barroco busca el efectismo y la teatralidad de sus composiciones para conmover al fiel, de ahí que combine libremente elementos clasicistas con elementos propiamente barrocos, como las columnas salomónicas. Podemos encontrar otros ejemplos de este tipo de portadas en la iglesia de Monti-sion, la de Sant Jeroni y la de Sant Francesc, de Palma.

Tendremos que esperar aproximadamente hasta el 1700 para que se implanten modelos arquitectónicos plenamente barrocos, de la mano del arquitecto Francisco de Herrera, que proyectó la planta de la sala capitular de la catedral. También podemos ver otros exponentes de este tipo de plantas en la iglesia de Sant Antoniet o la capilla de Sant Nicolau Tolentí en la iglesia del Socorro, ambas en Palma.

En el campo de las artes plásticas encontraremos escultura y pintura barrocas, donde este estilo se implantará de una manera más profunda que en la arquitectura. También se dará una transición en el siglo XVII del Manierismo al Barroco, con escultores como el italiano Camilo Silvestre Parrino (retablo mayor de Monti-sion), Jaume Blanquer (retablo del Corpus Christi de la Catedral o el de Lluc), el taller de los Oms (retablo de la possessió de Sant Martí d’Alanzell, retablo de les Ànimes de Alaró, retablo mayor de la iglesia parroquial de Valldemossa…), etc. En pintura destacan artistas como Miquel Bestard o Guillem Mesquida.

Iglesia de Sant Marçal de Marratxí

Iniciaremos nuestro recorrido en Marratxí, más concretamente en la Iglesia de Sant Marçal. Para ello cogeremos la antigua carretera de Palma-Inca (Ma-13A). En la salida señalizada como “Sa Cabaneta” nos dirigimos hacia la iglesia parroquial, que se encuentra entre las edificaciones de la urbanización que precede al núcleo histórico de sa Cabaneta.

La parroquia de Marratxí aparece ya citada en 1248 en la bula que el papa Inocencio IV expidió a favor de todas las iglesias de Mallorca, bajo el nombre de Sanctae Mariae de Barraxi. Un documento de 1477 revela que en aquella época había cambiado de titular y estaba bajo la advocación de San Marcial. A mediados del siglo XV la iglesia fue trasladada a un terreno cedido por la familia Verí, donde se emplaza la iglesia actual, la cual se inició en 1698 (bajo las órdenes de Lluc Mesquida) por recomendación episcopal y finalizó, ya en el siglo XIX, con la construcción de los campanarios. La fachada principal es posterior (fue reconstruida a mediados del siglo XIX ya que resultó dañada en el terremoto de 1851) y presenta un cuerpo central flanqueado por las dos torres campanario. La planta sigue la tradición del gótico y consta de una única nave con capillas laterales y ábside semicircular en el interior. La cubierta es de bóveda de cañón y aparece en ella la inscripción de 1714, fecha en la que se concluyeron las obras.

En la nave derecha encontramos la capilla de Sant Josep. Ésta alberga un retablo barroco, en cuyo ático aparece un escudo con la flor de lis y una pintura de San Miguel; la talla titular, de Sant Josep, se encuentra acompañada por San Sebastián y Santa Bárbara; en la parte inferior encontramos una inscripción con la fecha de construcción: 1754.

La zona inferior del presbiterio está ornamentada con cerámicas napolitanas, colocadas en el siglo XVI, que representan milagros de Sant Marçal. El retablo mayor se doró con dos mil panes de oro e intervino el escultor Joan Deyà en su traza. La talla del titular de la iglesia, que fue el primer obispo de Limoges (en el siglo III), aparece ataviada con el báculo y la mitra obispal.

A la izquierda del altar mayor se sitúa la capilla de la Mare de Déu del Roser, cuya talla pertenece a la tipología de virgen-rosario, con un espacio interno para la custodia de la Eucaristía. A continuación pasamos por la capilla de Sant Antoni Abad, con un retablo de 1843. La siguiente capilla, más profunda, presenta el escudo de armas de los Verí, promotora de la capilla.

Convento dels Mínims de Santa Maria del Camí

Regresaremos a la misma carretera anteriormente citada (Ma-13A) y llegaremos al pueblo de Santa Maria del Camí. Nos detendremos en una pequeña plaza situada en la carretera (llamada la Plaza dels Hostals) y allí visitaremos el Convent dels Mínims y su claustro, una construcción del siglo XVII (la iglesia fue bendecida a finales de siglo) realizada por Lluc Mesquida.

En el claustro podemos ver algunas piezas como brocales de pozos de piedra, columnas o una cruz de término de Alaró de época gótica. Al lado del claustro se encuentra el campanario (el segundo campanario del pueblo), obra del siglo XVIII, con un reloj de sol.

