Gallo de pelea en Son Gotleu

Son Gotleu es parada obligatoria de los partidos en cada campaña para unas elecciones municipales. Los candidatos apuran sus actos con la foto de rigor y prometiendo que, esta vez sí, procederán a la rehabilitación de un barrio que no hace sino acelerar su degradación.

“Odio vivir aquí”. Pilar reside en Son Gotleu desde hace dos años. “Siempre he vivido en el Rafal y mi padre entonces ya me decía: ‘No te acerques a Son Gotleu’”. Pilar, nombre ficticio, justifica el anonimato en la gravedad de los problemas que arrastra: víctima de violencia de género, problemas con la tutela de uno de sus hijos y un desahucio en el horizonte.

Pilar resume este corto periodo de tiempo en el barrio más deprimido de Palma: “Está siendo una experiencia fatal”. Todos los vecinos de Son Gotleu consultados para este reportaje coinciden en los síntomas: drogas, conflictividad social y vandalismo callejero han configurado una atmósfera asfixiante en un barrio que no levanta cabeza. La receta debería dispensarla el Ayuntamiento de Palma, pero los vecinos hablan de una legislatura perdida.

Son Gotleu lleva mucho tiempo encajando derrotas. La penúltima de ellas ha sido el club de petanca: “Deseo dar de baja la actividad del club social de petanca ya que hemos agotado todas las vías para que se me concediera la licencia. Les comunico que a partir de esta fecha este solar quedará abandonado por mi parte ya que a día de hoy tengo un candado en la puerta que voy a quitar”.

Tres jubilados descansan en lo que fueron las pistas de petanca
Tres jubilados descansan en lo que fueron las pistas de petanca, , ahora desahuciadas.

 

La solicitud, registrada en el Ayuntamiento el pasado miércoles, significa la desaparición de una de las pocas actividades socio-deportivas que entretenía al barrio. “Prefieren tenerlo lleno de basura y ratas”, critica Martín Coll, titular de lo que queda de un club que llegó a tener casi doscientos asociados.

Hace algo más de un año técnicos del Consistorio lo cerraron hasta que se resolvieran una serie de deficiencias. Hoy las cinco pistas están impracticables y las ratas -“grandes como gatos”, apunta Coll- se han adueñado del recinto. Las obras suponían un coste inasumible para el club. Y ni el Ayuntamiento ni el Obispado, dueños del solar, han querido implicarse.

María José Ordóñez enumera los comercios tradicionales que han desaparecido. “Allí había una panadería, el local de al lado era una zapatería y detrás de esa esquina había una carnicería”, dice sentada en una cafetería de Indalecio Prieto. El Son Gotleu en el que vivió hace dieciocho años era “una maravilla”, recuerda.

“Era un barrio obrero; había un montón de negocios y no necesitabas ir a Palma a comprar. Nunca tuve ningún problema, ibas tranquila por la calle. Ahora está todo muy cambiado”, dice mirando con aprensión a dos grupos de africanos apostados en esquinas y bares cercanos.

“Para saber qué es Son Gotleu tenéis que venir por la tarde, cuando salen todos de fiesta”, cuenta Ginés Quiñonero, histórico líder vecinal del barrio que también sabe algo de derrotas. El miércoles encajó la última cuando un grupo de jóvenes derribó a martillazos la tapia que levantó en un piso de su finca para evitar que lo okuparan.

 

“Son unos cobardes, pero no les tengo miedo”, cuenta mientras transita unas calles muy conocidas. Quiñonero las sigue recorriendo a sus 84 años, armado de determinación y una cámara de fotos. Fotografía basura esparcida por la calle, baches y aceras levantadas para denunciarlo en su blog personal, ‘La Voz de Son Gotleu’.

La basura se acumula en muchos rincones
La basura se acumula en muchos rincones.

Acusa al actual equipo de gobierno municipal de “dejación de responsabilidades, discriminación, abandono y negligencia”, entre otros calificativos. “Los vecinos están desesperados. Hay zonas del barrio que son un basurero y por la tarde abren los bares en los que venden droga y hay jaleo hasta la madrugada. Y así todas las noches”, subraya Quiñonero.

Un grupo de jóvenes apostados en la plaza Fra Joan Alcina, conocido punto de menudeo de drogas, lo corroboran. “Para divertirse hay que venir de noche, ahora todo el mundo duerme. Nosotros no porque somos los del turno de la mañana”, bromea uno de ellos visiblemente embriagado.

Otro joven enciende un porro. “Aquí solo hay algunos problemas de drogas, pero el barrio está bien”, cuenta. Están tentados de posar para la cámara, pero lo descartan y se refugian en un portal cercano.

