De Franciaa+ y Giglio

Miquel Real

JOAN RIGO, desde Francia. A medida que estas crónicas se han ido espaciando en el tiempo me he acostumbrado a tomar nota a diario de las noticias que me gustaría comentarles, aunque mejor no empecemos el año exagerando, tampoco lo llevo al pie de la letra, digamos que emborrono la agenda y luego, cuando llega el momento de escribir el artículo, intento descifrar mis apuntes para seleccionar los temas a desarrollar.

En ocasiones voy directo al grano, pero a menudo se me hace difícil el descarte. Y hoy ha sido complicado, entre la pérdida de la triple A, a escasos cien días de las  presidenciales francesas, y la absurda tragedia del naufragio del Costa Concordia… he optado al final por un dúplex. Durante el último trimestre, Sarkozy y su gobierno no pararon de vocear que FranciAAA no estaba en peligro, y el mantenimiento de la triple vocal, cuestión de Estado, se conjugaba con los méritos propios del presidente, prueba de su eficaz gestión de la crisis.

Ahora, tras la degradación, cambio de tono, resulta que tampoco era tan grave, unas cuantas medidas de ajuste y aquí no pasa nada, nuevo plan de rigor con la aplicación del IVA “social” (nueva subida del IVA que en teoría irá destinada a cubrir prestaciones sociales y que permitirá aligerar las cotizaciones patronales para reducir así los costos de producción), y otra vuelta de tuerca obedeciendo los dictados —¿o mejor dictadura?— del mercado y de las agencias de calificación de riesgos. La reacción de Hollande, que hasta ahora cultivaba un perfil bajo, tipo Rajoy —no abrir la boca mientras las encuestas le dan como favorito— no se ha hecho esperar y su discurso, criticando  la política económica del tándem Merkosy, ha ilusionado a unos y ha sido calificado de demagógico por el frente Sarkozista. La recta final de la campaña promete.

Del trágico, y esperpéntico, naufragio del C. Concordia en Giglio, una isla maravillosa en la que he hecho escala en numerosas ocasiones, no sé qué decir, la acumulación de despropósitos ha sido tal que no sé por dónde empezar. Llevamos ya dos semanas en vilo barajando cifras de fallecidos y desaparecidos, que varían según las fuentes, ¿cómo es posible que a estas alturas aun no tengamos datos fiables? ¿Por qué se ha tardado tanto en empezar el bombeo del combustible cuando ahora se advera que esta tarea se podía realizar simultáneamente con las operaciones  de rescate de las víctimas? Esperemos que la “météo” de febrero no complique las cosas y que al drama humano no tengamos que sumar la catástrofe ecológica.

He seguido a través de la prensa la rocambolesca historia desde el primer momento  y lo más asombroso ha sido precisamente constatar la cantidad de errores y contradicciones que se han ido publicando. Solo me gustaría precisar que las polémicas “reverencias”, acercamientos a la costa de los cruceros, son práctica corriente que viene publicitada y aplaudida por los mismos armadores como lo testimonian diversos videos colgados en Youtube.

La Cía. Costa, que ahora descarga toda responsabilidad sobre Schettino, conocía estas prácticas y de hecho ha comunicado que, en esta ocasión, no había sido prevenida del desvío de ruta. Como que el tiempo de espera para llegar a conocer toda la verdad sobre este desgraciado accidente se puede eternizar, prefiero despedir enero con un apunte positivo: estuve hace poco en la Haute Savoie, al sur del lago Leman, en la zona de Evian, las famosas aguas, una maravilla.

Y un descubrimiento ideal para las fechas de nieve, www.lourserie.com, un antiguo caserón/ granja del XIX restaurada con acierto por Hélène y Luc. Sigan sus sabios consejos tanto en la elección de las estaciones de esquí, las opciones son múltiples en un radio muy cercano, como en  dar con el lugar adecuado donde disfrutar de las delicias gastronómicas: la auténtica fondue savoyarde o el reblochon horneado, acompañados de un blanco, cepa chasselas, una delicada  variedad autóctona. Y en plan aperitivo que Luc les cuente los secretos de la elaboración de La Chèvre, un espumoso original y sorprendente.

* Desde París. Joan Rigo es profesor de historia y navegante. Reparte su tiempo entre París y Atenas. Después de surcar el Mediterráneo siguiendo la ruta de Ulises, ahora escribe desde la capital gala. A 1.500 kilómetros de Palma.