Son l@bers, una treintena de alumnos de la barriada palmesana de Son Gotleu que asisten gratis a SonGot l@b, un laboratorio tecnológico pionero en toda España donde lo más importante es la motivación.

Comecocos en 3D
Creación de un comecocos con impresión en 3D.

Cuando Rayane llegó con 15 años al laboratorio SonGot l@b, el curso pasado, no tenía ni idea de cómo funcionaba el diseño e impresión en 3D. Tampoco sabía construir un robot ni programar un videojuego. Bastante tenía con superar, a duras penas, el día a día en el instituto, el IES Josep Sureda i Blanes. No podía imaginar que un aula de ese centro educativo de su barrio, Son Gotleu, acabaría convirtiéndose en uno de sus lugares preferidos. Aprendió mucho y muy rápido, y le atrajo principalmente el diseño en 3D, para el que “tiene una gran capacidad, ha desarrollado una visión espacial increíble y sabe tomar las medidas, por lo que puede fabricar todo tipo de piezas”, destacan sus mentores. Tanto es así que este curso se ha convertido en el ayudante del profesor tecnólogo, Jordi Bardají, y le echa una mano en la actualización del software y en lo que sea necesario para enseñar a los actuales l@bers, los alumnos inscritos en un proyecto pionero en toda España y cuya primera semilla se ha plantado en la barriada palmesana.

“Se abrirá a estudiantes de otros barrios para que son gotleu sea un centro de atracción de talento”

La iniciativa de la ONG Ayuda en Acción culmina su segunda edición y afronta el próximo curso con nuevos retos. Hasta ahora, el laboratorio se abría por las tardes en el propio instituto para acoger a 30 estudiantes divididos en dos grupos y ofrecerles “las herramientas para aprender y desarrollar las competencias tecnológicas en impresión en 3D, programación, robótica y diseño gráfico”, como enumera Cristina Blanco, la técnica de proyectos socioeducativos e impulsora de SonGot l@b con Álex González. A partir de octubre, ampliarán las temáticas y ofrecerán “tecnologías para el arte y la cultura (relacionadas con la comunicación); para el desarrollo sostenible y para el emprendimiento social”. Además, se creará un grupo específico de chicas parecido al actual “para que tengan contacto con todas las tecnologías, ya que la brecha de género es muy grande en cuestiones como programación, entre otras, y las salidas laborales son muchas”, destaca Cristina Blanco. Por último, habrá un grupo formado por antiguos l@bers que se quedaron con ganas de continuar sus proyectos. El próximo curso podrán inscribirse “adolescentes de otras zonas más allá de Son Gotleu para que la barriada se convierta en un centro de atracción de talento, debido a que ahora es un gueto a ojos de los demás”, explican los responsables de la iniciativa, que este año se ha implantado por primera vez en Zaragoza y un pueblo de La Coruña.

 

Vulnerabilidad y juventud

El barrio palmesano se caracteriza por tener un elevado índice de vulnerabilidad social, una situación que se agravó durante la crisis económica. Fue la época en la que Ayuda en Acción empezó a intervenir “ofreciendo becas de comedor en los colegios, porque son quienes están más en contacto con el día a día de los niños, las familias y sus problemas”, argumenta Álex González. Sin embargo, no querían limitarse a “dar un servicio asistencialista”, sino que siempre tuvieron en mente “desarrollar proyectos para potenciar las capacidades individuales y el trabajo en red con el entorno”, añade. Así nació hace dos cursos SonGot l@b, poniendo en práctica una de las líneas de actuación de la ONG: la innovación educativa a través de la tecnología para luchar contra la brecha digital.

Aya, Grace y Fatu
Aya, Grace y Fatu, tres de las l@bers que acuden al IES Josep Sureda i Blanes a aprender tecnología.

 

“Aunque parezca sorprendente, muchos alumnos no tienen internet en casa y ni siquiera un ordenador, o a lo mejor se les ha estropeado y sus padres no pueden pagar otro”, relata Cristina. La vulnerabilidad social fue un motivo para escoger Son Gotleu, pero no el único: “Es un barrio con numerosa población joven y de gran diversidad cultural, algo muy positivo por la multiplicidad de miradas que aporta, ya que te permite desarrollar propuestas muy ricas”, en palabras de Álex. Un tercer factor es que Balears está a la cabeza de España en cuanto a abandono temprano del sistema educativo. Con el fin de paliarlo, esta organización no gubernamental ve en la tecnología “una motivación para atraer a los jóvenes y conectarles con oportunidades formativas y de trabajo lejos de la trillada industria turística”, explica el técnico.