Fachada descascarillada

Cort defiende su gestión en el barrio

Todos los vecinos de Son Gotleu consultados hablan del presente con desánimo y frustración, pero Cort defiende su gestión. Enumera, entre otras actuaciones, una inversión de 486.000 euros para rehabilitar 18 fincas; limpieza diaria y la renovación de todos los contenedores; 200.000 euros en asfaltado; y diversos proyectos socioeducativos. Cort pidió en 2016 cinco millones de euros a Europa para una rehabilitación integral del barrio, pero fue denegada.

Muchos residentes asisten con resignación a la degradación de un barrio de raíz obrera. Es el caso de María Isabel Moragues, una de las veteranas del barrio: “Las noches son un escándalo. Los bares ponen la música alta, hay peleas, gente que se droga en la calle... Viene la policía, pero nunca pasa nada. Estamos abandonados”, lamenta esta mujer.

Moragues vive en el primer piso de un edificio ubicado en la calle passatge dels Pics d’Europa. Los vecinos llevan años conviviendo con el olor de las aguas fecales que se escapan por las cañerías y que, dicen, ponen en peligro la estabilidad del edificio.

“Cualquier día se va a hundir”, dice Unai Nieto. El olor es insoportable cuando abre la puerta de lo que fue un local comercial. La humedad ha penetrado en las paredes y el techo. También es muy visibles en portal. “El Ayuntamiento sabe que estamos así desde hace años, pero no ha hecho nada”, afirma Nieto. “El edificio está en peligro, el suelo que hay debajo es inestable y un día habrá una desgracia”, explica.

María Moragues, Magdalena Garcías y Unai Nieto
Las aguas fecales angustian a María Moragues, Magdalena Garcías y Unai Nieto.

 

Interviene Magdalena Garcías, que regenta una cafetería cercana. “Estamos hartos. Vienen los políticos, te prometen, les votas y hasta dentro de cuatro años”, lamenta. “Pero el problema somos los vecinos. No estamos unidos. Si lo estuviéramos no se reirían de nosotros”, asume Garcías.

Un toxicómano se asea
Un toxicómano se asea cerca del ‘callejón de los muertos’.

El passatge Pic Veleta es el epicentro de la venta y consumo de drogas en el barrio. Tres toxicómanos están tirados sobre la acera a plena luz del día en el conocido como el ‘callejón de los muertos’. A escasos metros se ubica el colegio público Joan Capó.

Los vecinos evitan la calle desde el atardecer. “Venden la droga en los mismos bares y locales”, dice un residente señalando dos negocios. “Hay lío cada noche y encima tenemos que aguantar que los yonkis hagan sus necesidades en cualquier parte”, asume.

Daniel Maraver trabaja a pie de calle como presidente de ADES, una asociación que trata de sacar de la marginalidad a los colectivos más desfavorecidos de Son Gotleu a través de la educación y el deporte. Y confirma un repunte de la droga: “Hace años la heroína hizo mucho daño Después desapareció y entró la cocaína, pero ahora parece que la heroína ha vuelto. Hay niños que ven a gente pinchándose en la calle y a plena luz del día cuando salen del colegio”, lamenta este activista.

Dice que esta legislatura ha habido más implicación de los servicios sociales del Ayuntamiento. Pero reclama que vuelvan al barrio después de incendiarse en noviembre el edificio en el que trabajaban. El fuego también destruyó el Casal de Barri y la sede de la Policía Local allí. Y lanza un ruego: “Hay que trabajar con los niños. Son la generación que seguirá en el barrio dentro de muchos años; hay que evitar que repitan los errores de los adultos”.

Se vende piso con okupa

Daños en la pared

Los daños en la pared delatan que la puerta ha sido forzada.

Las okupaciones se han convertido en un fenómeno recurrente en Son Gotleu, donde los cientos de pisos vacíos que acaparan fondos buitre y bancos son una tentación para quienes buscan un techo libre de alquileres e hipotecas. Aunque a veces se roza lo grotesco.

“Particular vende piso libre de cargas pero con ocupante ilegal. El precio indicado es el del inmueble en la situación actual con okupa”, reza un anuncio publicado en el portal milanuncios.

El piso se vende por 42.000 euros y, aunque el anunciante advierte de que “no se puede visitar” debido a la presencia del intruso, ofrece la posibilidad de “aplazar” parte del pago.

Hay comunidades en las que más de la mitad de los vecinos son okupas. El fenómeno está completamente extendido en el barrio y las mafias se lucran violentando portales para ceder el uso del piso a cualquier interesado a cambio de una cantidad de dinero. De hecho, muchas de las puertas de entrada a los pisos tienen marcas que delatan un intento de apertura por la fuerza.

Muchos vecinos han optado por reforzar sus portales con planchas de metal y verjas metálicas. También lo hacen los propios okupas para no ser desalojados.

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