La decadencia de sus últimos tiempos, cuando se utilizaba como refugio del sexo por horas, no debe empañar la época de esplendor de un establecimiento que fue uno de los pioneros del turismo en Ciutat. Ahora está a la espera de escribir su futuro.

La memoria reciente asocia el hotel Perú al refugio del sexo por horas en el casco antiguo, pero eso fue en sus últimos tiempos, cuando ya estaba cerrado como alojamiento y el inquilino que se encargaba de mantenerlo, Jaime, subarrendaba las habitaciones a las meretrices de la recoleta plaza Banc de s’Oli, que el pasado verano fue peatonalizada. Sin embargo, a lo largo de su historia destacó por ser un establecimiento de cierto postín, no tan distinguido como el Gran Hotel, aunque sí con unos servicios que solo ofrecían los más importantes. “Agua corriente caliente y fría, calefacción central, restaurante, habitaciones con y sin baño. Teléfono 1934”, se leía en un folleto promocional.

Imagen del antiguo folleto.
Imagen del antiguo folleto.

Inició su andadura como fonda a principios del siglo XX, con una pensión que en 1928 costaba de 6,5 a 10 pesetas, según indicaba un anuncio publicado en la guía de comercios de Balears. En los años 50 ostentaba la categoría de hotel, como muestran las postales y trípticos de la época, y fue uno de los pioneros del turismo en Palma, porque pese a nutrirse principalmente de viajantes que acudían a la ciudad por negocios, también contó con numerosos huéspedes de vacaciones. Dice la leyenda que incluso la diseñadora y actriz Natacha Rambova, que fue esposa de Rodolfo Valentino, se alojó en el Perú. Tal vez pueda comprobarse en los abundantes libros con los registros de entrada de clientes que atesora el actual propietario, Sergi Vilafranca, que quiere recuperar el esplendor y encanto de antaño.

Detenido en el tiempo

El “confort moderno” destacado en los folletos de los años previos al boom turístico –fue precursor de este tipo de publicidad– dio paso en la década de los 80 a una decadencia que se ha adueñado del inmueble hasta la actualidad. Detenidos en el tiempo, sus 800 metros cuadrados albergan aún gran parte del mobiliario, objetos decorativos, lámparas de araña o con ventiladores adosados, un mapa de Mallorca con itinerarios de excursiones, fotos de Bellver y el puerto de Palma, el casillero de recepción donde se guardaban las llaves de las habitaciones, la vajilla con el nombre del hotel e incluso los blocs para apuntar las comandas del bar-restaurante y los encargos para la lavandería (“camisas caballero, camisetas, calzoncillos, pares de calcetines, pañuelos, pijamas”, se lee).

Este edificio singular, que data del año 1900, según el catastro, también esconde elementos de gran valor arquitectónico, como varios arcos ocultos en la fachada lateral (la de la calle Sant Esperit) que formaban parte del antiguo mercado medieval de aceite, de ahí el topónimo de Banc de s’Oli. El arqueólogo Rafael Turatti, que realizará la obligada memoria de intervención cuando se inicie la reforma, explica que el mercado desapareció en el siglo XIX por la presión urbanística en la zona y “las construcciones de esa época tienen trazas antiguas debido a que se aprovechaba lo anterior”, dice basándose en su experiencia en esta parte del centro histórico. También intervino en el edificio colindante, donde se hallaron seis arcos del lugar que en el siglo XV era el centro comercial del aceite procedente de las almazaras de las possessions mallorquinas.

 

Imágenes del interior del hotel

Sin ninguna protección

El dueño del hotel Perú pretende sacar a la luz sus arcos ocultos y recuperar todos los elementos de valor, como la escalera de hierro forjado o las baldosas hidráulicas que quedan, ya que el inmueble sufrió varias reformas posteriores que desvirtuaron la construcción originaria. “Todo lo que puedas arrastrar del pasado al presente es una aportación al proyecto”, dice Vilafranca, que cuando lo compró en 2014 se quedó “sorprendido de que no estuviese protegido” en el catálogo municipal de edificios de interés arquitectónico.

“Mi corazón quiere que vuelva a ser hotel. Si al final acaban siendo pisos de lujo, los ciudadanos no podrán disfrutarlo”

Ahora que quiere impulsar su rehabilitación, lo primero que hará será “solicitar la catalogación al Ayuntamiento”, como también pide la asociación proteccionista ARCA. “Conmueve cuando ves un inmueble antiguo cerrado, que ha sido abandonado y olvidado por las circunstancias que sean, pero que provoca que la ciudad pierda una parte de su esencia. No hablemos ya de las edificaciones que se dejan caer para construir otras nuevas”, critica el promotor especializado en el centro.

Fachada del hotel en la actualidad.Su empresa, Llar Ciutat, tiene en marcha otro proyecto: cuatro viviendas de alto standing en un inmueble de origen medieval con elementos renacentistas y del XIX en la calle Hostal d’en Bauló; y acometió la reforma integral de dos edificios de la plaza Llorenç Bisbal en plena crisis económica. La recuperación del hotel Perú es una aventura a medio plazo, ya que se ha encontrado con varios obstáculos, por lo que desconoce cuándo comenzarán las obras ni si acabará siendo un alojamiento turístico o viviendas.

“Mi corazón quiere que vuelva a ser el hotel Perú, pero de cinco estrellas, con 15 o 17 habitaciones, un restaurante en la planta baja y un sky bar en la azotea. Si al final se convierte en pisos de lujo, los ciudadanos no podrán disfrutar de un establecimiento que fue uno de los pioneros en los años 30, 40 y 50 en Palma”, en palabras de Sergi Vilafranca.

El primer impedimento con el que se topó fue descubrir que el Ayuntamiento había iniciado en 1985 el proceso de expropiación y cambio de uso del inmueble. Se imagina, por la información que recopiló en el archivo municipal, que lo hizo a causa de las protestas vecinales de la época, debido a que la prostitución y drogadicción dominaba y degradaba la plaza Banc de s’Oli y los gobernantes debieron de pensar que esa era la mejor solución. Como en más de tres décadas no han ejecutado la expropiación, el promotor logró que Cort revirtiese el proceso. Sin embargo, todavía no ha hecho lo mismo con el cambio de uso, por lo que está a la espera de que el Perú sea de nuevo turístico.

‘Cada uno tiene una historia’, reza el cartel recién colgado de la fachada del emblemático edificio. La del hotel es conocida, pero aún queda por saber y contar la que le aguarda en el futuro.

Imagen de la fachada actual del hotel.
La fachada del hotel en la actualidad.

Diferentes soportes de publicidad del hotel

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