Con la Desamortización de 1835, el convento fue abandonado. Posteriormente, fue comprado por la misma familia mallorquina que patrocinó su fundación y fue rehabilitado para albergar una casa señorial y un museo en el primer piso. En él podemos destacar algunas piezas barrocas, como la Talla de Sant Francesc de Paula, de 1718, obra de Joan Deià. En 1962, el claustro fue declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico y en 1990 el conjunto se declaró Bien de Interés Cultural –BIC-.

Una vez visitado este conjunto, bajaremos el carrer Llarg hasta la Plaza de la Vila, donde se encuentra la Casa de la Vila, un edificio del siglo XVII realizado para cumplir diversas funciones: sala del Consell, sala del juez, escribanía, cárcel y “quartera” (lugar de venta del trigo). El edificio tiene planta rectangular, con una fachada de estilo renacentista y dividida en dos pisos, el inferior en forma de pórtico (es la zona de la Quartera) y el superior con dos balcones con balaustrada. En el centro de la fachada se ve el escudo del pueblo. En su interior se encuentra una pieza de gran valor artístico: se trata de la tabla gótica de Joan Massana, que procede de la primitiva iglesia y que ahora está ubicada en el salón de plenos.

Iglesia parroquial de Santa Maria del Camí

Siguiendo con nuestra ruta llegaremos, por la calle de l’Església, a la Iglesia parroquial, una buena muestra del barroco mallorquín.

La parroquia de Santa Maria del Camí, fundada en 1236, aparecía citada en la bula de Inocencio IV como Santa Maria del Camí d’Olaró. En 1372 se tuvo que reconstruir debido a sus reducidas dimensiones. Las obras de construcción del templo actual duraron gran parte del siglo XVII. Se sabe que en 1737 la nave y las capillas ya estaban acabadas y en 1751 se iniciaron las obras del campanario.

Destaca su campanario de baldosas azules. Su planta es de nave única con capillas laterales y bóveda de crucería. En su interior podemos destacar algunos retablos barrocos, como el de Sant Sebastià, obra del taller de los Pinya, o el retablo mayor, un retablo del siglo XVIII (bendecido en 1775) de un gran ilusionismo y una gran complejidad estructural, cuyas esculturas están realizadas por Pere Joan Obrador y Joan Batle.

Iglesia parroquial de Nostra Senyora de la Visitació de Consell

Volveremos a la carretera y abandonaremos Santa María en dirección a Consell. En este pueblo haremos una única parada, en la Iglesia parroquial, situada en la plaza de la iglesia (a la derecha de la carretera).

El edificio actual se edificó sobre el solar de un antiguo oratorio, del que ya existe constancia en el siglo XVI, consagrado a la Visitación de Nuestra Señora. Después de algunos intentos de desvincularse de la tutela de Alaró, el pueblo de Consell consiguió en 1720 la instalación de la reserva sacramental. Las obras de construcción se iniciaron a finales del siglo XVIII y a finales del siglo XIX se amplió y reformó. En ella destaca la pila bautismal, de 1719, el retablo de la capilla de Sant Josep y la talla policromada de la Mare de Déu, de finales del siglo XIX, así como el conjunto de vitrales, realizados entre 1916 y 1920 por la empresa Rigalt i Granell de Barcelona, tradicionalmente considerada como responsable de las mejores muestras de vitrales modernistas.

Iglesia parroquial de Alaró

De nuevo en camino, nos dirigiremos ahora hacia Alaró. Para ello, seguiremos la carretera hasta la rotonda y, a continuación, tomaremos la carretera Ma-2050 en dirección a Alaró. Una vez allí, seguiremos por la Avenida de la Constitució y, al final de ésta giraremos hacia la izquierda por la calle de Petit en dirección a la Plaza de la Vila. Allí se encuentra la Iglesia parroquial.

En ella se puede destacar el retablo mayor, obra de la primera mitad del siglo XVIII y que se caracteriza por ser el primer retablo barroco hecho en piedra de Mallorca. Vemos como la policromía se consigue con la combinación de piedras de diferentes colores. Formalmente, es un retablo de dos pisos, con los laterales convergentes.

Iglesia parroquial de Binissalem

Una vez visitada la iglesia de Alaró, volveremos por la misma carretera hacia la Ma-13A y seguiremos en dirección a Binissalem. Ya en el pueblo, giraremos a la izquierda, hacia la calle Bonaire y seguiremos recto hasta la Plaza de l´Església. Allí nos encontraremos con la Iglesia, obra del siglo XVIII y construida sobre una iglesia anterior del siglo XVI. El impulso definitivo para su construcción fue dado por dos rectores que llegaron a partir de 1703 al pueblo, Rafel y Nadal Sabater (tío y sobrino), ya que la antigua iglesia había quedado pequeña debido al aumento demográfico de la población. La iglesia tiene una nave única, con capillas entre contrafuertes y está cubierta por una bóveda de crucería. El coro se encuentra a los pies.

