El emigrante de sa Pobla hizo historia a principios del pasado siglo en Mar del Plata donde aportó, como fotógrafo, camarógrafo y realizador de películas, un legado visual extraordinario que hoy rescata su sobrina nieta Mercedes Inés Monteverde, con la publicación de varios libros y el proyecto de un documental.

Bonnin en la Rambla de Mar del Plata
Imagen de Bonnin en la Rambla de Mar del Plata, dedicada a su hija Marina.

“Bohemio, trotamundo y visionario”, Mateo Bonnin (1872-1935) abandonó su sa Pobla natal sin imaginar quizás que un día le darían el título de “pionero en la cinematografía argentina”. El pobler, “un hombre adelantado a su tiempo”, en 1887 y con tan solo 15 años emigró muy lejos de Mallorca en busca de aventuras y con la ambición de “conocer otros mundos”. Hay registros de su paso por varios países de América del Sur, entre ellos Perú, Brasil y Chile. Pero fue en la ciudad de Mar del Plata donde fijó su residencia en 1904, “tal vez añorando un paisaje a orillas del mar similar al de su lugar de origen”. Fotógrafo y periodista corresponsal de la vida social, política y cultural de la llamada Biarritz argentina, -donde veraneaba la aristocracia en años de ocio, esplendor y opulencia-, con su trabajo aportó un legado visual extraordinario en esas tierras remotas, que actualmente rescata con una labor encomiable su sobrina nieta Mercedes Inés Monteverde (1956).

El pobler con tan solo 15 años emigró muy lejos de Mallorca en busca de aventuras para “conocer otros mundos”

El amor por la fotografía unió los destinos de Bonnin y Monteverde, además de su linaje. La marplatense se convirtió en la biógrafa del mallorquín cuando descubrió su pasión por el patrimonio histórico de su propia ciudad a través de imágenes y postales antiguas. “Esas fotos viejas, que a veces la gente tira sin pensar, son objeto de estudio e investigación para todas las ciencias”, sostiene Monteverde que aconseja “guardar esos pequeños tesoros o donarlos a quienes puedan aprovecharlos”. Fruto de ese afán por recuperar todo el material gráfico que caía en sus manos, publicó en 2013 su primer libro ‘Fotógrafos de las Ramblas de Mar del Plata’, sobre el legado de su tío abuelo Mateo Bonnin y su abuelo materno Manuel Suárez, ambos fotógrafos que dejaron un valioso testimonio de acontecimientos cruciales en la también conocida como ‘Perla del Atlántico’ y del país entero.

Con su meticulosa investigación, de jornadas enteras en museos, librerías, bibliotecas e internet, más la ayuda de sus familiares y de descendientes de Bonnin, Monteverde comenzó a desenrollar el hilo de una madeja que parece inagotable. El ingente trabajo del mallorquín dio para otra serie de libros sobre sus fotografías y hay una nueva publicación en camino, así como también el proyecto de una película documental sobre su material fílmico. “El recobro de la obra de Bonnin y la puesta en valor de su nombre es un verdadero acto de justicia, no solo por el personaje asombroso que fue este inmigrante español, sino porque su legado visual es un patrimonio que excede a nuestra ciudad, Mar del Plata: es en realidad un capital histórico de la cinematografía de nuestro país”, apunta el realizador, docente e investigador de medios audiovisuales Miguel Monforte, en el prólogo de ‘Mateo Bonnin, pionero en la cinematografía argentina'.

Ingente trabajo del mallorquín:

El amante del cinematógrafo

El novedoso cinematógrafo captó enseguida la atención del pobler. Cuando pocos comercios importaban material foto y cinematográfico a principios del siglo XX en Buenos Aires, él comenzó a hacerlo aprovechando sus viajes a España. A poco tiempo de la primera exhibición pública de los hermanos Lumière en París, del otro lado del Atlántico el cine daba sus primeros pasos y en Mar del Plata lo hacía gracias al espíritu inquieto de Bonnin. De afamado fotógrafo, pasa a convertirse en realizador de ‘noticieros’ filmados, cortos promocionales (institucionales) y de registro de personalidades o situaciones por encargo. También experimenta con el “biógrafo parlante”, por el que intenta sincronizar un disco de pasta con los labios de cantantes en pantalla. Coloreaba fotogramas a mano y agregaba animación gráfica a los títulos de sus presentaciones. Todo esto, que era muy innovador en ese momento, se visualiza en varias cintas films 35 milímetros de sus cortos documentales que pudieron ser recuperadas. En ellas, además de visionar una ciudad y sociedad muy diferente a la actual, se refleja su enorme esfuerzo al trasladar los pesados equipos en busca de la mejor luz natural y ubicaciones de registro de preferencia, a veces en medio de una tormenta.

Interior tienda de fotografía
Interior del local de fotografía en Mar del Plata.

Su sobrina nieta no puede disimular la emoción al leer un pequeño artículo encontrado en un periódico de la época, donde explicaban que era una costumbre ineludible de los turistas la visita vespertina al fotógrafo para realizar el típico retrato de familia. Monteverde se disculpa por las lágrimas. “No puedo evitarlo, tengo tantas anécdotas con estos pequeños hallazgos”, cuenta sobre la cantidad de veces que tras largas horas buscando y rebuscando información encuentra nuevas revelaciones sobre Bonnin. Como cuando en medio de la noche asustó a toda la familia con su grito de alegría, al dar con la página web de la Biblioteca Nacional del Perú donde se detallaba la existencia de unas placas de vidrios fotográficas entres las que se exhibía una imagen de Mateo Bonnin fechada en 1895.