“Además de competencias tecnológicas, realizan todo un proceso de autoconocimiento y cogen confianza en sí mismos”

En dos años de funcionamiento del lab –así lo llaman–, tienen varios ejemplos. A Rayane Mehannek no le gustaba el instituto y ahora es todo un talento de la impresión en 3D, Belén Gamero estudia un FP de sistemas microinformáticos y Dylan Torre, que abandonó la ESO antes de entrar en SonGot l@b, ha regresado al sistema educativo gracias a este motivador proyecto. Y eso que comenzó mucho más tarde que el resto de l@bers. Su madre fue informada de la iniciativa y, como sabía que a Dylan le interesaban los temas tecnológicos, visitaron el laboratorio. Se quedó y, durante la fase de orientación académica y laboral que siempre hacen al finalizar, le guiaron hacia un curso puente (Garantía Juvenil) para después acceder a un FP básico. El caso de Nicole Cueva era diferente, pero tampoco tenía muy claro qué elegir. En el lab “destacaba por su compromiso, pensamiento crítico, trabajo cooperativo y sentido artístico”; no tanto por sus competencias tecnológicas, pero no importaba, porque “no solo aprendes eso, ya que también hay todo un proceso de autoconocimiento, de identificación de habilidades y de coger confianza en uno mismo”, dice Cristina Blanco. Nicole escogió finalmente Bachillerato Artístico “y está feliz”, se alegra la experta.

Oportunidades para todos

Se trata de un “laboratorio de oportunidades” donde el diseño en 3D, la robótica y la programación son solo el gancho. Hay alumnos que “acuden a socializar, ya sea porque no tienen ocupaciones por la tarde, sus familias no están en casa, carecen de una red social más allá del centro educativo o buscan un espacio en el que estar a gusto”. Cuenta la técnica del proyecto que algunos llegan “con muy poco conocimiento digital, por lo que quieren aprender a usar Word, Power Point y otras herramientas básicas, y eso está bien. Otros se convierten en expertos en lo que más les gusta, guiados por el profesor y a través de tutoriales. Cada uno desarrolla su itinerario según sus preferencias”. Álex González resalta que tanto unos como otros “se vinculan al entorno, al instituto y a su proceso educativo, del que a veces están muy desafectos, pero como esto es una forma diferente de aprender, lo saben valorar y se dan cuenta de que es una oportunidad para su desarrollo personal”.

En esta peculiar extraescolar no hay clases magistrales, excepto una pequeña formación en cada materia que da paso a la experimentación y profundización posterior. “Se trata de una relación más cercana, horizontal, en la que los l@bers son partícipes de la intervención y se les escucha igual que al formador”. De hecho, son ellos los que tienen que idear, en una segunda fase, un proyecto social con base tecnológica y vinculado al barrio, que puede ser individual o en grupo. “Tiene que contribuir a mejorar la vida de las personas de su entorno”, como por ejemplo el que están desarrollando actualmente para el centro Mater Misericordiae. Han diseñado una especie de regadera con lo aprendido en robótica y en diseño 3D para que los usuarios que tienen movilidad reducida puedan regar el huerto. Otra iniciativa fue la creación de un prototipo de app, con sus conocimientos en programación, para denunciar la suciedad en Son Gotleu. “La intención es que la comunidad se beneficie de sus proyectos, que el entorno entienda que el lab está para dar un servicio”, afirma Cristina. Como el del barrio palmesano es pionero, sus alumnos se convierten en un referente para los otros laboratorios de la península. Al menos, es lo que ocurrió cuando tuvieron que explicar por videoconferencia a los del distrito Las Delicias (en Zaragoza) la creación de su app.

Y una l@ber, Maggie Janer, fue toda una sorpresa para el profesor y los inscritos en un curso de Palma Activa, la mayoría de ellos emprendedores, porque era la única alumna adolescente en un taller sobre elevator pitch (un método para presentar un proyecto empresarial en 60 segundos). Ella solo quería mejorar su capacidad para relacionarse y les dio una lección, como la que empiezan a dar los estudiantes de Son Gotleu que han participado en el pionero laboratorio de oportunidades.

Los l@bers en el aula del instituto de Son Gotleu:

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