De su interior podemos destacar que está hecha completamente de piedra (de sus canteras locales) de diferentes colores, al igual que el retablo mayor, obra proyectada por Fra Albert Borguny y realizada por Pere Joan Obrador, siguiendo el modelo del antiguo retablo barroco de la catedral de Palma. Se sabe documentalmente que esta obra fue bendecida en 1781.

Una vez se ha visitado la iglesia y sus retablos (la mayoría barrocos) merece la pena darse una vuelta por el casco histórico del pueblo para contemplar la gran cantidad de casals que aún se conservan. La gran mayoría datan de la época barroca y presentan uno de los conjuntos más importantes de fachadas tradicionales de Mallorca. En ellos se puede ver una evolución desde los inicios del siglo XVII hasta fines del XVIII. Para destacar alguno, podemos citar Can Sabater, en el carrer de la Concepció; Ca l´Arcadia y la rectoría, en el passeig des Born, con la logia que se abre delante de la fachada principal de la iglesia; Can Amengual, en la plaza de la Quartera; Can Morante o Can Torró. También es digna de visitar Can Gelabert de la Portella que, aunque básicamente se la puede designar como neoclásica, tiene algunos elementos barrocos, como por ejemplo el pozo que se encuentra en el patio. Todas estas construcciones, así como otras aquí no mencionadas, han consolidado el casco antiguo del pueblo como Conjunto Histórico-artístico (1983).

Iglesia parroquial de Lloseta

Seguiremos con nuestro recorrido y nos dirigiremos a Lloseta. Para ello, volveremos a la carretera de Palma-Inca y nos desviaremos hacia la izquierda en el desvío pertinente (delante del Foro de Mallorca). Continuaremos por la carretera hasta llegar a la calle denominada Avinguda del Cocó. Desde allí seguiremos hasta la calle de Truiola y giraremos a la izquierda por la calle de Josep Ferragut. Al fondo, a la izquierda nos encontraremos en la Plaza de l´Església, donde podremos visitar la Iglesia, cuya construcción primitiva databa de finales del siglo XIII y fue modificada posteriormente.

El primer propietario del palacio de Ayamans, Arnau de Togores, debió promover la construcción de un oratorio para dedicarlo a la talla románica de la Virgen que probablemente trajo consigo de la Gascuña francesa, aunque según la tradición, la imagen fue hallada por un pastorcillos en las inmediaciones del pueblo. El templo definitivo consta de dos fases constructivas: una de finales del siglo XVIII y, la otra, ya en el siglo XIX, cuya característica principal es el tratamiento neoclásico, propio ya del siglo XIX. Del templo, pero, podemos destacar algunos retablos barrocos en las capillas de Sant Josep y la Purísima, datados ambos en el siglo XVIII. También es importante una escultura de Sant Jeroni (de la misma época que las anteriores), que está atribuida a un discípulo de Francisco Salzillo y traída desde Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

Antigua Casa dels Posaders d’Aiamans

También es interesante la visita a la Antigua casa dels Posaders d´Aiamans, obra fechada en el siglo XVIII y situada entre la iglesia parroquial y el palacio condal.

Originariamente eran las caballerizas del conde de Aiamans y posteriormente, con la reforma del palacio, se convirtió en la residencia de los criados de los condes. Actualmente, y tras una completa rehabilitación, respetando su carácter histórico y su entorno, se ha convertido en un pequeño hotel de interior. El edificio consta de tres plantas y envuelve una antigua clastra, donde podemos destacar su antiguo embaldosado con piedras de torrente. También es interesante la fachada de piedra (igual que las paredes interiores) y la gran escalera abierta al patio mediante una arcada.

Convento de Sant Domingo

Finalmente nos dirigiremos hacia el último punto de nuestro itinerario. Para ello, aún en Lloseta, cogeremos la calle de Juan Carlos I y, al llegar a la rotonda, a la calle de Josep Bibiloni. Nos encontraremos en la carretera MA-2110, que nos llevará hasta Inca. Una vez allí, seguiremos por la Avenida Raiguer y después por la Avenida Germanies hasta llegar a la Plaza de Sant Domingo, donde se encuentra el convento del mismo nombre.