Las placas de negativos de vidrio del archivo Courret muestran a una mujer al lado de la imagen de Mateo Bonnin, el nombre que menciona en su epígrafe es María Bonnin. Según explica Monteverde, se creía que era su hermana que viajaba en su compañía. Sin embargo, se descubrió que su verdadero nombre era María González Gale, nacida en Asturias, España. María pertenecía a una familia de actores y cantantes de ópera de Zarzuelas Españolas, de la “Compañía de Teatro de Mariano Gale” formada en 1891. Bonnin viajó con la compañía realizando así sus primeros pasos en el medio, debutando luego como representante artístico de esta compañía teatral. Al parecer María González Gale se encontraba embarazada cuando se tomó esa placa fotográfica, pues al llegar a Chile, en la ciudad de Copiapó nació Jorge Jaime, el primer hijo de la pareja el 2 de julio de 1895.

Una vida corta e intensa

Monteverde investiga en páginas especializadas en búsqueda de apellidos por internet y descubre que, a los pocos días un 15 de julio del mismo año, se unen en matrimonio María y Mateo en Rosario, Atacama, Chile-. Años más tarde, precisamente en 1899 nace en Copiapó, su segundo hijo, en este caso una niña a la cual llamaron Juana Amelia. La pareja y sus hijos vivieron en esa ciudad hasta el año 1900/01. Luego decide volver a Argentina donde se encontraba la familia de María, en Buenos Aires, capital. Tristemente, María contrae a los pocos meses fiebre tifoidea, falleciendo el 11 de marzo de 1902.

Mateo Bonnin
Mateo Bonnin.

Bonnin, deja a sus hijos al cuidado de su abuela materna. Consigue empleo como fotógrafo y corresponsal gráfico, donde progresa como periodista de importantes diarios y revistas del país y, asimismo, ejerce el oficio de fotógrafo por cuenta propia. Al mismo tiempo pone en Mar del Plata un biógrafo y continúa con su trabajo de representante artístico de compañías teatrales. Al parecer su trabajo era muy agitado y no compartió muchos momentos en la vida de sus hijos Jorge Jaime y Juana quedaron definitivamente al cuidado de sus abuelos y luego tíos. A los pocos años de fallecer su primera esposa, conoce a la señorita Concepción Suárez Cuevas, madrileña, la cual residía junto a su familia en la ciudad de La Plata. Bonnin, decide viajar a conocer la ciudad de Mar del Plata, con su prometida y deciden instalarse allí.

Según la partida de casamiento, contrajeron matrimonio el 26 de agosto de 1905, ambos solteros, él con 18 años de residencia en el país y 33 años de edad y Concepción Suárez 9 de residencia en Argentina, y 22 años de edad. Con el dato de los años de residencia en el país, se desprende allí la certeza que llegó al país en 1887. Concepción fue una de las primeras maestras de la Escuela N ° 1 de la ciudad de Mar del Plata. La pareja tuvo cuatro hijos, Anselmo, Armando, Delia y Marina. Bonnin, tuvo muy poco contacto con sus primeros hijos, nacidos de la unión con su primer esposa María. Pero el tiempo hizo que su hijo Jorge Jaime perdonara la forma de actuar de su padre y vuelven a verse y conoce a sus hermanos marplatenses.

La impronta de un aventurero

Don Mateo, como lo llamaban sus conocidos, era el fotógrafo de las señoritas de la sociedad y reconocido por sus habilidades en la práctica de la fotografía, además de incursionar en las filmaciones de cortos documentales y representante de compañías teatrales. Pasados los años, siendo muy joven, Bonnin enferma de los pulmones, producto de su hábito de fumador. Fallece de enfisema pulmonar a los 63 años de edad, en agosto de 1935, en su domicilio particular de calle Independencia. Sus restos reposan en su bóveda del Cementerio de la Loma de la ciudad de Mar del Plata. Su memoria perdura hasta nuestro tiempo en su obra y gracias a la tarea incansable de Monteverde para ponerla al alcance de todos, “una verdadera epifanía”.

Don mateo, como lo llamaban sus conocidos, era el fotógrafo de las señoritas de la sociedad

En busca de los antepasados de Mateo Bonnin

Buceando en la genealogía de su tío abuelo, Monteverde pudo averiguar que los padres de Mateo Bonnin, Jaume Bonnin y Joana Mercè, vivieron en sa Pobla donde murieron entre los años 1886 y 1887. Según la historiadora, Bonnin es descendiente de judíos conversos de Palma que sufrieron la persecución de la Inquisición. Por eso su familia dejó la capital de la isla para refugiarse en un pueblo donde la presión era menor. Monteverde no pierde la esperanza de encontrar una fotografía de la casa donde nació su tío abuelo, por lo que desde Mar del Plata pide a los residentes de Mallorca que tengan un antepasado Bonnin en sa Pobla que no duden en escribirle a su mail mercedesinesmonteverde@yahoo.com.ar.

 

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