El presidente del Colegio de Psicólogos, Javier Torres, destaca la sensación de impunidad como clave de esta conducta.

La oleada de incendios de contenedores de basura en Palma, que desde finales de 2017 ha arrasado casi 400 depósitos, no es obra de un único pirómano, sino de varios, sin conexiones entre sí, que se han sumado a estos actos vandálicos por el efecto imitación. La hipótesis que manejaban los investigadores de la Policía desde hace meses se ha visto confirmada con las detenciones de seis presuntos autores –cinco hombres y una mujer–, que sin embargo no han evitado que los contenedores de basura sigan ardiendo. Se ignora cuántos autores de incendios siguen sueltos.

La explicación, según la Policía, está en el denominado efecto imitación, un impulso que lleva a determinadas personas a realizar conductas antisociales porque creen que pueden quedar impunes.

“Desconocemos el perfil psicológico de las personas detenidas”, advierte el psicólogo forense Javier Torres, presidente del Colegio de Psicólogos de Balears, “pero esta conducta imitatoria se basa en la satisfacción que les produce realizar algo ilegal, como quemar un contenedor, y ver que no son descubiertos”.

Los seis presuntos incendiarios detenidos durante los últimos meses por la Policía son personas mayores, con un perfil que no casa con el de un gamberro juvenil.

Uno de los fuegos más graves, en la calle Martí Buades en abril de 2018, obligó a desalojar a 80 vecinos y casi provocó la muerte de un hombre por asfixia. Foto: bombers de Palma.

 

El primero de ellos fue arrestado el 23 de enero. Se trataba de un hombre de 39 años, un delincuente con antecedentes por hurtos, sin trabajo y que se ganaba la vida recogiendo chatarra. La Policía le atribuyó cuatro incendios intencionados en s’Arenal y el Coll d’en Rebassa. Tras ser detenido, pasó cuatro meses en prisión ante de salir en libertad provisional. El 22 de abril fueron arrestados otros dos hombres, de 48 y 51 años, amigos que solían salir de copas juntos por la zona de s’Escorxador. Uno de ellos trabajaba en el aeropuerto. La Policía les consideraba responsables de al menos dos incendios, uno de ellos muy grave, en la calle Poeta Guillem Colom, donde ardieron cinco contenedores y tres coches, y numerosos vecinos tuvieron que desalojar sus casas. El 2 de junio fue detenido un pensionista de 58 años, presunto autor de al menos catorce incendios en una amplia zona del Ensanche. El pasado 11 de junio fue arrestado delincuente habitual, con numeroso antecedentes por robos, agresiones y acoso. Fue detenido por pegar fuego a un contenedor en la calle General Riera, pero la Policía le buscaba ya por una serie de agresiones indiscriminadas a mujeres en la zona de Blanquerna. La última detenida, el 25 de junio, es una mujer, una indigente de 48 años a la que se atribuyen tres incendios en las calles Eusebi Estada y Jacint Verdaguer.

“No sabemos qué intenciones tienen estas personas”, continúa Javier Torres. “No creo que se paren a pensar las consecuencias de sus actos, se trata de quemar por quemar, no van más allá”. El experto considera que se trata de “conductas antisociales, cuya única gratificación es ver que no les descubren. “Tienen un comportamiento desafiante y tratan de ver hasta dónde pueden llegar”.

Este psicólogo destaca que los detenidos hasta ahora parecen proceder de ámbitos marginales o delincuenciales. “Esta gente tiene un problema, aunque desconocemos el causante. En el caso de los pirómanos, sufren un trastorno psicológico, porque hay gente que necesita quemar, y aunque es difícil valorarlo desde la distancia, creo que no se trata de estos casos. Los pirómanos no se limitarían a quemar contenedores, se trata de una adicción que va a más, el fuego tiene que ser cada vez más grande”.

Javier Torres apunta más bien a una conducta antisocial amparada por el anonimato. “Se trata de gente marginal, que no tiene nada más que hacer. Lo ven como un reto: lo hago, y como no me pillan, repito”.