A principios del siglo XVII los dominicos se establecieron en Inca y se sabe que la iglesia inicial pronto fue insuficiente, con lo que a mediados de siglo se inició la actual. El claustro es más reciente, datándose en 1730. Desde la Desamortización de 1835, la iglesia ha sufrido varias reformas para convertirla de iglesia conventual a iglesia parroquial. La fachada es lisa, de piedra y la única decoración que encontramos es el rosetón y la portada. Interiormente, la iglesia presenta una nave central, con capillas laterales y ábside trapezoidal. La cubierta es de bóveda de cañón y el coro se encuentra a los pies.

El claustro, del siglo XVIII, tiene planta cuadrangular y consta de planta baja, piso y porche. Está hecho de sillares y vigas de madera en los techos.

Iglesia de Santa Maria la Major

Siguiendo con nuestro itinerario, nos dirigiremos desde la plaza Sant Domingo hacia la calle de Jaume Armengol y, a unos cien metros, giramos a la izquierda por la calle Comerç y, posteriormente, por la calle Major hacia la Iglesia de Santa Maria la Major. El templo actual, del siglo XVIII, sustituye uno anterior del siglo XIV. La fachada, de sillares, es muy sencilla (típicamente del barroco mallorquín). El campanario, obra anterior a la iglesia, se encuentra separado de la fachada de la iglesia, pero toca la capilla del Sant Crist. Este campanario también reproduce el modelo mallorquín: un primer cuerpo macizo y los dos últimos tramos con dos ventanas ojivales en cada lado. En el interior podemos destacar el retablo de Sant Sebastià, obra del siglo XVII.

La planta de la iglesia es de una nave con capillas laterales entre contrafuertes. La cubierta es de bóveda de cañón con lunetos (en los que se abren ventanas para iluminar la iglesia). El ábside es semicircular y el coro se encuentra en los pies.

Monasterio de Sant Bartomeu

Finalmente, subiremos por la calle Font hasta el Monasterio de Sant Bartomeu, en cuyo interior se encuentra un pequeño museo con grandes obras renacentistas y barrocas. La iglesia también merece la pena visitarla y en ella destacamos el retablo mayor, obra del siglo XVIII, con una monumentalización de las fornículas, a imitación de algunos modelos de fachadas de Palma del siglo XVIII.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil, a pie.
Duración:
2 horas aproximadamente.
Longitud:
2 kilómetros aproximadamente.
De interés:
Durante el recorrido, que transcurre por el centro histórico de Palma, pueden observarse otros hermosos patios que no entran dentro de la estética barroca y otros monumentos de gran belleza y valor histórico-artístico.
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Introducción

Los patios de los casales señoriales de Palma constituyen uno de los conjuntos más emblemáticos de la arquitectura civil de la ciudad. El escritor Miquel dels Sants Oliver nos introduce literariamente estos patios urbanos “amb llurs superbes entrades ombrívoles, amb llurs colls de cisterna i llurs ferros artístics, amb llurs passamans com a randes de pedres, amb llurs columnes ventrades i llurs galeries italianesques i les portes esculturades dels estudis…”.

Debemos relacionar los patios de Palma con la casa romana, con pervivencias de la casa-patio de tradición islámica y de la casa medieval catalana de los siglos XIII y XIV. Con el tiempo, los patios de la ciudad van adquiriendo un carácter propio. Tras los patios de estilo gótico, llega la apoteosis del patio urbano con el Barroco, en los siglos XVII y XVIII. Los patios barrocos de Palma siguen un modelo básico, con entrada o vestíbulo, portales de estudio, patio descubierto y escalera; pero, a la vez, pueden presentar diferencias considerables entre si: desde una sencillez elegante más clasicista hasta los grandes patios más ostentosos del siglo XVIII.

Can Ribas de Pina

Comenzaremos el recorrido por la calle de Can Savellà, situada a la izquierda de la plaza Quadrado, por detrás de la plaza de Sant Francesc. En el nº 23 encontraremos este casal.

El edificio fue adquirido por Miquel Ribas de Pina en 1718. Sus orígenes son góticos, pero el patio conserva la estructura del siglo XVIII, puesto que fue construido hacia 1754. Tiene planta ligeramente irregular, con la escalera a la derecha protegida por un alero. La naya con balaustrada separa el patio del jardín, al cual se entra por una reja de madera enmarcada por un gran arco.

Can Vivot

En el nº 4 de la misma calle se sitúa Can Vivot.

