A las ya habituales renuncias de mascotas por vacaciones, enfermedad o criadores se suman las producidas porque en las nuevas viviendas arrendadas no admiten animales. Las asociaciones animalistas denuncian un fenómeno que va en aumento y que supone dejar desamparado a “un miembro más de la familia”

Pepi y Lucy son todo brincos y jolgorio cuando las sacan de su jaula del Centro Sanitario Municipal de Protección Animal de Son Reus. Son dos hermanas mezcla de Sharpei de unos tres años que hace doce meses tuvieron la suerte de ser adoptadas juntas. “Es muy difícil que se acojan a dos hermanos a la vez, normalmente son separados”, explican las voluntarias de Peluditos de Son Reus. Pero la buena racha les duró poco. Hace unos meses volvieron a ser renunciadas. Sus dueños alegaron que habían cambiado de domicilio y que en el nuevo estaba prohibido tener mascotas. Sus periplos han hecho que Pepi haya perdido el carácter afable de los Sharpei: es una perrita introvertida, no se deja tocar y está traumatizada porque le han mordido. Pepi y Lucy son la cara visible de un fenómeno al alza: los abandonos forzosos por la crisis del alquiler.

Las voluntarias de Peluditos de Son Reus confirman el avance de este tipo de casos: se entrega la mascota porque a los propietarios se les ha acabado el contrato de arrendamiento, les han subido el precio, tienen que encontrar otro domicilio, y en la nueva casa no aceptan animales. “Es terrible. Conocimos a un chico que había adoptado un cachorro de una camada que se tuvo que ir de su casa porque no le renovaban el contrato. Estuvimos buscando por la zona, pero no encontró nada que admitiera perros pagando menos de 1.100 euros”, relata Lynda Commons Mitchell, la presidenta de Peluditos de Son Reus. “Fue un trauma para su hijo tener que entregar el perro, estaban enamorados del animal”, explica. En este sentido, su compañera Loretta Falasco apunta dos factores más que apuntalan el veto a las mascotas: “Las propias fincas que en ocasiones deciden no permitir los animales o las agencias inmobiliarias, que aconsejan que no se admitan”, destaca.

 

Lucy recibe el mimo de una voluntaria.

 

“A la hora de entregar a canes en adopción siempre es mejor que el futuro dueño tenga casa propia o un alquiler estable”, detalla Falasco, también voluntaria de la entidad. Es la situación recomendable, pero con la grave crisis del alquiler que vive la isla parece una utopía.
Un problema que también han constatado desde la asociación Baldea, que cada vez detecta más casos de este tipo en los refugios. “Es cada vez más frecuente, una situación cada vez más acuciante”, señala Maxi Lange, su presidenta, que incide en cómo los dueños se ven obligados a estos “abandonos forzados, porque no tienen más remedio”. En este sentido resalta que la prohibición de tener animales de compañía en el domicilio les aboca a la renuncia. “A muchos se les rompe el corazón”, señala Lange, que apela a una mayor concienciación de los propietarios “porque el perro es uno más de la familia”.

Al respecto, desde Peluditos de Son Reus, Commons y Falasco apuntan una posible solución para hacer perder el miedo a los propietarios: el pago de un seguro, una forma de garantía. “De este modo, en el caso de que el perro pueda producir un posible desperfecto en la vivienda quedaría cubierto”, explican las voluntarias, que denuncian que en los actuales contratos de alquiler, los estándar, ya viene añadida la cláusula de que no se aceptan animales de compañía. “Si se firma así tal cual ya la has fastidiado”, detallan las voluntarias, que lamentan que por culpa del comportamiento incívico de algunos propietarios lo paguen todos. “Está claro que no se puede molestar a los vecinos, no se puede permitir que el can ladre de madrugada o defeque en la escalera. Pero que se penalice a los propietarios irreponsables y no a todo el colectivo”, defiende Falasco.

En el mismo momento que pronuncia estas palabras, en el parque habilitado en el centro de Son Reus, una compañera trae una nueva perrita. Una ejemplar de bulldog francés con una enfermedad en la piel que justo acaban de renunciar. Todavía no saben su nombre: pero sí sospechan su procedencia: por el tamaño de sus mamas parece que ha sido utilizada para criar. Porque el veto en los pisos es una de las razones por las que suelen desamparar a los animales. Pero no la única. Las voluntarias detallan una larga lista: los tristemente típicos abandonos por vacaciones, los costes de tener un perro potencialmente peligroso y la incapacidad para educarlo (PPP), los desahuciados por los criadores cuando “ya han hecho negocio con ellos, teniéndolos en unas condiciones lamentables y ya no les sirven”, los niños que se han cansado de “su regalo de Navidad” o enfermedades de los canes que suponen tratamientos que el propietario no puede o no quiere costear.

Sacrificio

El trámite de la renuncia es sencillo. “Pagan 110 euros y firman un contrato que estipula que si a los 21 días de la entrega el perro no ha sido adoptado puede ser sacrificado”, recalca Commons, quien critica que haya gente que abandone a sus animales “pensando que Son Reus es como un centro de recreo para las mascotas”. Nada más lejos de la realidad: el futuro de estos animales no es nada halagüeño: en el mejor de los casos serán adoptados. En el peor, será el comienzo de un largo periodo de reclusión que puede acabar en el sacrificio. El año pasado se practicaron seis eutanasias, según datos municipales.

