Innovación pedagógica

Cuando la clase de matemáticas acaba con aplausos

MAR FERRAGUT

El colegio Sant Pere ha dado una vuelta a su manera de enseñar con su proyecto Galaxia 3.1: las tres clases se juntan en una aula gigantesca; los profesores se convierten en ‘guías’; y los libros de texto son sustituidos por manuales virtuales que los chavales consultan a través de sus ‘tablets’

El centro quiere atajar la caída de resultados detectada entre el final de Primaria y el inicio de la ESO

Ha mejorado la convivencia y la motivación

Cuando Pedro Sastre comenzó a dar clases hace 33 años, jamás se imaginó que acabaría en un aula con 80 alumnos, micrófono en mano y diciendo frases como “lo escucháis en Itunes, contestáis a las preguntas y me lo enviáis”.

Pero por ahí le han llevado los caminos de la innovación pedagógica, caminos que cada vez más centros públicos y concertados inician ante un modelo de enseñanza tradicional que ven obsoleto y poco eficaz. El colegio Sant Pere, donde Sastre enseña, es uno de estos colegios que ha decidido dar un vuelco a su manera de impartir clase para lograr más motivación; mejor rendimiento y menos conflictividad. Es el proyecto Galaxia 3.1, que de momento va cumpliendo sus objetivos.

Alumnos de 1º de ESO aprenden qué es el máximo común divisor de forma práctica: ellos se convierten en los números. / E. Calvo

El cambio más visible de los acometidos por este colegio concertado del Rafal Nou de Palma es que han juntado los tres grupos de cada curso en una sola clase gigantesca (estratégicamente diseñada) en la que tres o cuatro profesores coordinan la sesión.

Los libros de texto físicos han desaparecido y han sido sustituidos por manuales curriculares virtuales diseñados por el equipo docente y que los alumnos pueden consultar en sus Ipads, que además les sirven para realizar y envíar on-line los deberes.

Y por eso está Pedro Sastre ante 80 alumnos de 6º de Primaria con un micrófono. Él hace de guía en esta sesión, otros dos compañeros, más el responsable de Pedagogía Terapéutica, ayudan y acompañan a los estudiantes. A la hora de hacer la tarea, algunos estudiantes se levantan de la mesa que comparten con otros tres compañeros y se van a sentar a la zona de bancos y puffs: el agóra.

Los profesores valoran que al estar varios en clase aprenden unos de otros: “Es mucho más enriquecedor”

Mientras, en el piso de arriba, Virginia Figuerola y otros tres profesores de matemáticas conducen una clase de 1º de ESO con 90 estudiantes, aunque al entrar nadie lo diría: los chavales están sentados en círculos en el suelo con una cinta en la cabeza con un número.

¿Matemáticas? Sí, están aprendiendo qué es el máximo común divisor. “Que se levanten los divisores de cuatro”, dice Virginia con su micrófono. Los ‘chavales-número’ aludidos se levantan: “¿Cuál es el número más alto?”.

Al acabar la clase de matemáticas, los chavales aplauden.

Este curso han empezado a aplicar el programa en 6º de Primaria y en 1º de ESO (con 90 alumnos en el aula) y la idea es continuar después por 5º de Primaria y 2º de ESO. ¿Por qué estos cursos?

“Es donde hemos visto que los resultados empiezan a empeorar”, responde Andreu Mir, director del colegio, que explica que se busca “articular” mejorar la transición de Primaria a Secundaria.

Hace años que empezaron a prepararse para el proyecto, comenzando por analizar el currículum y adecuarlo: “Nos aseguramos de que no se pierda contenido aunque trabajemos por proyectos”, asegura Mir.

El segundo paso fue la formación en nuevas tecnologías y metodologías, visitando centros referentes de la península. Y por último, se replanteó la gestión del tiempo y se rediseñaron los espacios.

TABLETS

Libros de texto ‘virtuales’ y deberes que se mandan ‘on-line’

Los cuadernos y los ‘bolis’ siguen estando presentes, pero los libros de texto físicos han sido sustituidos por manuales virtuales elaborados por los profesores.

Las ‘tablets’ y los auriculares se han convertido en la nueva herramienta fundamental para los estudiantes, donde consultan los materiales y realizan las tareas (que luego envían on-line a los profesores).

Cada alumno compra su Ipad y los fines de semana se los llevan a su casa. En las aulas han dispuesto taquillas para que puedan guardarlos con seguridad. “De momento no hemos tenido ningún robo”, apunta Mir, que asegura que han tenido muy buena respuesta por parte de las familias.