En el siglo XVII el casal pasó a manos de los Sureda. El que sería el primer marqués de Vivot, Joan Sureda y Villalonga, a principios del siglo XVIII hizo construir un nuevo casal sobre el anterior medieval. Corresponde a la época de plenitud de los patios barrocos de Palma. El patio, actualmente es el más emblemático, suntuoso y elegante de la Ciudad. Su grandeza, la riqueza de materiales empleados en su construcción, el tipo de elementos arquitectónicos y decorativos, denotan la riqueza y el refinamiento de la familia. Conserva un rico empedrado, formando dibujos geométricos. La escalera central es de tipología imperial: un único cuerpo central diverge en dos tramos laterales, para converger en el rellano del piso superior. Destacan también las columnas abombadas, con éntasis, decoradas con capiteles de tradición corintia, los pilares con estípites sobre plintos, y, en medio de la escalera, el monumental escudo de armas del primer marqués de Vivot. La galería de la planta noble muestra tres arcos de medio punto.

Can Olesa

Continuaremos hasta el final de la calle de Can Savellà, donde entraremos por la calle de Sant Crist hasta la plaza de Santa Eulàlia. La cruzaremos y en la calle de enfrente, d’en Morey, en el nº 9, encontraremos Can Olesa.

Es un casal reformado sobre el núcleo de la antigua casa Descós del siglo XVI, de la cual se conserva la magnífica fachada renacentista. Posee un patio de excepcional armonía en la combinación de los diferentes elementos arquitectónicos y, constituye un perfecto exponente de belleza y serenidad. Este patio fue reformado a finales del siglo XVII. Podemos observar diversos elementos significativos, como las columnas de tradición jónica, con un gran éntasis, que sostienen arcos rebajados. El zaguán muestra un suelo de tierra prensada, cubierta de vigas y portales de los estudios en los laterales; al fondo del patio hay una escalera de dos tramos que conduce a una galería de tres arcos de medio punto con balaustrada. Cabe señalar un bello brocal octogonal y el escudo de los Oleza, que preside el patio. El suelo dibuja formas geométricas. Cerca del brocal, una ventana renacentista muestra una tipología parecida a las exteriores de la planta baja.

Ca la Gran Cristiana

Recorremos la calle d’en Morey hasta el final, en sentido contrario a Santa Eulàlia. Continuamos por la calle de la Portella, nº 5, donde se encuentra el casal.

Es un edificio de origen gótico, reformado por el primer conde de Ayamans, hacia el año 1637. Perteneció a la familia Togores, titulares del condado de Ayamans, y después a los Villalonga- Desbrull. Actualmente, alberga el Museo de Mallorca. Conserva una fachada con restos medievales, con portal de arco de medio punto, y balcón barroco presidido por el escudo del séptimo conde de Ayamans (s. XVIII). El zaguán ha sido muy reformado. El patio es austero, con arcos rebajados y el suelo adoquinado, y la escalera que sube al piso noble, en la izquierda. Al fondo del primer patio, un arco rebajado con los escudos de Príam de Villalonga y Prudència Martí, conduce al patio posterior, de grandes dimensiones y con galería de arcos.

El Hospital de Sant Pere i Sant Bernat (l’Hospitalet)

Volvemos atrás por la calle de la Portella hasta el final y entraremos la calle de Sant Pere Nolasc. Giraremos por la segunda calle a la izquierda, la calle de Sant Bernat, donde en el nº 1 encontraremos el Hospitalet.

Su origen se encuentra en dos casas que fueron donadas a la Iglesia, para ser destinadas a hospital para curas pobres y para sede de la Cofradía de Sant Pere i Sant Bernat. En el siglo XVIII, a partir de la unión de las dos casas mencionadas, se construyó el nuevo hospital, conocido popularmente con el nombre de l’Hospitalet. El proyecto arquitectónico se atribuye a Antoni Mesquida, y los trabajos escultóricos a Miquel Thomàs. La fachada presenta tres portales barrocos, de gran dinamismo y ornamentación, que se pueden considerar de estilo Rococó. El portal lateral izquierdo, que conduce a las antiguas dependencias del hospital, acoge la figura de san Pedro dentro de un nicho, y se encuentra enmarcado por decoración de rocalla. El portal lateral derecho, idéntico en estructura al del otro extremo, configura el acceso a la capilla u oratorio de la institución, y enmarca la imagen de san Bernardo. El portal principal muestra un nicho con cubierta de venera que contiene la imagen de la Virgen María. El patio presenta arcos rebajados sobre columnas con capiteles de tradición jónica. Los espacios cubiertos se resuelven con cinco tramos de bóveda de arista. La escalera, a la izquierda del patio, es de tres ramos y conduce a una galería con tres arcos de medio punto con balaustrada. Al fondo se sitúa el jardín, con acceso desde el claustro por una trabajada barrera de madera calada.

Cal Poeta Colom

Volvemos a la calle de Sant Pere Nolasc, en dirección a la Portella, y nos metemos en la primera calle a la izquierda, la calle Zanglada. En el nº 4 se encuentra Cal Poeta Colom.