Es el futuro que le puede esperar a Maya, una de las veteranas de la perrera, una PPP con leishmaniosis, sin chip y a la que un perro le mordió y le arrancó dos dedos de la pata. Lleva más de 220 días encerrada. No está bien con otros perros porque arrastra el trauma de cuando la atacaron, pero sí con gente. En estas lamentables circunstancias su adopción se antoja complicada. “De llenarse la perrera, sería de las primeras en ser sacrificadas”, confirma Commons. Tampoco tienen un futuro nada alentador los llamados PPP, que a los habituales costes de mantenimiento del can deben sumar los de la pertinente licencia. “Son perros, como los pitbull, que tienen camadas muy grandes de ocho a doce cachorros y que de pequeños son muy bonitos, pero que si no se saben educar suelen acabar aquí”, señala la presidenta de Peluditos. “PPP, perros grandes y negros son los que lo tienen más difícil para salir de la perrera”, explican las voluntarias. Precisamente, este tipo de perros son los que copan las jaulas: son entre 40 y 50 de los 80 que acoge en estos momentos Son Reus, que cuenta con una capacidad para 110, según una de las integrantes de la asociación. “Pero aún no ha llegado finales de julio ni agosto, que es cuando más abandonos se producen”, alerta Commons, que así las cosas, destaca que la prioridad de la asociación es “evitar que la perrera se llene” entregando a los que van llegando en acogida mientras le encuentran una adopción.

 

Maya, la veterana, un perro le arrancó dos dedos.

 

Es lo que la entidad ha hecho con Alma, una PPP de once años con leishmaniosis, ya muy enferma, abandonada con chip a la que Peluditos ha dado una acogida para que pueda estar bien cuidada en lo que le queda de vida. O de Pedro, un Schnauzer de 10 años comprado en un país de Europa del este, a quien su dueña renunció alegando “que tenía una tara”, según Commons. Cuando lo acogieron presentaba un aspecto deplorable. “Estaba totalmente maltratado, sucio, pelado por varias partes. No había sido cuidado en absoluto”, cuenta la responsable de Peluditos, que relata que tras su acogida el can ha vivido una transformación radical, física y anímicamente. “Es otro”, señala. El año pasado hubo 99 renuncias con chip entre julio y septiembre, explica. Según datos municipales, en 2018 se registraron un total de 406 renuncias en Son Reus.

Las voluntarias de Peluditos apuntan una receta para evitar los abandonos estivales: las residencias y particulares que los cuidan temporalmente. “No es barato, pero por diez o quince euros al día puedes tener a tu perro cuidado, o incluso hay quien va a tu casa, los pasea y les da de comer”. También es una asignatura pendiente atajar la venta de mascotas por internet. “Tú puedes regalar un perro pero no puedes venderlo”, recuerda Commons, quien incide en que para ello necesitas una licencia de criador, con la que a buen seguro no cuenta la mayoría de aquellos que venden perros en páginas web. Otra medida para combatir esta lacra es la educación. La asociación también trabaja este aspecto, participando en un programa de Palma Educa a través del cual dan charlas en los colegios para lograr de cara al futuro “menos abandonos y maltratos” y para sensibilizar a los niños en que “se debe adoptar y no comprar”. “Hacen falta más campañas de concienciación”, coinciden.

¿Qué hay de los animales exóticos?

El abandono animal no es exclusivo, por desgracia, de los perros y los gatos, sin embargo, se suele pensar en estos animales cuando llega el verano y se teme que queden desatendidos porque sus dueños deciden irse de vacaciones. Cada vez es más común que la gente opte por tener como mascota a un animal exótico, como pueden ser los conejos, las cobayas, o las tortugas, y con ellos puede ocurrir lo mismo cuando sus dueños hacen las maletas. Existen varias opciones para poner solución a este problema. La mejor es la que ofrecen algunas clínicas veterinarias, que aprovechan sus instalaciones para alojar a las mascotas durante las vacaciones o ausencias de sus dueños. Es el caso de Exotely, como bien explica Elizabet Fernández Palomares, directora de la clínica: “Tenemos servicio de guardería, lo puse en marcha ya que ¿dónde están mejor los animales que con su veterinario?”. Al ser una clínica veterinaria especializada en exóticos, los animales disponen de todo lo necesario para pasar unos días en perfectas condiciones. Cuando se hospedan en sus instalaciones “permanecen en el aula de formación, que está menos transitada y donde están menos expuestos a animales infecciosos”, resalta. Fernández destaca la importancia de llevar a las mascotas a las que se quiere dejar unos días en la clínica “con las pruebas hechas”. En el caso de las aves, es imprescindible que se hayan hecho un examen previo, o que se lo hagan en la clínica antes de comenzar su estancia, para descartar el circovirus aviar, una enfermedad común en periquitos, agapornis, cacatúas, papagayos y aves similares, que provoca malformación progresiva y necrosis en pico y garras, además de afectar al crecimiento de las plumas. Los demás exóticos también deben realizarse pruebas, es importante descartar cualquier tipo de enfermedad vírica transmisible “para prevenir, para saber si tengo un animal infeccioso en mi guardería y tener el doble de cuidado”, apunta la directora de Exotely. Muchos son los dueños que confían el cuidado de sus mascotas a su guardería, como los de dos yacos, conocidos como loros grises, que van a pasar 20 días en ella ya que sus amos se han ido de vacaciones.

Nair Cuéllar. Palma

 

Yacos alojados en una clínica veterinaria. M. Mielniezuk
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