CONVIVENCIA

Mejor ambiente

“Yo era muy incrédula, pensaba que sería una locura porque si ya con una clase de treinta nos faltan ojos para todo...”, admite Maria Magdalena Mas, profesora de matemáticas, que ahora, dos meses después, ha visto que estaba equivocada: “Están mucho más implicados”.

En el centro han caído las amonestaciones y ha mejorado la convivencia: “Antes había piques entre clases, ahora son todos un grupo”, apunta Mir. “Con los compañeros genial, nos han mezclado y estamos mucho mejor juntos”, aseguraban Laura, Javi, Judit y Marc, estudiantes de 1º de ESO.

Las clases salen adelante con menos interrupciones: en la de 6º de Primaria cuando están haciendo tareas proyectan un semáforo en la pared, que va cambiando de color si hay demasiado jaleo en clase. Si llegan al rojo, se pone una falta colectiva al grupo, que puede traducirse en castigos como ‘caparles’ el acceso a Youtube en el Ipad durante el fin de semana.

En ESO, si hay alboroto el profesor levanta el brazo y todos los alumnos deben levantarlo también y callarse: “Funciona”.

GESTIÓN DEL TIEMPO

La cuenta atrás y la difusión de las fronteras de las asignaturas

El tiempo se gestiona de manera diferente en varios sentidos. Por ejemplo, cuando los estudiantes hacen tareas se proyecta en la pared un temporizador con una cuenta atrás, algo que aunque pueda parecer una tontería “lo tienen bien presente y no se cuelgan”, asegura Pedro Sastre.

Pero el gran cambio en cuanto a gestión del tiempo se refiere a las asignaturas y a los currículums. Se ha buscado la mejorar manera de optimizar las horas, coordinando por ejemplo los contenidos similares de lengua catalana y castellana y evitando repetir lo mismo.

Asimismo, se borran las fronteras de las asignaturas al trabajar por proyectos temáticos que tocan varias áreas; se pone fin a la “obsesión” por acabar el libro y se introducen otros recursos: “¿Por qué no aprender qué es la fotosíntesis con un vídeo de Youtube?”.

Además, puede que una semana dediquen más tiempo a una materia que a otra, explica Mir: “Si por ejemplo es la Nit de l’Art durante esa semana haremos actividades relacionadas: contextualizar el aprendizaje con lo que está pasando es otro objetivo”.

NUEVOS ESPACIOS PARA NUEVAS FORMAS DE ENSEÑAR

Aulas con ágora y muebles con ruedas

Los espacios del Sant Pere también se han modificado pensando en esta nueva manera de enseñar. Además de requerir un gran espacio para meter a los 90 alumnos, se han adquirido mesas y pizarras con ruedas y sillas ligeras para poder moverlas rápidamente cuando la tarea requiera un espacio diáfano; proyectores; taburetes; bancos y puffs para la zona del ágora.

Hay elementos nuevos y elementos que desaparecen, como la mesa del profesor. Lejos de los antiguos atriles que situaban al docente en una posición superior, ahora el profesor tiene “otro rol”: es un “guía” que se mueve por el aula.

PROFESORES CON MICRÓFONO Y COORDINADOS

Formación, coordinación y aprendizaje entre iguales

Joan Verger, director de Primaria, explica el trabajo que han tenido que hacer los profesores: primero, en superar y dejar atrás su tradicional manera de funcionar (un cambio de mentalidad para asumir ese nuevo rol); y segundo, en formarse en nuevas metodologías (aprendizaje cooperativo; flipped learning o clase inversa...) y en nuevas tecnologías.

Dentro de ese cambio también se vuelve más importante (imprescindible) la coordinación entre profesores que comparten aula. Incluso, entre profesores de distintas asignaturas: “Podemos estar en una clase un biólogo, un profesor de educación artística y uno de filología inglesa para trabajar un proyecto que implica contenidos de estas materias”, pone de ejemplo Sastre.

Al estar varios profesores a la vez en la misma clase, se ayudan y aprenden unos de otros: “Es mucho más enriquecedor que estar tu solo”, valora Virginia Figuerola.
Tras años de trabajo de preparación, el Sant Pere hace dos meses que echó a rodar su proyecto Galaxia 3.1 y de momento está satisfecho con los resultados que está obteniendo.

Cada vez son más los centros que, al margen de los vaivenes legislativos, toman la iniciativa y cambian su modelo.