Los bomberos, durante la extinción de un incendio en Camp Redó el pasado mes de marzo. Foto: Mayka Santana.

Las claves psicológicas de estos incendiarios serían el anonimato, la sensación de impunidad, la conducta desafiante –de ver hasta dónde pueden llegar–, aderezado con trazas marginales y conflictividad, con poco respeto por las normas.
Pese a que se trata de personas mayores, que rondan o superan la cincuentena, el psicólogo apunta también a un carácter inmaduro. “Además, se trata de acciones que no requieren una elaboración complicada”, continúa Torres. “Es muy fácil pegar fuego a un contenedor de madrugada”. Y aquí entraría el efecto imitación: “Como veo que otros lo hacen y no les pasa nada, yo también lo hago, y repito. Es la satisfacción de hacer algo ilegal y salir impune”.
Con una salvedad. Los seis detenidos hasta ahora no han salido impunes. Los jueces han actuado contra ellos con un gran rigor y, ante el elevado riesgo provocado en personas y bienes, han decretado el ingreso en prisión provisional de todos ellos. Solo el primero ha salido en libertad, aunque después de pasar cuatro meses en la cárcel.

Los arrestos no frenan los incendios
Pero los pirómanos no dan respiro a la Policía. En la madrugada del pasado día 11, cuando un incendiario detenido estaba todavía en los calabozos de la Jefatura, le pegaron fuego a un contenedor de ropa y a un coche en la calle Pare Bayó, en la barriada palmesana de Son Canals. El fuego se extendió a otros vehículos y provocó el pánico entre los vecinos. Algo parecido pasó el 2 de junio. Apenas unas horas después de que fuera arrestado el sospechoso de provocar catorce fuegos en el Ensanche quemaban un contenedor en La Soledat. La última detención fue el 25 de junio, pero en la madrugada del pasado lunes se volvieron a registrar tres incendios distintos que arrasaron seis contenedores en menos de una hora.

 

La inusitada oleada de incendios en contenedores de basura comenzó a finales de 2017. Ante elevado número de incendios, muy superior al habitual, el Grupo de Atracos de la Policía Nacional abrió una investigación a la que se unió la Policía Local. De esta forma se creó un grupo especial con agentes de los dos cuerpos para tratar de capturar a los pirómanos, que se intensificó a partir del 21 de abril de 2018, cuando provocaron un enorme incendio en la calle Agustí Buades, que obligó a desalojar a ochenta vecinos de una finca y una persona que dormía en el interior de un bazar chino frente a los contenedores estuvo a punto de morir asfixiado por el humo.

Durante los últimos meses el grupo especial de investigadores ha realizado ingentes gestiones para tratar de localizar a los incendiarios. Se han reforzado las vigilancias nocturnas en los puntos donde se repetían los fuegos, se han analizado decenas de grabaciones de cámaras de seguridad, se ha interrogado a testigos. Todo este trabajo ha conducido a la detención de seis presuntos pirómanos en los últimos meses.

En la madrugada del 21 de diciembre de 2018 hubo una oleada de cinco fuegos en la barriada de Foners. Foto: bombers de Palma.

Mientras tanto, los incendios prosiguen. En algunos casos los pirómanos plantearon un auténtico desafío a la Policía y los bomberos, como el ocurrido en la madrugada del pasado 21 de diciembre. Entre las dos y veinte de la madrugada y las seis menos veinte se registraron cinco incendios diferentes –dos de ellos muy graves– en la barriada de Foners, en un área de apenas un kilómetro de distancia.

La última noche de fuego fue la del pasado lunes, cuando unos desconocidos provocaron tres incendios en menos de una hora en baterías de contenedores de La Soledat y Son Gotleu.

La policía ha detenido a seis personas durante los últimos meses como presuntas autoras de incendios intencionados en contenedores.

Los arrestados por los incendios, cuando fueron conducidos a disposición judicial. Todos ellos ingresaron en prisión por orden de los jueces.

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