En 1576 esta casa era de Pere-Ramon Safortesa y se valoró en 1.100 libras. A partir del siglo XVII perteneció a los Fontirroig y en el siglo XIX fue adquirida por la familia Crespí de Garau, cuyos miembros destacaron como notarios. El Archiduque Luís Salvador la denomina Can Garau, “con columnas de mármol estriadas, de sección cuadrada, que aumenta desde la base al capitel”. A finales del siglo XIX heredó la casa el doctor Jordi Andreu Crespí de Garau, y fue conocida con el nombre de Cal Doctor Andreu. En 1933 la adquirió el poeta de Sóller Guillem Colom i Ferrà, y la convirtió en su residencia. El casal sufrió varias reformas, una a finales del siglo XVIII, otra en 1936 y la última recientemente. El portal es de arco de medio punto, con balcones con hierro forjado, en la planta noble. En la reforma realizada a finales del siglo XVIII, el patio adoptó la tipología actual, que combina la tradición local con la estética del barroco francés, marcadamente clasicista. Es singular por el uso de estípites como pilar, de forma piramidal invertida y de color rojizo; de fuste estriado y base diferenciada, de sección cuadrada. Las cubiertas son envigadas y las arcos rebajados, ornamentados con finas molduras. El patio tiene también una interesante aportación de hierro fraguado, tanto en la barandilla de la escalera como en el hierro del brocal de la cisterna.

Can Oms

Continuamos hasta el final de Zanglada y daremos a la calle de l’Almudaina. En el nº 7 se sitúa este casal.

Fue la casa de la familia Doms desde 1642. En el siglo XVIII se reformó. Los arcos rebajados, la naya lateral de la balaustrada superior, la ventana balconera con dintel y con balaustrada ornamentada con el escudo dels Oms, y la escalera de piedra de Santanyí con barandilla de hierro fraguado, configuran la escenografía del patio. En la entrada, a la izquierda, destaca un portal de estudio con decoración gótica con las armas de los Armadans, que proviene de la desaparecida casa llamada Can Poquet de la calle Can Sans. Actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Palma.

Can Solleric

Recorreremos la calle de l’Almudaina para dar a la calle del Palau Reial. La atravesamos y pasamos por la calle Victòria. Al final de esta calle bajaremos por las escaleras de piedra y daremos a la cuesta de Sant Domingo. La bajaremos, recorreremos toda la calle Constitució y daremos al paseo del Borne, donde en el nº 27 se encuentra el Casal Solleric.

También denominado Can Morell, constituye uno de los pocos ejemplos de casal construido de nueva planta a mitad del siglo XVIII, con planos del arquitecto mallorquín Gaspar Palmer, y con patrocinio de Miquel Bonaventura Vallès d’Almadrà y Orlandis, marqués de Solleric. El suelo está formado por grandes losas de piedra. Las columnas abombadas, de capiteles de tradición jónica, son de mármol jaspeado de Solleric. Uno de los elementos más interesantes es la escalera central, de tipo imperial con la novedosa solución de dos tramos laterales divergentes que convergen en un único cuerpo central hacia la planta noble. La decoración de las barandillas de hierro forjado fue diseñada por Antonio Soldati, el decorador italiano de moda de la época.

Can Fortesa des Sitjar

Nos dirigiremos a la plaza del rei Joan Carles I donde está la fuente de las Tortugas. Giraremos a la izquierda por la Avenida de Jaume III y en la primera travesía a la derecha, en calle de la Concepción, en el nº 24, se sitúa dicho casal.

Este edificio presenta un patio modelo de la transición entre el siglo XVII y XVIII. El zaguán está cubierto con un artesonado de madera. El patio descubierto está formado por cuatro arcos rebajados que descansan sobre ocho pilastras de piedra arenisca, con capiteles de tradición corintia y escudo de los Safortesa. La escalera se sitúa a la derecha, con pasamano de hierro con balaustres planos. La galería de la planta noble tiene balaustrada, sin columnas, y cubierta con artesonado de madera sostenido por una jácena. El Archiduque menciona “la bella galería con techo artesonado”. También tienen balaustrada las dos ventanas balconeras de los laterales. Debajo de la galería, al fondo del patio, se encuentra una fuente con una máscara y la correspondiente pila.

Casal Balaguer

Volvemos a la plaza de las Tortugas y seguimos recto por la calle Unió, donde en el nº 3 está el Casal Balaguer.

También conocido con los nombres de cal Marqués del Reguer y can Blanes, en el siglo XVI perteneció a la familia Sanglada, que entroncó el siglo XVIII con los Amar de Montaner (marqueses del Reguer). Mateu Gual-Sanglada promovió una reforma, antes de 1730. Después de un pleito, se instalaron los marqueses del Reguer. El segundo marqués del Reguer, Josep Amar de Montaner y Sanglada, fallecido en 1775, patrocinó otra reforma de la casa. Doña Isabel Amar de Montaner, esposa del conde de San Simón, aportó al matrimonio esta casa. A mediados del siglo XIX Jordi de San Simón i Montaner, propietario entonces, vendió el casal a Antoni Blanes, comerciante originario de Artà que hizo gran fortuna en América. Los Blanes reformaron de nuevo el edificio, cegando dos tramos del patio, que era de los grandes de la ciudad. En el siglo XX pasa a ser del músico Josep Balaguer, quien lo legó al Ayuntamiento para convertirse en la sede del Círculo de Bellas Artes de Mallorca.

El portal está formado por un gran arco de medio punto. Originalmente, había también dos portales rebajados que comunicaban con el patio, hoy ocupados por comercios. El zaguán está cubierto con artesonado. Los arcos laterales aparecen cegados y, muestran las columnas y los capiteles de tradición jónica embutidos en los muros; presentan los restos de los escudos, que fueran borrados. A continuación, un gran arco rebajado comunica con el patio abierto, con suelo adoquinado. Tras el patio, se extiende otro tramo cubierto con artesonado, desde donde arranca la escalera de tres tramos.

Can Berga

Seguimos por Unió hasta la plaza del Mercat. En el nº 12 nos encontraremos con la actual sede de la Audiencia.

En este lugar había un antiguo edificio de base islámica que entre los años 1231 y 1278 acogió el convento de las religiosas agustinas. Los franciscanos permutaron su primer convento situado cerca de la puerta de Santa Margalida, por el de las agustinas. Permanecieron poco tiempo, ya que dos años más tarde los encontramos en el actual convento de Sant Francesc. El edificio de la plaza del Mercat, que hasta el siglo XVIII tuvo la entrada y la fachada principal por la calle de Santacília, como era tradicional para evitar el peligro de las crecidas de la Rambla, fue adquirido por Hug de Pacs, que lo convirtió en el casal de su familia. En 1600, por vínculos matrimoniales, pasó a la familia Santacília, por el enlace entre Margalida de Pacs i Burgues y Joan Miquel de Santacília i Togores. Aquí vivió Pere de Santacília i Pacs, hijo de los anteriores, destacado participante en las luchas entre Canamunt y Canavall, que ensangrentaron el siglo XVII mallorquín. En 1677 el casal pasó a manos de los Berga, cuando murió Eleonor de Santacília, casada con Gabriel de Berga i Sanglada. Poco antes de 1754, Gabriel de Berga i Safortesa promovió una importante reforma que lo transformó en uno de los edificios barrocos de más carácter de la ciudad. Esta remodelación se acabó en 1760, cuando ya el casal era propiedad de Cecília Safortesa i de Berga. Gabriel Pons fue el maestro de obras y Joan Rotger realizó el trabajo de carpintería, mientras que Joan Deià trabajó como escultor. A finales de siglo XVIII el casal pasó a los Burguès-Safortesa. En 1942, el edificio fue vendido al Ministerio de Justicia, actual propietario. En 1965 el edificio sufrió importantes modificaciones por las obras de adaptación que se realizaron con el fin de albergar la Audiencia territorial. Uno de los cambios supuso el traslado del acceso principal a la planta noble, que de la derecha pasó al centro.

La fachada es plana y poco ornamentada, únicamente interrumpida por dos grandes balcones con peanas molduradas y con balaustrada. Sobre el portal de medio punto figura un elegante escudo de la familia Berga, obra de Joan Deià. En el desván o porxo, bajo la cornisa, destacan nueve ventanas molduradas. El patio es de planta poligonal irregular y de grandes dimensiones, rodeado por diez arcos rebajados que descansan sobre columnas de tradición corintia. Un gran arco rebajado situado delante del portal principal permite el arranque de la escalera imperial, de un solo tramo inicial, que se separa en dos en el primer rellano. En los laterales del arranque de la escalera, se abren sendos portales renacentistas, con los escudos de la familia Safortesa, y con detalles escultóricos antropomorfos; los portales provienen de otra casa. En el rellano de la escalera, ocupa un lugar presidencial el escudo de los Burguès-Safortesa. El rellano de la planta noble está formado por tres arcos de medio punto, con balaustrada en la parte inferior. Rodea el primer piso un conjunto de arcos de medio punto. El desván, en la tercera planta, presenta los tradicionales pilares octogonales.

Datos y descargas

Dificultad:
Este es un itinerario para hacer en automóvil, por lo tanto se puede considerar de dificultad mínima.
Duración:
Saliendo desde Pollença, se puede realizar en unas 6 horas, pero si se decide ascender al Puig de Maria en Pollença, o visitar diversas cuevas de Lluc, cada uno de estos itinerarios requeriría un día por sí mismo.
Longitud:
81 Km aproximadamente.
De interés:
Cabe tener en cuenta que los bandoleros no dejaron ningún resto material que se pueda ver o visitar. Tan sólo se accederá a escenarios y paisajes que los visitantes deberán llenar con su imaginación.
Descargas:

Introducción

Los cien años que van desde 1560 a 1660 son conocidos en Mallorca como «segle dels bandejats». Contrariamente a lo que creen la mayoría de personas, un bandolero de aquel tiempo no era un ladrón de caminos, ni iba a caballo. Se trataban de hombres violentos que vivían para provocar violencia y terror. Muchas cuadrillas de bandoleros —algunas de ellas podían llegar a los cien bandoleros- estaban al servicio de una bandería aristocrática o de una villa. Se trataba, por lo tanto, de verdaderos ejércitos particulares.

No había prácticamente ningún municipio libre de bandoleros. Por ello, pese a que las cuadrillas preferían la montaña, podían actuar y residir en cualquier lugar. Sin embargo, las montañas permitían una cierta seguridad por las dificultades de comunicación, la abundancia de cuevas y de parajes en los que era fácil protegerse, lo cual provocaba que a menudo se convirtiera en sus lugares de refugio.

Existía una ruta conocida como «ruta dels bandejats» que unía la isla desde Pollença a Andratx. La línea fundamental era un conjunto de caminos marginales que corrían, a pie de montañas, de manera paralela a la carretera Palma-Alcúdia y no pasaba por el interior de ninguna población. Esta vía permitía huir rápidamente hacia el llano o la montaña y allí se desencadenaron multitud de batallas, enfrentamientos y actos de violencia.

El itinerario que aquí se presenta es el de montaña. Es aquel que, a partir de senderos, unía Pollença con la Ciudad aprovechando los valles transversales que forman la Serra de Tramuntana. El hecho de que los bandoleros mallorquines no usaran caballos, es decir que se trasladaran a pie, explica en buena medida esta ruta considerada como la más segura por estos hombres fuera de la ley.

El bandolerismo en los siglos XVII y XVIII

Además de lo citado anteriormente, debemos contemplar este fenómeno como algo común en todo el Mediterráneo, que en el caso mallorquín comienza a consolidarse a partir de la Germanía como una de sus consecuencias sociales, como ya hemos explicado en el fascículo tercero de la época anterior.

Debemos tener claro primeramente que bandolero y bandejat no significan lo mismo, aunque muchas veces se utilice indistintamente. Bandejat era toda persona que vivía fuera de la ley y que se dedicaba a robar. Mientras que un bandolero era toda persona fuera de la ley, causante de delitos comunes, que asaltaba caminos, robaba, mataba y realizaba todo tipo de infracciones. Por lo tanto, todos los bandoleros son bandejats, al robar, pero no viceversa.

En el área mediterránea el bandolerismo era un fenómeno endémico que se daba por la excesiva densidad de población (insuficiente trabajo para toda la población) y se agravaba o menguaba dependiendo de las condiciones socio-económicas de la zona.

Para el mantenimiento del orden público, los virreyes de Mallorca promulgaron numerosas pragmáticas o disposiciones destinadas a reprimir las acciones vandálicas, con castigos corporales durísimos y con multas de grandes cantidades de dinero, especialmente para los que atentasen contra las personas o propietarios. Las pragmáticas más importantes fueron las del virrey Lluís Vich i Manrique en el año 1584 (reinado de Felipe II) y las del virrey Don Rodrigo de Borja i Llansol en 1666 (reinado de Carlos II). El mantenimiento del orden quedaba a cargo de los comisarios reales que, supuestamente, eran los únicos que podían utilizar armas, juntamente con la nobleza.

Los virreyes, que ostentaban la máxima autoridad militar, llegaron a organizar sistemáticas persecuciones de bandoleros, comandadas por ellos mismos. Especialmente cruenta fue la de 1666, cuando la situación había llegado al extremo, que contó con la colaboración de la Iglesia, los caballeros y el pueblo. Ésta acabó con la captura de unos 100 bandejats, como Moyana, que había asesinado a más 20 personas, los hermanos Repich de Sineu, n’Amador de Sant Joan y Almazora de Manacor.

A pesar de todas estas medidas de freno, el bandolerismo no fue eliminado y volvió a resurgir a finales del mismo siglo (el XVII).